Los especuladores estarán disfrutando de la vida, quemando sus ganancias inmisericordes pero suculentas. Para ellos la palabra “Crisis” es sinónimo de bonanza, pues con las ganancias de entonces pueden comprar ahora lo que quieran, lo mismo que nos vendieron, y al precio que les dé la real gana. Para eso son ellos los dueños y señores del mercado. Todos estamos de saldo, todo se vende, todos estamos endeudados hasta las “Trancas” porque ellos así lo quisieron. Tienen la liquidez que desean para poder obtener a bajo precio las empresas e incluso doblegar gobiernos. Nos han engañado, nos han ilusionado y nos han devuelto a la realidad con nuestras miserias y nuestros sueños rotos.
Ahora salen indemnes de sus criminales acciones, pues la ley no les alcanza. Ellos están por encima del bien y del mal. Por encima de cualquier ley, salvo la suya. Que no obedece más que a la obtención de beneficios por el medio que sea.
Crean guerras para darle salida a sus stocks de armas. Enfermedades para sus productos farmacéuticos, plagas para sus granos transgénicos. Es la teoría del caos aplicada a las finanzas más execrables.
También son maestros en generar ilusiones, sueños al alcance de unos aparentes e inofensivos cómodos plazos. El caso es tenernos subyugados, embobados por alcanzar el sueño del bienestar, de la felicidad consumista.
Cierto que también controlan nuestros deseos y nuestros sueños. Nuestras debilidades, sabedores que todos queremos lo mejor para nuestras hijas y nuestros hijos. Ellos conocen nuestros fracasos, nuestras soledades, nuestras debilidades. Para eso también tienen “La droga” para que ahoguemos nuestras penas en las barras decadentes con “cenicientas de saldo y esquina” como diría Sabina.
¿Les parece dura, algo derrotista o sencillamente tétrica ésta reflexión? Pues aún queda decirles lo que creo que es lo peor de todo, que nos quieren hacer culpables a todos nosotros, los ciudadanos de “a pié”. Sí, quieren que después de habernos dejado casi con el “culo al aire” sin trabajo ni expectativas, hipotecados los más afortunados, con sueldos miserables (la gran mayoría). Ahora nos viene contando que heos sido unos gastosos, unos irresponsables, unos ilusos. Y todo porque nos creímos sus mentiras.
Como la mayoría de Vds. conoce, desde el año 2002 encabecé la refundación de la asociación gaditana ARCA que trabaja en el área socio sanitaria como organización sin ánimo de lucro asistiendo a personas con problemas asociados al consumo de bebidas alcohólicas. En el tiempo transcurrido las experiencias han sido tan intensas como prolijas. Una de esas experiencias que vengo percibiendo desde entonces, es el amor de un sector de jóvenes muy preparadas, preocupadas y ocupadas para sus conciudadanas y conciudadanos. Sobre ellas, particular y especialmente les hablo hoy. Las conocemos por trabajadoras sociales, (Coloquialmente Asistentas Sociales), que vienen realizando una labor tan desconocida como descomunalmente productiva en el ámbito emocional, de gestión y aporte vital para el funcionamiento del tejido social.
Desde mi punto de vista, sólo puedo decir que sin ellas (Porque lamentablemente la estabilidad laboral de ninguna la hemos podido conseguir de momento) no hubiera sido posible devolver cientos de sonrisas y bienestar a los tantos de los mismos hogares de Cádiz y su bahía, incluso a lo largo y ancho de España y del extranjero (Hoy en día gracias a nuestro portal www.unabotellaconmensaje.com)
La labor de estas trabajadoras viene siendo esencial en nuestra sociedad, nunca suficiente reconocido y si sobradamente constatado. Especial y específicamente las que no han conseguido ser bendecidas como funcionarias, que se forman en las ONGs con mucha entrega, voluntad y corazón de oro por apenas nada, que siguen formándose y sirviendo a los demás. Son a estas últimas, a las que quiero reivindicar desde estas líneas. Viven hoy día en la desesperanza, la impotencia y la rabia de saberse necesarias pero no reconocidas laboralmente.
Me imagino que Ayer, ninguna de ellas se hizo eco de la convocatoria de huelga, porque sencillamente no trabajan en centros oficiales y porque ninguna central sindical les echa ni les ha echado cuentas nunca. La inmensa mayoría de estas jóvenes, no podrían dejar sus labores solidarias, altruistas y de abnegado servicio, sencillamente porque ahora nuestros ciudadanos, aquellos que se encuentran en las situaciones más precarias, las necesitan más que nunca.
Me cansa escuchar a los “Políticos” y “Analistas oficiosos y oficiales” cuando se jactan de pedir reformas estructurales, como una especie de eufemismo donde todo cabe y quedan muy bien en cualquier intervención, porque nadie les entiende. Entiendo que debemos de reformar las estructuras de un estado cuando se quedan obsoletas o ineficaces, en pos de dinamizar y optimizar las realmente útiles y efectivas. Y créanme cuando les digo que llegó el momento de ser valientes y sentarnos a realizar un análisis en profundidad, de los gastos que realmente nos son útiles y necesarios y diferenciarlos de aquellos que son una carga, un adorno, un oropel absolutamente prescindible. Desde luego las ONGs y el colectivo de Trabajadoras sociales, se tornan hoy en día tan necesarias como IMPRESCINDIBLES.
“La felicidad es la ausencia de miedo” así lo reconoce Eduardo Punset en su libro -El viaje al poder de la mente- y lo suscribo al 100%. Nunca encontré una definición que se acercara tanto al concepto siempre subjetivo que tenemos de la felicidad. Las más de las veces tal concepto se asemeja al “Nirvana” de los budistas, en occidente lo utilizamos como elemento de marketing asociado a la obtención de tal o cuál cosa. Sin embargo la felicidad o “Nirvana” se contempla como todo lo contrario. El nirvana se alcanza cuando desparecen las necesidades, los apegos y los condicionamientos aprendidos.
En mis diversas experiencias, os diré queridos lectores, que empecé a sentirme bien conmigo mismo a medida que iba desprendiéndome de las necesidades emocionales y materiales impuestas, creadas o inventadas. Porque no duden que muchas de nuestras acciones y pensamientos que nos perturban, se hicieron fuertes en nuestra mente a través del ámbito familiar, entorno social y educativo.
Los resultados de los acontecimientos vividos, nos proveen de experiencia y dependiendo de esa experiencia aprendida y codificada en mecanismos cerebrales, es como aprendemos a actuar, a establecer estrategias y objetivos.
La mayoría de nuestros complejos, traumas y miedos nos fueron impuestos de niños. El ejemplo de una madre que veía atónita como el hijo de otra se acercaba peligrosamente a un pequeño desnivel en la playa, viendo como le avisaba, pero sin levantarse para ir a impedirle dar un tropezón y en consecuencia un buen golpe, como así sucedió, la increpó con calificativos, todos relacionados con lo mala madre que era, por no levantarse a evitarlo y así proteger a su hijo del golpe que sufrió. Sin embargo pienso que la actuación de la primera, fue mucho más didáctica y madura que la actitud de la segunda. La primera permitió que su hijo tropezara bajo su vigilancia y luego le socorrió, con la única intención de que el pequeñín, experimentara por sí mismo las consecuencias del riesgo y de no hacer caso a sus advertencias. Sin embargo la segunda madre hubiera ido hasta el peque y le hubiera regañado a la vez de hacerle retroceder.
Este ejemplo nos vale para entender que desde pequeñitos nos han educado en el miedo como sistema de protección y así sucesivamente, lo seguimos aplicando y trasladando a las generaciones futuras.
Poseer y miedo a perder, ahí radica gran parte de nuestra infelicidad. A más posees más tienes que perder, a menos tienes, menos peso tienes en tu entorno. Nos educan para ganar, pero nunca para como afrontar la derrota, los errores o sencillamente la pérdida de algo o alguien querido. Cuando perdemos o no ganamos, sentimos miedo. La inseguridad y la incertidumbre nos produce desasosiego, es decir: Miedo.
Viernes, 25 de mayo
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos