Ricardi no es más que el paradigma de una realidad no aceptada. Somos una sociedad que detestamos al adicto, al “paria” al toxicómano que lo fue, porque no encontró nada mejor donde refugiar sus fracasos, errores y desatenciones. Prejuzgamos por apariencias, negando a la mayor las tan cacareadas “políticas rehabilitadoras”. Ricardi ha sido desprovisto de su libertad durante 13 años, además de los que la droga le arrebató durante su periodo adictivo. Desprotegido como victima de la droga y además se le ha infligido el castigo más extremo que se le puede aplicar a una persona, la cárcel.
Las victimas del terrorismo sufren la ignominia de ver al asesino de sus seres queridos pasear libremente por sus calles, incluso de tenerlos por vecinos en algunos casos, y en el caso de Ricardi, vivir bajo las mismas leyes que le encarcelaron. Tras “pasarse por el forro” todos sus derechos, una palmadita en la espalda, una rueda de prensa, presentándolo como un “Bicho raro” (aunque a eso, ya está más que acostumbrado) y a tu casa si la tienes, en libertad “Condicional” y sin ni tan siquiera una disculpa, ni un plan de integración social.
Viernes, 25 de mayo
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos