El blog de Agustín Conchilla

El sacerdote de la parroquía de Navas de San Juan cierra las puertas a los feligreses durante una ceremonia a enlace matrimonial

15.11.11 | 22:38. Archivado en Artículos de opinión

El sacerdote de la parroquia de Navas de San Juan cierra las puertas de la iglesia San Juan Bautista durante el oficio de un enlace matrimonial y deja a decenas de feligreses en la calle.

El cura de Navas de San Juan, D. Bartolomé Martínez, el mismo sacerdote que en primavera creara polémica desigual entre su mandato y el de la Cofradía de la Virgen de la Estrella, cierra las puertas de la Parroquia de San Juan Bautista a feligreses, seguidores y testigos del encuentro cristiano, a fecha 12 noviembre 2011. El lamento se extiende a quienes por azar del destino se hubieran distanciado del séquito; así como a quienes llegaban por distintos itinerarios e intentaban acceder al interior del templo sagrado y se topaban con unas gruesas puertas de madera, a cal y canto.

El malestar ensombrecía los semblantes de mujeres y hombres que emocionados se dirigían al evento, bajo el manto y el relucir de sus mejores galas. Pese a ello, la cara es la expresión del alma, expone el dicho popular. Por ende, a través de ellas se apreciaba palpable incomodidad que devenía al momento mismo de empujar y comprobar que las puertas se mantenían bloqueadas. El materialismo del bloqueo recaía sobre la mano del bueno del sacristán, quien con bastante dificultad se aupaba sobre sí mismo y desplazaba un cerrojo de grandes dimensiones. Mientras tanto, desde fuera del recinto se escuchaba el resonar que en el interior, para amenizar el evento, protagonizaban las guitarras, las panderetas, el cante rumbero y los aplausos que distintos seguidores, los más afortunados, lanzaban a la excelente labor artística del grupo rociero de la localidad.

No obstante, entre quienes intentaban acceder al interior de la iglesia y no lo conseguían se escuchaban duras discrepancias, aunque también comedidas y cristianas, contra las acciones restrictivas de un párroco falto de sensibilidad: “La casa de Dios no se cierra a los hijos de su gloria”, se escuchaba, entre otras frases de mayor y menor resonancia. Los feligreses de Navas, aunque también de diversas localidades, se quejaban al sacristán; quien sin atreverse a involucrar a su jefe, por respeto a las decisiones eclesiásticas, respondía humildemente: “Llevo treinta años atendiendo las necesidades de la iglesia y jamás vi algo similar”.

Por el contrario, quienes forzosamente se habían quedado fuera del recinto católico continuaban lamentando el actuar del párroco en educados, eso sí, modos dialécticos. Mientras tanto, la chiquillería advertía de la existencia de una pequeña puerta que desde el otro extremo del muro, presuntamente de acceso privado o de servidumbre, daba al interior y a más de uno de los cabreados serviría de acceso al recinto religioso. No obstante, y pese al cabreo inicial, seguidores de dentro y de fuera habían encontrado el pasadizo de satisfacción a la libertad que acrecentaría a la salida de los novios con un emocionante espectáculo de tracas y fuegos artificiales.

Agustín Conchilla


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