Ricardi no es más que el paradigma de una realidad no aceptada. Somos una sociedad que detestamos al adicto, al “paria” al toxicómano que lo fue, porque no encontró nada mejor donde refugiar sus fracasos, errores y desatenciones. Prejuzgamos por apariencias, negando a la mayor las tan cacareadas “políticas rehabilitadoras”. Ricardi ha sido desprovisto de su libertad durante 13 años, además de los que la droga le arrebató durante su periodo adictivo. Desprotegido como victima de la droga y además se le ha infligido el castigo más extremo que se le puede aplicar a una persona, la cárcel.
Las victimas del terrorismo sufren la ignominia de ver al asesino de sus seres queridos pasear libremente por sus calles, incluso de tenerlos por vecinos en algunos casos, y en el caso de Ricardi, vivir bajo las mismas leyes que le encarcelaron. Tras “pasarse por el forro” todos sus derechos, una palmadita en la espalda, una rueda de prensa, presentándolo como un “Bicho raro” (aunque a eso, ya está más que acostumbrado) y a tu casa si la tienes, en libertad “Condicional” y sin ni tan siquiera una disculpa, ni un plan de integración social.
Los Terroristas asesinos tienen derecho a rehabilitarse, los toxicómanos y adictos no, un terrorista es temido por unos, despreciado por los más e incluso venerado por los suyos, sin embargo un toxicómano es despreciado por sí mismo, por los suyos y por el resto de la sociedad. Muestra de hasta donde llegó el desprecio por su persona, es que sabían desde hacía 8 años con certeza, que era inocente. Ocho años conociendo los responsables de nuestra seguridad, que esta persona es inocente. Se me abren las carnes nada más pensar en manos de quien estamos.
Justicia para los que pueden pagarla, para los potentados, los trápalas, los acomodados, para ellos la cárcel no se hizo, en todo caso, alguna entrada por salida y a seguir disfrutando del dinero amasado.
Justicia para los padres, quienes perdieron a sus hijos en manos de asesinos, porque la “Justicia” no hizo bien su trabajo. Justicia para quien vio alargada su pena a causa de un olvido. Justicia para quien muere a manos de quien la amenazó y no supimos mantenerlo alejado, ni a buen recaudo de la inocente. Justicia para a quién nadie importa porque a nadie puedes pagar.
Don Mariano Fernández Bermejo, a la sazón ministro de Justicia, habla de “Excepcionalidad” al referirse al caso. El Decano del Colegio de Abogados de Sevilla considera: “una gravísima quiebra de todo el Estado de Derecho que un inocente haya estado privado de libertad durante más de 12 años”
No me digan Vds. que no es para meter al Sr. Bermejo en el “Chabolo”, el mismo donde Ricardi pasó los últimos 13 años de su mísera vida, y “Chaparlo” durante 24 horas, seguro que cambiaría de opinión, si antes no se “China”.
Maldita justicia, que solo mira hacia abajo y nunca hacia arriba.
Me pregunto: ¿Y si Ricardi no hubiera tenido familia fuera de la prisión que le ayudara?
¿Cuántos más inocentes permanecen encarcelados, solos, sin nadie fuera que luche por ellos? ¿Cuántos canallas en la calle, amedrentando a sus victimas?
Son ya demasiados los errores del sistema, son ya demasiados los casos prescritos para los ricos. Demasiados violadores irrecuperables y asesinos que andan sueltos. Quizás también, demasiados los “Parias” que en su “Chabolo” pasan las horas matando sus propios sentimientos para poder sobrevivir ante nuestro olvido.
Creo que el Estado que no garantiza la presunción de inocencia de sus ciudadanos, que no protege a sus víctimas y que no condena con contundencia a los verdaderos delincuentes, es un Estado amoral cuando menos.
Me pregunto: ¿Qué hará Ricardi en su casa, cuando deje de ser noticia para el morbo nacional? ¿Qué futuro le espera? ¿Alguien se ha preguntado que hará este hombre ahora? ¿Está preparado para vivir en la misma sociedad que le llevó a las drogas? ¿Es justo que se pase la responsabilidad de su recuperación a su hija y familiares? ¿Se han parado a pensar las secuelas psicológicas que dejan 13 años en prisión? Si le compensan sólo con dinero….no quiero ni pensar. Aunque siempre habrá desaprensivos que de su desgracia engrosen sus cuentas corrientes, al tiempo.
Los comentarios para este post están cerrados.
Son "verdades como puños". Nadie se acuerda del después. Todos nos asombramos de estas injusticias y nos preguntamos cómo pueden pasar estas cosas. Somos muchos los afectados por esta desprotección y no hay que irse muy lejos para conocer algún caso, pero no somos realmente conscientes de lo que significa y hasta qué punto puede afectar a nuestra vida hasta que lo vivimos en primera persona. En mayor o menor medida, estamos a merced de los delincuentes, que aun estando condenados por la justicia, están en la calle, ya que esa misma justicia no tiene medidas efectivas de protección para las víctimas, ya sean víctimas de la delincuencia o víctimas de errores judiciales... ¿quién se acuerda de ellas después?
Tienes mucha razón en tu artículo, ojalá hagamos algo más que el sólo hecho de "indignarnos" por estas cosas... Ojalá que las personas que tienen en sus manos la posibilidad de cambiar de forma rápida y eficaz estas situaciones "subrrealistas" pongan manos a la obra nuestros políticos y autoridades no esperen a que les "toque a ellos", aunque difícilmente les llegará ese momento, sus recursos están muy por encima de los de la mayoría de la gente de a pie... Gracias por hacernos pensar en estas cosas, desagradables para todos, pero que forman parte de nuestra vida...
Sábado, 18 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales
Carlos Ruiz Miguel