Escucho estos días decir a nuestro ministro de justicia, Sr. Camaño, que “Los tiempos de la justicia, no son los mismos que los de los ciudadanos” y lleva razón. Nuestro tiempo es muy actual, se mueve rápido de la mano de las nuevas tecnologías, nuevos intereses y sensibilidades. Los “Tiempos” de la Justicia se mueven muy lentos, tan tortuosos que la hacen ineficaz, con medios muy del siglo pasado, prácticamente obsoletos, que la condenan a la inoperancia (Salvo procesos que atañen a delitos de corrupción política, ahí suelen perderse o con algunas cabezas de turco en prisión).
Inoperancia e ineficacia que casos como - el de Ricardi (Dramático error judicial que lo mantuvo entre rejas desde noviembre de 1995 hasta julio de 2008, por una violación que no cometió) siguen aún si tener respuesta del sistema. Así como el de Carmen Fernández que falleció después de pasar un largo y “tortuoso calvario” durante los diez años que pasó sin sus hijos, entregados en acogimiento a otra familia porque la madre padecía alcoholismo - ponen de forma manifiesta la tropelía inadmisible y la injustificada actuación de la administración de justicia en ambos casos. (Me resulta curioso que ambos agraviados sufrieran en aquel tiempo una adicción)
Ricardi sigue vivo, aferrado a la esperanza para que resuelvan compensarle lo irrecompensable. Carmen, ya descansa en paz o no, probablemente allá donde se encuentre, le acompañe la impotencia por el dolor gratuitamente infringido.
Los “tiempos” de los que nos habla el Sr. Ministro, probablemente le parezcan los adecuados. A los ciudadanos y ciudadanas que tienen que sufrir el retraso de sus procedimientos, postergados una y otra vez en el tiempo, esperando alcanzar justicia, sencillamente los aburre o les mata su único tesoro, la esperanza y la fe.
Los tiempos de los ciudadanos profesores que ven su integridad física amenazada cada día por querer ejercer el digno trabajo de enseñar, seguro son distintos a los del Sr. Ministro. Los tiempos de tantos buenos padres que ven como con denuncias falsas, les son arrebatados sus hijos y alineados en su contra. Esos hijos condenados a crecer sin la necesaria figura paterna. La mujeres que después de sufrir un infierno, anuladas hasta sentirse menos que nada y obligadas a revivir aquel miedo inhabilitador, porque una y otra vez, tiene que ver a su agresor en el juzgado, por un juicio que nunca se acaba de terminar.
Los tiempos de los padres que ven en la calle a los asesinos de sus hijas/os, no, no son los mismos de los que habla el Sr. Ministro de Justicia.
Los tiempos de los oficiales de los distintos juzgados, que se ven avocados a trabajar sin medios, con legajos, sin espacio material donde acumular los archivos, no son los mismos que los tiempos de la “Justicia”. Etc.
Para terminar, reitero mi acuerdo con el Sr. Ministro. El tiempo, la realidad, las aspiraciones de las ciudadanas y ciudadanos no va en concordancia con “Los Tiempos” de la justicia. Ahora la frase de Pacheco que hizo historia, es eso, historia. Ahora la justicia no es un “Cachondeo”, ha adquirido el rango de “Drama Nacional”
Viernes, 25 de mayo
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos