Mi muy querida Caja de Ahorros, te escribo a modo de despedida (aún siendo consciente que nuestra relación de amor-odio está hipotecada de por vida) El caso es, que ha llegado a mis oídos que desapareces, que te transformas en Banco. Al igual que el gusano pasa a ser crisálida, previo para retomar el vuelo de la mariposa. Te confieso que cuando eras gusano, me gustabas más que ahora. ¿Acaso olvidaste lo pegada que estabas al terreno? ¿Qué tu razón de ser, se forjó entre agricultores necesitados y menesterosos? Que tiempos aquellos, cuando residías en un Monte, lleno de Piedad por los más pobres y menesterosos.
Ahora te dispones a volar alto, con las grandes aves de la carroña financiera y especuladora. Te alejas cuando más te necesito. Me das la espalda después de años de relación tan enfermiza como necesaria. Me abandonas a mi suerte en la peor crisis que jamás conocí. Sin embargo, no es eso lo que aquí te demando, es que me arrastras en tu vuelo, porque a pesar de que te odio, te necesito. Siempre he sido fiel a tus caprichosas exigencias. Todo lo que me has pedido te lo he dado. Y lo poco que me distes te lo he devuelto con generosos e incluso, usureros intereses. Tú, que de forma altanera, vanidosa y soberbia siempre has presumido de tu Obra por lo Social de sus acciones, ni siquiera ahora cuando te llamo, coges el teléfono.
Quisiera despedirme definitivamente, formalizar un divorcio que condene al olvido tantos años de sufrimiento, aunque algunos, no me duelen prendas en reconocerlo, fueron dulces. Como cualquier amante despechado pero aún enamorado, te dejo nuestra casa. Espero que con eso estés satisfecha mi querida Caja de Ahorros. Sí, la casa, nuestro hogar, la misma que tu valoraste en 300.000€ y ahora que toca la despedida, aseguras con aire altanero que no vale ni la mitad. ¿Pero si fuiste tú misma la que le pusiste el valor? ¿Por qué ahora me la arrebatas de forma impúdica, por un precio miserable? ¿Qué daño te hice? más que pagar y pagar tus constantes exigencias puntualmente.
Te odio mi querida Caja de Ahorros, mi Banco amado. Pero bien sabes que el amor y el odio son dos caras de la misma moneda. Y a pesar de que me niegas la ampliación de la póliza, la refinanciación de la hipoteca y me cobras infinidad de comisiones, gastos de mantenimiento, apertura, cierre etc. te sigo necesitando.
Viajas al encuentro de unirte a un gran Banco. Condenándome al abandono y la miseria, a pesar que me llevas contigo siempre, una condena perpetua. Olvidaste la Piedad que te vio nacer y los años de fidelidad. Eres desagradecida, como la peor de las drogas, te odio, quisiera dejarte, pero no puedo. Tenemos tantas cosas en común: La hipoteca, la póliza de Crédito, el préstamo del coche, la visa. etc...etc...
Me despido - seas Caja, Banco, gusano, mariposa o ave carroñera- no sin antes recordarte, que por mucho que te alejes, yo iré siempre contigo-
Te extrañará que no haga referencia a tu salud, pero tu y yo sabemos que estás bien cuidada y protegida, que de hecho si enfermas, te rescatarán, pero a mi ¿Quién me rescatará si caigo?
En fin, ya sabes que lo nuestro es mucho más que un contrato, eres mi dueña, mi dolor y mi alegría, mi pena y mi esperanza. Que a pesar de todo…te sigo queriendo (más bien, necesitando).
Viernes, 25 de mayo
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos