La ventanilla de Alberto Matilla

El cambalache de los mediocres

20.08.06 | 19:45. Archivado en Educación, Emociones Compartidas
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Cada vez que leo, escucho o veo, la noticia sobre la muerte de un niño, el de una anciana o anciano, por el olvido, dejadez o sencillamente por el egoísmo de quienes solo perciben la vida desde una perspectiva endogámica, me entristezco profundamente. Esto no me convierte ni en mejor ni en peor que los demás, solo quizás albergo una sensiblería infantil, de quién siendo un día niño, todavía añora dulces besos no encontrados.

Cuando la noticia es sobre un “vagabundo” “sin techo”, llámenle como quieran los maestros de la semántica reparadora y burlona. Un ser humano, un “cristo silencioso” engullido por la vorágine consumista, hedonista y consumidora. Ahogando su desgracia en alcohol, siendo diana de la violencia gratuita, vil y cobarde; entonces no es tristeza lo que siento, es rabia, sí rabia e impotencia. Rabia por el desmán cometido, e impotencia porque tengo la certeza que nadie llorará una mísera lagrima por él, o por ella.

Aún mantengo en mi retina a la chica que fue quemada en un cajero, su “casa” su cobijo, por unos adolescentes, que a buen seguro están hoy día en sus cómodos hogares. Y saben, de esa imagen que tanto se repitió en la televisión ¿que quedó?, pues que a partir de entonces, las sucursales bancarias iniciaran unas reformas de sus servicios de cajero, modificándolos, evitando así, que se convirtieran en “Refugios de mendigos” ¿Lo han notado?. Así somos, y así responde nuestro estado del bienestar ante los más vulnerables.

Entre preocupación y admiración es lo que siento ante los inmigrantes, cada día más y más entran por nuestras fronteras, los más desvalidos y pobres, bien en “Cayucos” bien en el fondo de los camiones, o bien saltando vergonzantes alambradas. Nosotros les respondemos con medios represivos o con repatriaciones precipitadas. No son culpables los que arriesgan su vida para conseguir dignificar su vida, pero sí quienes les venden que en España nadamos en la abundancia, quienes regularizan en masa solo con intenciones electoralistas y quienes viven alejados de la realidad de la calle y de los hogares españoles. Nadie habla de nuestros millones de pobres. ¿Pobreza relativa? Quizás, pero pobres al fin y al cabo.

Los Españoles, somos cada día mas pobres, no solo por lo que dicen las cifras económicas, el nivel de endeudamiento y la perdida de poder adquisitivo, eso es evidente. Nunca en España hubo tan pocos con tanto y tantos con tan poco. Sobretodo somos cada vez más pobres en nuestro capital de valores, en respeto, en alegría, en educación, en cariño, en calor familiar, en lágrimas y en sonrisas.

Sigamos maltratando a nuestros hijos, a nuestras esposas y maridos, abandonando a nuestros ancianos, quemando y apaleando a nuestros mendigos, pero hay cosas que no se pueden regular por ley, sino con educación, ejemplaridad, valores y moral. Y no me refiero a la moral mojigata de la hipocresía carnal, si no a la moral impúdica de quien goza a base de la indolencia de su prójimo.

Sigamos pues, fingiendo que el dolor de los demás no es cosa nuestra, que todo vale por dinero. Robemos al mas débil, aunque sea nuestro hermano, ¡que más da! con dinero compraremos la justicia que necesitamos y la conciencia también.

Hay cosas que no cambian, ya lo decía Gardel en su archiconocido Cambalache:

Hoy resulta que es lo mismo, ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso estafador. Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor….
Y es que nada justo y decente, puede salir de una clase política, donde solo se gobierna para favorecer el cambalache de los mediocres.


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