Hay quien muere en silencio, anestesiado por el alcohol, solo y sin más compañía que el banco de una plaza. Ocurrió el pasado viernes en Cádiz. Un chico joven de origen al parecer anglosajón conocido por los que trabajamos y vecinos de la zona. Uno más entre otros. El mismo viernes, confieso que crucé con él la mirada al volver a casa del trabajo. Percibí al observarle el rostro, la paz y el olvido del que se dispone a emprender su último viaje. Como cualquier alcohólico que haya sentido la soledad de la “calle” y que entiende sin palabras.
Aún a pesar de los años transcurridos, somos conscientes (Los que hemos vivido la experiencia de la “calle” y sobrevivido para contarlo) que también entonces, cuando habitábamos en la “calle del olvido” al igual que este joven, pudimos haber hecho el viaje definitivo. Nos sentimos tan desolados y abatidos en aquellos momentos, que la muerte sería mejor destino que el seguir siendo ignorado, invisible o autocondenado (Los sentimientos de culpa y el miedo a veces es una “condena” insoportable). No se cuantos hemos podido salir de esa terrible situación, lo que sí me consta es que no somos sido muchos, la mayoría acaba como este chico, aunque al parecer su muerte se produjo durante el sueño. Algo que no todos los fallecidos han podido alcanzar, pues aunque a Vds. les parezca macabro, las muertes por intoxicación etílica suelen ser “dulces”, todo lo contrario de las que se producen cuando sobreviene un cuadro severo por el síndrome de abstinencia. Describirlo aquí sería imposible por mi parte, y además no me apetece recordarlo.
El caso es, que nos apenamos, nos provoca sentimientos de vergüenza y tristeza al tener conocimiento de cómo viven y mueren los “Sin techo”, como la sociedad les ha etiquetado. Etiquetarlos o encasillarlos, nos hace sentir que somos distintos, que a nosotros nunca nos podría pasar, era algo impensable hace unos años. Sin embargo, no son personas tan diferentes, porque en realidad la complejas circunstancias que nos pueden llevar a una situación tan extrema, pueden sucederle a cualquiera. Sin embargo preferimos mirar para otro lado, etiquetarlos y engañarnos pensando que son unos “fracasados” o sencillamente que han llegado a tal situación por “su mala cabeza”. Es una forma, más o menos hipócrita e inconsciente de no asumir responsabilidades.
Responsabilidades, digo bien. El sistema, al que tanto criticamos, no es un ente aparte, no es algo intangible y sobrevenido. El sistema que genera, llamémosle “daños sociales colaterales” es decir, pobres, lo sostenemos todos, porque todos formamos parte del sistema, aunque evidentemente, no todos tenemos la misma de cuota responsabilidad.
En definitiva, y a modo de homenaje, reflexión y asumiendo mi cuota de responsabilidad, el tema es que se fue otro ser humano vencido por el alcohol y el hastío de una sociedad que no sabe estar a la altura. "Feliz viaje, Feliz Navidad compañero".
Viernes, 25 de mayo
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos