Decía Leon Tolstoi: “Es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de ellos”.
Escuchar a Rouco Varela hablar sobre derechos humanos, cuando no contempla el uso del preservativo como método para prevenir el contagio del VIH, o obstaculiza la investigación sobre las células madre para el tratamiento de enfermedades, así como se permite el lujo de hablar sobre le papel que debe de desarrollar la mujer en la familia, cuando en la estructura de su iglesia sigue excluida y marginada, me parece de una demagogia y de una hipocresía sin limites. Desfachatez pura y dura, de una amoralidad impresentable es erigirse en inquisidor de las uniones entre personas del mismo sexo, cuando precisamente su política machista de exclusión de la mujer en la función pastoral ha generado los escándalos más sonoros de pederastia y las prácticas más aberrantes ocultas tras oscuros muros conventuales.
La Familia se defiende por si misma, por su gran solidez natural, por su propia inercia y configuración en el orden natural de las cosas, pero eso no hace que en la sociedad moderna se tenga que excluir ni menospreciar a ningún otro modelo de la misma, ni alternativa al normal uso. La familia es como el agua que nos constituye, que nos conforma, que nos da la vida, es la esencia instintiva que nos sobrevive “per se”, no necesita de comerciales agoreros.
En otro orden de cosas también me sorprende escuchar a José Luís Rodríguez Zapatero hablar sobre lo avanzado de las leyes sociales que ha introducido en esta legislatura, entre ellas la reforma educativa, donde el docente carece de toda autoridad como instrumento básico que le permita desarrollar su trabajo. La prohibición de propinar un cachete a un hijo, expulsar a un alumno no son funciones de un gobierno. Gravar de antemano al ciudadano por el hecho de comprar un soporte de audio digital, es meterte en terreno ajeno, es meter mano en casa ajena, es usurpar la dignidad del espacio íntimo de cada individuo, vulnerando su presunción de inocencia y su responsabilidad individual como ciudadano libre.
Cuidado presidente con hacer un excesivo mal uso de la realidad, de su realidad, es decir, hay terrenos donde hacer demagogia significa generar injusticia, quebrantar el principio de igualdad, el derecho a la intimidad, el derecho de autoridad, y el no menos importante, el derecho a la presunción de inocencia, sea hombre, mujer, niño, anciano, cantante, autor o un simple consumidor/a.
No es de recibo, que triunfe en nuestra sociedad lo grotesco del pícaro, el desorden y la inseguridad ciudadana, sobre la presión desenfrenada del sentido correcto de lo común.
Viernes, 25 de mayo
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos