Hay quien muere en silencio, anestesiado por el alcohol, solo y sin más compañía que el banco de una plaza. Ocurrió el pasado viernes en Cádiz. Un chico joven de origen al parecer anglosajón conocido por los que trabajamos y vecinos de la zona. Uno más entre otros. El mismo viernes, confieso que crucé con él la mirada al volver a casa del trabajo. Percibí al observarle el rostro, la paz y el olvido del que se dispone a emprender su último viaje. Como cualquier alcohólico que haya sentido la soledad de la “calle” y que entiende sin palabras.
Aún a pesar de los años transcurridos, somos conscientes (Los que hemos vivido la experiencia de la “calle” y sobrevivido para contarlo) que también entonces, cuando habitábamos en la “calle del olvido” al igual que este joven, pudimos haber hecho el viaje definitivo. Nos sentimos tan desolados y abatidos en aquellos momentos, que la muerte sería mejor destino que el seguir siendo ignorado, invisible o autocondenado (Los sentimientos de culpa y el miedo a veces es una “condena” insoportable). No se cuantos hemos podido salir de esa terrible situación, lo que sí me consta es que no somos sido muchos, la mayoría acaba como este chico, aunque al parecer su muerte se produjo durante el sueño. Algo que no todos los fallecidos han podido alcanzar, pues aunque a Vds. les parezca macabro, las muertes por intoxicación etílica suelen ser “dulces”, todo lo contrario de las que se producen cuando sobreviene un cuadro severo por el síndrome de abstinencia. Describirlo aquí sería imposible por mi parte, y además no me apetece recordarlo.
El caso es, que nos apenamos, nos provoca sentimientos de vergüenza y tristeza al tener conocimiento de cómo viven y mueren los “Sin techo”, como la sociedad les ha etiquetado. Etiquetarlos o encasillarlos, nos hace sentir que somos distintos, que a nosotros nunca nos podría pasar, era algo impensable hace unos años. Sin embargo, no son personas tan diferentes, porque en realidad la complejas circunstancias que nos pueden llevar a una situación tan extrema, pueden sucederle a cualquiera. Sin embargo preferimos mirar para otro lado, etiquetarlos y engañarnos pensando que son unos “fracasados” o sencillamente que han llegado a tal situación por “su mala cabeza”. Es una forma, más o menos hipócrita e inconsciente de no asumir responsabilidades.
Responsabilidades, digo bien. El sistema, al que tanto criticamos, no es un ente aparte, no es algo intangible y sobrevenido. El sistema que genera, llamémosle “daños sociales colaterales” es decir, pobres, lo sostenemos todos, porque todos formamos parte del sistema, aunque evidentemente, no todos tenemos la misma de cuota responsabilidad.
En definitiva, y a modo de homenaje, reflexión y asumiendo mi cuota de responsabilidad, el tema es que se fue otro ser humano vencido por el alcohol y el hastío de una sociedad que no sabe estar a la altura. "Feliz viaje, Feliz Navidad compañero".
Se considera al “Botellón” como un fenómeno social, cuando pienso que en realidad, a lo que denominamos “Botellón”, es “la consecuencia” de un fenómeno social. Un fenómeno social que tiene su origen en la interacción de diversos factores: ofertas de ocio, educacionales, familiares, psicosociales y de modelos aprendidos.
Ofertas de ocio: La evolución de los locales , han venido cambiando a medida que el mercado ha impuesto nuevas necesidades: Reducción del espacio, elevado volumen de la música, iluminación exigua y altos precios de las copas, así como escasa oferta en combinados y bebidas no alcohólicas, que además resultan en ocasiones, más caras que las de contenido alcohólico. Dificultan la normal conversación entre los clientes, obligando a elevar necesariamente la voz, generando estrés acústico e imposibilitando la interacción y la ubicación de grupos de jóvenes. Utilización de “ofertas gancho” de contenido alcohólico a precios muy baratos, etc.
He leído y escuchado, como la mayoría de Vds., que el triunfo de nuestra selección nacional en el campeonato del mundo de futbol ha aumentado el nivel de felicidad de los españoles. Hete aquí que paralelamente coincide con que hemos aumentado el consumo de cerveza en más de un 500%. ¿Pura coincidencia, o es que la felicidad de los españoles está en manos de un pulpo o de atiborrarnos de cerveza?
Aunque pensándolo bien, quien ha salido ganando y más feliz que nadie en el mundial, ha sido el sector cervecero. ¿Quién iba a imaginar que en plena crisis, a parte de los especuladores financieros, hubiera algún sector empresarial capaz de aumentar de forma tan espectacular sus ganancias?
Los chicos de la selección nacional (con permiso del Tribunal Constitucional y la Generalitat) nos han dado el ejemplo, la satisfacción de sentirnos colectivamente triunfadores, pero sobretodo, nos han marcado el camino. El camino de cómo hacer las cosas. De cómo se fraguan las bases de los proyectos colectivos con proyección de éxito.
Han dejado patente que no sólo se trata de ganar a cualquier precio o de cualquier forma. Ser ganador es una cosa y alcanzar el triunfo ilusionando, cohesionando a todos los españoles en un proyecto común, es otra muy distinta.
Mucho, quizás demasiado se viene hablando de los servidores públicos (funcionarias/os) como responsables indirectos del excesivo gasto público. Y es que en nuestra querida España estamos encantados cuando encontramos un “sector” de la población al cual culpar a modo de “chivo expiatorio” de nuestras desgracias.
Que si los “funcionarios” son tal o cuál cosa, etc. Se escucha de ellas y ellos, todo tipo de “lindezas”. Inclusive tienen espacio propio en la comedia burlesca y sátira de los “Chistes”.
Los especuladores estarán disfrutando de la vida, quemando sus ganancias inmisericordes pero suculentas. Para ellos la palabra “Crisis” es sinónimo de bonanza, pues con las ganancias de entonces pueden comprar ahora lo que quieran, lo mismo que nos vendieron, y al precio que les dé la real gana. Para eso son ellos los dueños y señores del mercado. Todos estamos de saldo, todo se vende, todos estamos endeudados hasta las “Trancas” porque ellos así lo quisieron. Tienen la liquidez que desean para poder obtener a bajo precio las empresas e incluso doblegar gobiernos. Nos han engañado, nos han ilusionado y nos han devuelto a la realidad con nuestras miserias y nuestros sueños rotos.
Ahora salen indemnes de sus criminales acciones, pues la ley no les alcanza. Ellos están por encima del bien y del mal. Por encima de cualquier ley, salvo la suya. Que no obedece más que a la obtención de beneficios por el medio que sea.
Crean guerras para darle salida a sus stocks de armas. Enfermedades para sus productos farmacéuticos, plagas para sus granos transgénicos. Es la teoría del caos aplicada a las finanzas más execrables.
También son maestros en generar ilusiones, sueños al alcance de unos aparentes e inofensivos cómodos plazos. El caso es tenernos subyugados, embobados por alcanzar el sueño del bienestar, de la felicidad consumista.
Cierto que también controlan nuestros deseos y nuestros sueños. Nuestras debilidades, sabedores que todos queremos lo mejor para nuestras hijas y nuestros hijos. Ellos conocen nuestros fracasos, nuestras soledades, nuestras debilidades. Para eso también tienen “La droga” para que ahoguemos nuestras penas en las barras decadentes con “cenicientas de saldo y esquina” como diría Sabina.
¿Les parece dura, algo derrotista o sencillamente tétrica ésta reflexión? Pues aún queda decirles lo que creo que es lo peor de todo, que nos quieren hacer culpables a todos nosotros, los ciudadanos de “a pié”. Sí, quieren que después de habernos dejado casi con el “culo al aire” sin trabajo ni expectativas, hipotecados los más afortunados, con sueldos miserables (la gran mayoría). Ahora nos viene contando que heos sido unos gastosos, unos irresponsables, unos ilusos. Y todo porque nos creímos sus mentiras.
Como la mayoría de Vds. conoce, desde el año 2002 encabecé la refundación de la asociación gaditana ARCA que trabaja en el área socio sanitaria como organización sin ánimo de lucro asistiendo a personas con problemas asociados al consumo de bebidas alcohólicas. En el tiempo transcurrido las experiencias han sido tan intensas como prolijas. Una de esas experiencias que vengo percibiendo desde entonces, es el amor de un sector de jóvenes muy preparadas, preocupadas y ocupadas para sus conciudadanas y conciudadanos. Sobre ellas, particular y especialmente les hablo hoy. Las conocemos por trabajadoras sociales, (Coloquialmente Asistentas Sociales), que vienen realizando una labor tan desconocida como descomunalmente productiva en el ámbito emocional, de gestión y aporte vital para el funcionamiento del tejido social.
Desde mi punto de vista, sólo puedo decir que sin ellas (Porque lamentablemente la estabilidad laboral de ninguna la hemos podido conseguir de momento) no hubiera sido posible devolver cientos de sonrisas y bienestar a los tantos de los mismos hogares de Cádiz y su bahía, incluso a lo largo y ancho de España y del extranjero (Hoy en día gracias a nuestro portal www.unabotellaconmensaje.com)
La labor de estas trabajadoras viene siendo esencial en nuestra sociedad, nunca suficiente reconocido y si sobradamente constatado. Especial y específicamente las que no han conseguido ser bendecidas como funcionarias, que se forman en las ONGs con mucha entrega, voluntad y corazón de oro por apenas nada, que siguen formándose y sirviendo a los demás. Son a estas últimas, a las que quiero reivindicar desde estas líneas. Viven hoy día en la desesperanza, la impotencia y la rabia de saberse necesarias pero no reconocidas laboralmente.
Me imagino que Ayer, ninguna de ellas se hizo eco de la convocatoria de huelga, porque sencillamente no trabajan en centros oficiales y porque ninguna central sindical les echa ni les ha echado cuentas nunca. La inmensa mayoría de estas jóvenes, no podrían dejar sus labores solidarias, altruistas y de abnegado servicio, sencillamente porque ahora nuestros ciudadanos, aquellos que se encuentran en las situaciones más precarias, las necesitan más que nunca.
Me cansa escuchar a los “Políticos” y “Analistas oficiosos y oficiales” cuando se jactan de pedir reformas estructurales, como una especie de eufemismo donde todo cabe y quedan muy bien en cualquier intervención, porque nadie les entiende. Entiendo que debemos de reformar las estructuras de un estado cuando se quedan obsoletas o ineficaces, en pos de dinamizar y optimizar las realmente útiles y efectivas. Y créanme cuando les digo que llegó el momento de ser valientes y sentarnos a realizar un análisis en profundidad, de los gastos que realmente nos son útiles y necesarios y diferenciarlos de aquellos que son una carga, un adorno, un oropel absolutamente prescindible. Desde luego las ONGs y el colectivo de Trabajadoras sociales, se tornan hoy en día tan necesarias como IMPRESCINDIBLES.
“La felicidad es la ausencia de miedo” así lo reconoce Eduardo Punset en su libro -El viaje al poder de la mente- y lo suscribo al 100%. Nunca encontré una definición que se acercara tanto al concepto siempre subjetivo que tenemos de la felicidad. Las más de las veces tal concepto se asemeja al “Nirvana” de los budistas, en occidente lo utilizamos como elemento de marketing asociado a la obtención de tal o cuál cosa. Sin embargo la felicidad o “Nirvana” se contempla como todo lo contrario. El nirvana se alcanza cuando desparecen las necesidades, los apegos y los condicionamientos aprendidos.
En mis diversas experiencias, os diré queridos lectores, que empecé a sentirme bien conmigo mismo a medida que iba desprendiéndome de las necesidades emocionales y materiales impuestas, creadas o inventadas. Porque no duden que muchas de nuestras acciones y pensamientos que nos perturban, se hicieron fuertes en nuestra mente a través del ámbito familiar, entorno social y educativo.
Los resultados de los acontecimientos vividos, nos proveen de experiencia y dependiendo de esa experiencia aprendida y codificada en mecanismos cerebrales, es como aprendemos a actuar, a establecer estrategias y objetivos.
La mayoría de nuestros complejos, traumas y miedos nos fueron impuestos de niños. El ejemplo de una madre que veía atónita como el hijo de otra se acercaba peligrosamente a un pequeño desnivel en la playa, viendo como le avisaba, pero sin levantarse para ir a impedirle dar un tropezón y en consecuencia un buen golpe, como así sucedió, la increpó con calificativos, todos relacionados con lo mala madre que era, por no levantarse a evitarlo y así proteger a su hijo del golpe que sufrió. Sin embargo pienso que la actuación de la primera, fue mucho más didáctica y madura que la actitud de la segunda. La primera permitió que su hijo tropezara bajo su vigilancia y luego le socorrió, con la única intención de que el pequeñín, experimentara por sí mismo las consecuencias del riesgo y de no hacer caso a sus advertencias. Sin embargo la segunda madre hubiera ido hasta el peque y le hubiera regañado a la vez de hacerle retroceder.
Este ejemplo nos vale para entender que desde pequeñitos nos han educado en el miedo como sistema de protección y así sucesivamente, lo seguimos aplicando y trasladando a las generaciones futuras.
Poseer y miedo a perder, ahí radica gran parte de nuestra infelicidad. A más posees más tienes que perder, a menos tienes, menos peso tienes en tu entorno. Nos educan para ganar, pero nunca para como afrontar la derrota, los errores o sencillamente la pérdida de algo o alguien querido. Cuando perdemos o no ganamos, sentimos miedo. La inseguridad y la incertidumbre nos produce desasosiego, es decir: Miedo.
Recuerdo a las entidades financieras haciendo su “Particular agosto”, prestando dinero a promotores y clientes. Nos hicieron sentir ricos, capaces de comprar y gastar sin límite.
Aunque nuestros sueldos eran pequeños, nos sentíamos poderosos, pensábamos que el valor de nuestras viviendas siempre cubrirían los excesos, ampliándolas sin límite.
El sistema financiero español no dejaba de poner al alcance de nosotros, dinero y más dinero de plástico, incluso productos como el de las “Hipotecas Inversas” para seguir hipotecados hasta después de nuestra muerte.
El pasado Lunes The Financial Times publicaba un articulo de José María Aznar, ofreciendo las “claves” de la recuperación económica, entre las que apunta las “Privatizaciones” y la “Reforma del mercado laboral” como ejemplo de algunas de dichas claves. Un reportaje publicado en “The Economist” se preguntaba en el 2006 ¿Quiénes pagarían los excesos de entonces?
Escucho estos días decir a nuestro ministro de justicia, Sr. Camaño, que “Los tiempos de la justicia, no son los mismos que los de los ciudadanos” y lleva razón. Nuestro tiempo es muy actual, se mueve rápido de la mano de las nuevas tecnologías, nuevos intereses y sensibilidades. Los “Tiempos” de la Justicia se mueven muy lentos, tan tortuosos que la hacen ineficaz, con medios muy del siglo pasado, prácticamente obsoletos, que la condenan a la inoperancia (Salvo procesos que atañen a delitos de corrupción política, ahí suelen perderse o con algunas cabezas de turco en prisión).
Inoperancia e ineficacia que casos como - el de Ricardi (Dramático error judicial que lo mantuvo entre rejas desde noviembre de 1995 hasta julio de 2008, por una violación que no cometió) siguen aún si tener respuesta del sistema. Así como el de Carmen Fernández que falleció después de pasar un largo y “tortuoso calvario” durante los diez años que pasó sin sus hijos, entregados en acogimiento a otra familia porque la madre padecía alcoholismo - ponen de forma manifiesta la tropelía inadmisible y la injustificada actuación de la administración de justicia en ambos casos. (Me resulta curioso que ambos agraviados sufrieran en aquel tiempo una adicción)
Ricardi sigue vivo, aferrado a la esperanza para que resuelvan compensarle lo irrecompensable. Carmen, ya descansa en paz o no, probablemente allá donde se encuentre, le acompañe la impotencia por el dolor gratuitamente infringido.
Los “tiempos” de los que nos habla el Sr. Ministro, probablemente le parezcan los adecuados. A los ciudadanos y ciudadanas que tienen que sufrir el retraso de sus procedimientos, postergados una y otra vez en el tiempo, esperando alcanzar justicia, sencillamente los aburre o les mata su único tesoro, la esperanza y la fe.
Los tiempos de los ciudadanos profesores que ven su integridad física amenazada cada día por querer ejercer el digno trabajo de enseñar, seguro son distintos a los del Sr. Ministro. Los tiempos de tantos buenos padres que ven como con denuncias falsas, les son arrebatados sus hijos y alineados en su contra. Esos hijos condenados a crecer sin la necesaria figura paterna. La mujeres que después de sufrir un infierno, anuladas hasta sentirse menos que nada y obligadas a revivir aquel miedo inhabilitador, porque una y otra vez, tiene que ver a su agresor en el juzgado, por un juicio que nunca se acaba de terminar.
Los tiempos de los padres que ven en la calle a los asesinos de sus hijas/os, no, no son los mismos de los que habla el Sr. Ministro de Justicia.
Los tiempos de los oficiales de los distintos juzgados, que se ven avocados a trabajar sin medios, con legajos, sin espacio material donde acumular los archivos, no son los mismos que los tiempos de la “Justicia”. Etc.
Para terminar, reitero mi acuerdo con el Sr. Ministro. El tiempo, la realidad, las aspiraciones de las ciudadanas y ciudadanos no va en concordancia con “Los Tiempos” de la justicia. Ahora la frase de Pacheco que hizo historia, es eso, historia. Ahora la justicia no es un “Cachondeo”, ha adquirido el rango de “Drama Nacional”
Los Ayuntamientos decidieron abordar un verdadero problema social, de complejas y perniciosas consecuencias, como es el consumo de alcohol en adolescentes (Tengamos en cuenta que la edad de inicio en el consumo de bebidas alcohólicas de nuestros menores se estima en los 14 años) y jóvenes en general, sólo y exclusivamente desde el prisma de la conflictividad ciudadana. Un masivo, desordenado e incomodo ritual en torno al consumo en espacios públicos. Políticamente incorrecto, tanto en los continentes como en los contenidos. Bolsas por cocteleras, botellas y vasos de plástico, adquiridos directamente en comercios de alimentación, con el único objetivo de reivindicar un espacio propio, abaratando costos y estirando la paga semanal.
Se viene asociando (De forma errónea, a mi modo de ver) Botellón y consumo abusivo de alcohol: Estableciendo así dos tipos de consumo, el socialmente establecido, dentro de los locales al uso, mucho más caros y ruidosos, de reducido espacio (En detrimento de las antiguas bodega, tascas, tabernas y chiringuitos) las pandillas de jóvenes no encontraban su lugar, optaron por marcar su propio territorio, su espacio propio sin restricciones, sin más barreras que las suyas propias. La ingesta de alcohol no causa más o menos daño atendiendo al lugar o escenario en que se realice. En consecuencia, desde el punto de vista de salud, tan nocivo es hacerlo en la vía pública como en el Pub más snob, o en el local de moda más sofisticado del momento.
En consecuencia, pienso que la creación de espacios (Botellódromos) es una reacción más de una sociedad que tiende a apartar, a ocultar lo que le molesta, le avergüenza o le pone en evidencia. Un fracaso de nuestro orden social y de nuestro modelo educativo, una consecuencia visible, en pequeña o gran escala, de una sociedad que no quiere reconocer (Sociedad Alcoholófila) una realidad que nos golpea cada vez con más intensidad, y es que en España, en todos los pueblos y ciudades de nuestro país, tenemos un serio problema de consumo de bebidas alcohólicas.
El consumo de alcohol es, por un lado, causa y consecuencia del conflicto social, y por otro, un problema de salud pública: Alcoholismo. Dos problemas que necesitan de conceptualizaciones distintas, de un complejo y amplio abordaje, que desarrolle los elementos capaces de integrar en su implementación a los sectores educativos, sanitarios, jurídicos, medios de comunicación, colectivos de afectados, productores, distribuidores y comunidad científica.
Gracias a los avances de la ciencia, sabemos que el cerebro interpreta. (No opera directamente sobre el mundo real, según Eduard Punset). Y en base a esa interpretación se desarrolla el pensamiento y la conducta.
Que mi verdad no es la verdad. Que cada uno tenemos una versión muy personal, y que ésta, en ocasiones dista mucho de la que tienen los demás. “No hay verdades ni mentiras absolutas” en consecuencia. Mi verdad no tiene por que ser la tuya.
¡Qué lío! ¿Cuál es entonces la Verdad? No puedo contestar evidentemente a esta pregunta sin equivocarme, pero si puedo aportar mi particular reflexión sobre la verdad:
“Posiblemente, la verdad sea un conjunto de pequeñas verdades bien armonizadas y adecuadas a cada momento”.Supongo entonces, que esta reflexión individual, elevada al plano colectivo explica en cierto modo, lo que viene ocurriendo en nuestra sociedad actual. Venimos haciendo cada uno la guerra por nuestra parte, incapaces de ponernos de acuerdo en los temas prioritarios. ¿Quién decide entonces lo que es prioritario o no? Si cada grupo, colectivo, organización, partido, etc. tiene su pequeña verdad, puede aparecer de nuevo la pregunta, pero esta vez, desde el punto de vista general ¿Cuál es la verdad, o quienes tienen la razón? Según mi particular razonamiento, todos estamos en posesión de nuestras pequeñas verdades. ¿Cómo lo hacemos entonces, cómo nos organizamos? Pues otorgándonos entre todos un marco político, administrativo y jurídico, unas reglas de juego. Que todos sin exclusión (oposición, gobierno, el juez Garzón, las muy respetables tradiciones de otras sociedades o pueblos, etc.) Libre y democráticamente aceptamos y recogimos en la Constitución del 78.
La Constitución de Cádiz de 1812 abrió paso a las diferentes verdades que convivían en nuestra España de entonces y que se encontraban reprimidas por el pensamiento único del imperio napoleónico por una parte, y de las monarquías absolutistas por otra. Cimentó e inspiró los modelos y sistemas democráticos posteriores, incluido nuestro actual modelo
Por tanto, si hemos consensuado entre todos un marco donde se desarrollen las reglas del juego, entre otras la que exige la independencia de los tres poderes que conforman el Estado ¿Por qué se está, manifiesta y continuamente transgrediendo dicha independencia?
Es lamentable el espectáculo que se viene desatando. Una lucha cainíta e irresponsable por imponer la “Verdad de unos frente a las pequeñas verdades de otros” con tal de hacerse con unos privilegios que prevalezcan sobre los demás. Justo lo contrario a nuestra “verdad” colectiva: La Constitución.
Nuestra Carta Magna es nuestra “verdad” como pueblo, nuestra regla de juego. La garante del equilibrio entre los pueblos de España, sus instituciones y sus gentes. Mientras no se consensúen otras reglas de juego, hay que acatar las que hay, buenas, regulares o malas, pero son las que nos dimos. Las que nuestros gobernantes prometen o juran defender, cumplir y hacer cumplir cuando acceden al poder. Otra cosa es, si cabe preguntarse ¿Está nuestra Constitución, “nuestra verdad” bien armonizada, adecuada al momento que vivimos? O por el contrario ¿Es nuestra Constitución una verdad, una bondad absoluta y por tanto incuestionable e inamovible?
Es obvio que no, la flexibilidad del texto permite su propia reforma, aunque exige, como no podía ser de otra manera, respeto, amplitud de miras, generosidad, en definitiva, un gran consenso
Pienso que no es justo, ni merecido el escarnio público al que se le está sometiendo a Jaime de Marichalar. Por dos razones principalmente.
La primera, por cuestión de educación, de buen gusto. La segunda razón es por puro respeto a la Casa Real como institución. No en vano, los hijos del Sr. Marichalar están en la línea directa de sucesión a la Corona de España. Es más, cuando se corrija la anacrónica y flagrante discriminación que sufre la mujer en el artículo 57 de nuestra carta Magna que reza:
«La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de progenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos». Así la línea de sucesión al trono está configurada de la siguiente manera: Felipe de Borbón es el heredero, y después siguen Leonor de Borbón, su futura hermana, Elena de Borbón, Felipe Juan Froilán, Victoria Federica, Cristina de Borbón, Juan Valentín, Pablo Nicolás, Miguel e Irene.
Sus hijos Felipe y Victoria crecerán teniendo que sufrir la afrenta de ver a su padre, divorciado, repudiado, o de la forma que se le quiera llamar; en definitiva “Ridiculizado” por los medios de comunicación. En consecuencia, sería conveniente plantearmos ¿Qué podrán pensar cualquiera de sus hijos sobre los que permitieron “Mofarse” de su padre, de una manera tan vil y mezquina?
En este momento pre-electoral, donde el Presidente aparece bajo mínimos y el PP por primera vez, con Rajoy a la cabeza, aparece como ganador en los sondeos electorales, tengo la sensación que se avecina una campaña feroz por parte de la maquinaria propagandística (desaparecida en combate) del PSOE. ¿No tienen Vds la sensación de que puede haber una especie de estrategia en la que el enemigo escenifica retirada o que le flaquean las fuerzas en combate, para generar confianza en el adversario y contraatacar en el momento clave, con todos sus efectivos, y así infligir la derrota final?
Me extraña sobremanera que el PSOE incurra una y otra vez en tantas torpezas, de manera continuada.
Hacer que se genere un debate abierto, sincero, honesto sobre le consumo de alcohol y sus consecuencias, no es fácil. Pero intentar centrarlo en la Ciudad de Cádiz, incluyéndolo dentro de los actos de conmemoración del Bicentenario de la Constitución de 1812 y que además se centre en los países que conformamos una comunidad tan influida por la tradición, como la gran comunidad Iberoamericana, donde el consumo de alcohol posee una fuerte implementación, es una tarea que si no utópica, si al menos la consideraremos hercúlea.
Cuando cabalga el desempleo por nuestros barrios, los despachos de loterías, bingos y otros azares hacen su agosto. Como bien dice el refrán: “A río revuelto, ganancia de pescadores”.
Las crisis económicas suelen afectar a las clases medias bajas, los ricos son eso, simplemente ricos, y los pobres pues están acostumbrados a sus penurias. Quién realmente las sufre es el que vive como rico pero con sueldo de obrero (que somos la mayoría).
Casa (hipotecada), coche (a plazos), tarjeta del Corte Inglés, visas varias, y con pensión alimenticia a causa de su anterior matrimonio. Éste es el que está realmente jodido por la crisis.
Con la dichosa crisis al llegar a casa, ya no hay beso de bienvenida, lo primero que te dice la compañera o compañero, es que te han llamado del banco, que la niña necesita ésta o aquella cosa… donde, antes de la crisis, existía un ambiente de cariño y complicidades, ahora todo son reproches y malas caras.
En cualquier caso, a pesar de los más de 9.000.000 de pobre relativos que mal viven con ingresos inferiores a los 600 euros mensuales, en nuestro país no existe la pobreza extrema, tal como se sufre en otros países del llamado tercer mundo. Haciendo una comparativa nuestras crisis, son crisis por perdida de poder adquisitivo, la frustración que nos genera quedarnos fuera de la dinámica social y el drama que implica el brutal descenso en la escala social.
El hambre es cosa del pasado y de otras gentes que vemos por televisión o sólo en caso de dietas al servicio de la esclavitud estética.
Somos conscientes de que la mayoría de nuestras necesidades son creadas, pero son nuestras y dependemos de ellas, porque marcan nuestro estatus y nos dan seguridad frente a los demás.
El dinero es nuestro poder, aunque no nos guste reconocerlo, sin trabajo no hay ingresos ni créditos, a veces ni amigos, ni familia si me apuran (Doy fe de ello). Por eso gastamos más en loterías y juegos de azar, por eso bebemos más y peor, porque nos negamos a aceptar la adversidad. Hemos sido educados para ganar, nadie nos ha enseñado como afrontar la derrota.
Quizás por eso no nos gustan los que nos hablan de ajustes, ni de obligaciones, ni de esfuerzos, y es que a veces, reconozcámoslo, nos gusta vivir engañados en nuestras propias ficciones y de espaldas a la realidad.
Existen realidades tan crueles, que es mejor mirar para otro lado y seguir disfrutando del placer que nos proporciona nuestra dulce mentira.
* Para botón de muestra, una noticia publicada hoy mismo:
"Un joven apuñala a su padre en una pelea por un videojuego de PlayStation"
Cuando algunos denunciamos la feroz campaña de miedo que se desató por parte del gobierno y dirigida exclusivamente a la población, allá en los principios de octubre del año pasado, tachándola de alarmista e innecesaria. Cuando denunciamos el ingente gasto que estaba ejecutando el ministerio de Sanidad en una vacuna que no ofrecía las suficientes garantías, quedamos ante algunos sectores oficiales como insolidarios. ¿Y que pasa ahora con los millones de euros gastados en unas vacunas tan innecesarias como ineficaces?
Jueves, 16 de febrero
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla
Pedro Rizo