Los Ayuntamientos decidieron abordar un verdadero problema social, de complejas y perniciosas consecuencias, como es el consumo de alcohol en adolescentes (Tengamos en cuenta que la edad de inicio en el consumo de bebidas alcohólicas de nuestros menores se estima en los 14 años) y jóvenes en general, sólo y exclusivamente desde el prisma de la conflictividad ciudadana. Un masivo, desordenado e incomodo ritual en torno al consumo en espacios públicos. Políticamente incorrecto, tanto en los continentes como en los contenidos. Bolsas por cocteleras, botellas y vasos de plástico, adquiridos directamente en comercios de alimentación, con el único objetivo de reivindicar un espacio propio, abaratando costos y estirando la paga semanal.
Se viene asociando (De forma errónea, a mi modo de ver) Botellón y consumo abusivo de alcohol: Estableciendo así dos tipos de consumo, el socialmente establecido, dentro de los locales al uso, mucho más caros y ruidosos, de reducido espacio (En detrimento de las antiguas bodega, tascas, tabernas y chiringuitos) las pandillas de jóvenes no encontraban su lugar, optaron por marcar su propio territorio, su espacio propio sin restricciones, sin más barreras que las suyas propias. La ingesta de alcohol no causa más o menos daño atendiendo al lugar o escenario en que se realice. En consecuencia, desde el punto de vista de salud, tan nocivo es hacerlo en la vía pública como en el Pub más snob, o en el local de moda más sofisticado del momento.
En consecuencia, pienso que la creación de espacios (Botellódromos) es una reacción más de una sociedad que tiende a apartar, a ocultar lo que le molesta, le avergüenza o le pone en evidencia. Un fracaso de nuestro orden social y de nuestro modelo educativo, una consecuencia visible, en pequeña o gran escala, de una sociedad que no quiere reconocer (Sociedad Alcoholófila) una realidad que nos golpea cada vez con más intensidad, y es que en España, en todos los pueblos y ciudades de nuestro país, tenemos un serio problema de consumo de bebidas alcohólicas.
El consumo de alcohol es, por un lado, causa y consecuencia del conflicto social, y por otro, un problema de salud pública: Alcoholismo. Dos problemas que necesitan de conceptualizaciones distintas, de un complejo y amplio abordaje, que desarrolle los elementos capaces de integrar en su implementación a los sectores educativos, sanitarios, jurídicos, medios de comunicación, colectivos de afectados, productores, distribuidores y comunidad científica.
Viernes, 25 de mayo
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos