No soy imparcial en esto que escribo, ni lo quiero ser. Ante la injusticia, la ignominia cometida contra esta mujer y sus hijos, no quiero ni puedo ser imparcial. Escribí sobre su caso el 18 de enero de 2006- En la ventanilla /sección Andalucía: “Condenados por Incompetentes”/ encontrareis el articulo, si os interesa saber sobre éste caso.
Ahora, desgraciadamente la rabia, la impotencia es de nuevo la que me lleva a traer a Carmen a éstas líneas. Carmen se muere, Carmen se muere sin poder ver a uno de sus hijos; El cáncer la consume en su lecho de muerte. Sufre a causa del dolor administrado por la indiferencia e incompetencia de una administración que la asesina muy legalmente. Carmen se muere en la indigencia.
Hospitalizada muy grave con un cáncer terminal y teme morir sin poder despedirse de su hijo, Iván de 14 años, al que no ve desde hace diez años. La Audiencia de Sevilla condenó en enero de 2006 a la Junta de Andalucía a abonar 1.703.000 euros a Carmen Fernández por su «largo y tortuoso calvario» durante los diez años que pasó sin sus hijos, entregados en acogimiento a otra familia porque la madre padecía alcoholismo.
Sin embargo, la mujer no ha cobrado aún ninguna cantidad porque la Junta recurrió al Tribunal Constitucional, que la semana pasada admitió a trámite el recurso de amparo, por lo que es previsible que pasen varios años hasta que se produzca la sentencia definitiva. Las citadas fuentes dijeron que Carmen Fernández sobrevive en precarias condiciones económicas y se encuentra hospitalizada porque su padecimiento oncológico se ha agravado en las últimas semanas.
La mujer «teme que, pese a tantísima lucha desde septiembre de 1996, no pueda siquiera ver a su hijo antes de fallecer» (ABC Sevilla 9- febrero de 2007)
Estoy demasiado cansado de ver a ex alcohólicos como yo, negarnos una y otra vez, la posibilidad legítima de nuestra recuperación, de que se nos condene en vida a llevar el estigma de nuestra enfermedad como la vergonzante estrella de David con la que los Nazis marcaban a sus victimas judías, despojándolos de cualquier derecho, incluido el de la vida.
A Carmen como a otras muchas enfermas y enfermos, se le dictó sentencia el día en que se la consideró alcohólica, y Carmen se nos va en silencio, un silencio que a mí en particular, me hiela el alma y me renueva la firme convicción de seguir trabajando por la dignificación de de los que sufren o hemos sufrido esta enfermedad. Esté holocausto alcohólico, silencioso y numeroso, no debe de continuar ni un día más.
Miércoles, 15 de febrero
Raúl González Zorrilla
Pedro Rizo
Carlos Ruiz Miguel
Avelino Vallina
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Miguel Barrachina
José Pómez