La ventanilla de Alberto Matilla

Comentario al retirado anteproyecto de ley sobre el alcohol

21.02.07 | 17:54. Archivado en Salud, Politica
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Mi opinión al respecto del anteproyecto de ley presentado el 15 de septiembre de 2006 por la Ministra Elena Salgado y su reciente retirada, la enfocaré desde 3 ámbitos distintos. Desde el sociopolítico como analista, el personal como afectado por la enfermedad del alcoholismo, y desde un último como profesional que se trabaja en el sector, tanto en la estrategias de prevención del consumo como en el tratamiento del Síndrome de Dependencia Alcohólica.

La puesta en marcha del anteproyecto y su posterior retirada, no ha sido ni forzada ni generada por la demanda social, puesto que los daños provenientes del consumo de alcohol se vienen conociendo por los responsables de la sanidad pública mucho antes del 2006. Por tanto obedece solo y exclusivamente a una estrategia política para acallar las alarmantes cifras de incidencia en sectores sociales muy vulnerables, tal y como se recoge en el texto original: aumento de intoxicaciones por alcohol entre menores de 14, 13, 12, incluso de 11 años. Dato éste sobradamente alarmante por si solo. No creo que hubiera voluntad política de abordar el problema de fondo, solo el de controlar ciertos consumos en sectores determinados. El anteproyecto ha servido, como imagino estaba previsto, para sondear la reacción de las partes implicadas y así tener un mejor conocimiento de las actuaciones futuras. Nada despreciable por cierto, ya que ha propiciado el debate público y social. Ha servido para conocer de primera mano la reacción de los agricultores, productores, distribuidores vendedores, consumidores, comunidades autónomas e incluso la de los medios de comunicación, también afectados en gran medida por lo que les reporta en ingresos por publicidad. Lógicamente sectores estos muy críticos con la iniciativa, que además iba a ser un filón para la oposición, contar con el enfado de los mismos para intentar llevarse esos votos tan importantes ante los próximos comicios electorales. Por tanto una vez sondeados y tomado el pulso a los interesados, ya no tiene sentido político mantener la propuesta de ley. Es decir, predominan los intereses económicos y políticos sobre los sanitarios y de los afectados, aunque somos mayoría, pues sólo una pequeña minoría es consciente de que lo son.

Como afectado, solo decir que no entiendo como se pretende hacer una ley para evitar un problema que oficialmente no existe, es decir, hablar de prevenir el alcoholismo, cuando el alcoholismo ni siquiera esta reconocido como enfermedad por el Sistema Público de Salud me parece perverso y de un hipocresía galopante. Me explico, como enfermo no solo no tengo derecho a baja laboral, si no, que es motivo de escarnio público y de despido en la mayoría de las empresas. Ningún médico en Andalucía puede dar una baja por alcoholismo. El Alcoholismo o Síndrome de Dependencia Alcohólica no figura en el protocolo de enfermedades del Sistema de Salud. En consecuencia pienso que antes que nada se nos debe un reconocimiento, un soporte administrativo donde se nos contemple como tales enfermos, antes que cualquier otro tipo de actuación al respecto. Caso flagrante de lo que digo es el caso de Carmen F. F., una enferma Alcoholodependiente, a la cuál fue retirada la patria potestad de sus hijos (Iván y Sara) y entregados en adopción a otra familia por los Servicios sociales de la Junta de Andalucía, por el hecho de sufrir la enfermedad. Se le reconoció su derecho a posteriori en el ámbito judicial y se condenó a la Junta a pagarle una indemnización por valor de 1. 400. 000 euros, que por cierto ni ha cobrado ni ha podido ver hasta el momento a su hijo Iván, Carmen F.F. se muere con un cáncer terminal en la actualidad en la más absoluta de las pobrezas. Por ahí deberían de empezar, por dignificarnos a los enfermos y reconocer el daño que se nos lleva causando de forma consciente desde hace muchísimo tiempo, demasiado.

Por último, como terapeuta, como profesional que gestiona un centro y una unidad ambulatoria especifica, que lo mismo que se recoge en el anteproyecto ahora retirado, se llevan años presentando iniciativas similares en los Consejos Rectores del Plan Municipales de Drogas, por manos de profesionales y colaboradores del tejido asociativo. Textos que recogían tanto la regulación publicitaria, como la necesidad de intervención en la atención primaria etc.

Conviene no caer en la tentación de mezclar consumo y enfermedad, aunque intrínsicamente relacionados, su abordaje es bien distinto. Las iniciativas de prevención recogidas en el frustrado anteproyecto eran muy interesantes y valientes sin embargo quizás no tanto su modo de implantación, entiendo que debería de ser de forma gradual y dejando las punitivas para que una vez pasado un tiempo suficiente, las medidas reeducadoras pudieran corregir los hábitos de consumo. También se hecha de menos en el texto la contemplación de la figura del “Bebedor Pasivo”, aquel que sufre las consecuencias de forma indirecta o directa, así como la creación de un soporte institucional que vertebre los innumerables recursos actuales en un proceso de atomización que roza la ineficacia en si misma. Etc. Etc. Concluyendo: “El anteproyecto, desde mi punto de vista, no era más que un burdo intento de responsabilizar a otros de la ineficacia de unas políticas educativas, sociales y sanitarias que competen a los poderes públicos, para erigirse de forma perversa en salvadores del mal que ellos mismos han propiciado”


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