Del mismo modo que cada uno de nosotros poseemos unos rasgos únicos, un ADN único, una declaración de la renta única, un DNI único etc. también nuestros problemas, sean de la índole que sean, son únicos. Pueden ser parecidos, más o menos iguales, similares, comunes, en el mejor de los casos. Si me apuran, en el caso de gemelos univitelinos, que aún compartiendo mismo sexo, mismo ADN, mismos rasgos, tendrán diferentes factores y problemas, dependiendo de su desarrollo personal, entorno, decisiones personales y recursos. Por tanto, y sin despreciar los aspectos comunes que podamos compartir los diferentes sectores sociales, todos poseemos características propias.
Es el caso de un sector al que hemos denominado “Sin techo”. Un colectivo al cuál, como en otros colectivos sociales, se cumple la máxima que dice “Las generalidades son siempre injustas”.
Del mismo modo que la medicina apunta en un futuro no muy lejano, en el desarrollo de fármacos individualizados, sin que ello excluya los abordajes generales de la sanidad, también para los “Sin techo” debemos desarrollar mecanismos, instrumentos, estrategias y soportes que independientemente de las propias necesidades del colectivo, trabajen en un sistema que tenga en cuenta cada caso, desde una perspectiva holística y personalizada.
Por mi experiencia personal, me atrevo a asegurar, que nunca hay un sólo factor o circunstancia única que haya sido o sea el desencadenante, causa que perpetúe u origine la situación de exclusión social de cada una de las personas que conforman el colectivo de los “Sin techo”. Sin embargo y a pesar que lo expuesto aparece como una lógica aplastante, seguimos sin desarrollar las estructuras administrativas, sanitarias y sociales que puedan dar respuesta eficaz al planteamiento.
Los poderes públicos, los mismos a los que se refieren nuestra Constitución en el artículo noveno, apartado 2:
“Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.”
Están obligados por la ley de leyes, pero eso aún no se ha desarrollado, y menos aún la integración real y efectiva. Esos mismos poderes, hacen dejación de sus funciones, a tal punto, de restringir los recursos, ya limitados a las ONG´S, especialmente las de carácter socio-sanitario en favor de otros intereses, con la inadmisible excusa de la falta de recursos por culpa de la “crisis”. Crisis que jamás han creado, ni podrán crear los pobres, jubilados, clase obrera, funcionarios, ni autónomos, por carecer de capacidad especuladora. Me pregunto llegado a este punto ¿De donde sale el dinero para las campañas electorales de los partidos? ¿Dónde está el dinero entregado de forma opaca a la Banca? Por tanto, si no lo es política, ni judicialmente, si creo moralmente denunciable, la falta de humanidad de los poderes públicos y la dejación de sus obligaciones para cada ciudadano, sea o cual sea sus circunstancias. Especialmente los más necesitados. Y que conste que no estoy hablando de Caridad, estoy hablando de derechos y deberes Constitucionales.
Viernes, 25 de mayo
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos