Los límites estructurales del socialismo
21.06.08 @ 21:23:58. Archivado en Economía, Socialismo, Internacional
Cada vez que un socialista se enfrenta a debates sobre la organización de la sociedad, el mercado de trabajo y el sistema económico, el discurso al que se enfrenta normalmente recurre a una Ley de la gravedad, vistiendo de inevitabilismo lo que solo son visiones personales de la realidad. Tengo dicho muchas veces que la Ley de la gravedad existe, sí, pero es una fuerza más, que hay que tener en cuenta, pero que no debe marcar el rumbo de la sociedad veleta que no tiene en cuenta todas las fuerzas existentes, incluído el egoísmo irracional o intereses draconianos que se confunden con la profesionalidad de empresarios capaces.
A mi cuando me hablan de inevitabilismos, para defender el encerrar contra su voluntad a los inmigrantes hasta durante año y medio, o para ampliar la jornada laboral hasta las 60 o 65 horas, siempre recuerdo que la voluntad de construir una sociedad más justa puede enfrentarse a limites físicos, pero que dicha voluntad, en si misma, no puede ser cuestionable para alguien como yo, que se suele poner en la piel de los demás.
Desde mi punto de vista, estamos todos dentro del mismo barco, y si el barco hace aguas, puede que el barco se hunda, pero mientras eso no sucede, pediré que todos se pongan en fila para tapar todos los agujeros, aunque sea con nuestras propias manos; los problemas existen, pero no es justo que unos paguen más que otros. No es un debate práctico, es un debate ideológico.
El que no arrime el hombro habrá que preguntarle porqué, y no, las razones prácticas no me sirven. En un barco, si todos se ponen a achicar agua y uno no lo hace, puede acabar expulsado por la borda, por egoísta y traidor.
Ahí también entra el papel del capitán del barco; él responde por toda la tripulación, y por eso se suelen hundir los últimos con el barco. De ahí venía el honor y la dignidad de los responsables públicos, ellos responden por todos, y no es un privilegio, es una responsabilidad, de esas cosas que hace tiempo no provocaban solo placer, si no tambien esfuerzo, y eso mismo era una seña de honorabilidad, sostener sobre sus hombros el futuro de todo un colectivo al que representa. Era cuando aún se les llamaban "servidores del pueblo".
Las últimas directivas, en trámite, o aprobadas, en la UE no me parecen correctas; cargan sobre los hombros de los más débiles, de los que siempre son víctimas, la responsabilidad de la situación, mientras otros (unos pocos) se aprovechan.
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