A LA MEMORIA DE BLAS INFANTE EN EL 72 ANIVERSARIO DEL FUSILAMIENTO DEL PADRE DE LA REGIONALIDAD ANDALUZA FEDERALISTA DEMOCRÁTICA
Blas Infante Pérez de Vargas nació en la placidez del pueblecito de Casares, Málaga, el 5 de julio de 1885, aunque moriría asesinado a la temprana edad de los 51 años, por simplicidad ideológica; a manos del fascismo que le sacaría de casa, le encarcelaría, le torturaría y le fusilaría el 11 de agosto de 1936, sin juicio ni sentencia previa, a la altura del kilómetro 4 de la carretera de Carmona: Blas Infante caería abatido por las balas del totalitarismo falangista que fundara José Antonio Primo de Rivera, y que diera a conocer en el Teatro de la Comedia de Madrid, el 29 de octubre de 1933. Cuatro años más tarde del fusilamiento de Blas Infante, sin embargo, el Tribunal de Responsabilidades Políticas del nuevo régimen que creara el propio fascismo y encabezara el general Franco, después de la Guerra Civil Española, irónicamente le condenaría a muerte a través del fusilamiento... Así como a la realidad de una multa económica para sus descendientes: según testimonio biográfico que se recoge en documento acreditativo a fecha 4 de mayo de 1940, en Sevilla. En cuyo texto, entre otros, “presuntamente consta sobre letra impresa”: se le condena porque formó parte de una candidatura de tendencia revolucionaria, en las elecciones de 1931 y en los años sucesivos hasta que en 1936 se significara como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz. Hoy, en cambio, como consecuencia de aquel exterminio Blas sigue entre nosotros tan vivo y tan lúcido como lo siguen estando los exterminados e ilustres poetas: García Lorca y Miguel Hernández. Y aunque Blas Infante no consiguiera apartar la tiranía eclesiástica de los andaluces –palabras atribuidas al propio Blas Infante- ni despojar la opresión del feudalismo de tierras que les fueran entregadas por la reconquista, para repartirlas entre los verdaderamente originarios y únicos merecedores propietarios: clase trabajadora… Blas sí consiguió, en cambio, expandir el propósito ideológico que heredara de los movimientos republicanos y federalistas del siglo XIX. En consecuencia, hoy puede descansar en la paz del orgullo porque su lucha federalista no caería en saco roto, ni aquel ansia de liderazgo y libertad evaporaría con su exterminio; ni su sangre se derramaría en vano: oficialmente se le considera el “Prestigioso” Padre de la Patria Andaluza: máximo ideólogo del andalucismo federalista-regionalista-andaluz.
La pérdida del gran ideólogo y pensador: Blas Infante, sin embargo, sí sería significativa para las directrices regionales-republicanas-federalistas-andaluzas; y lo sería porque además de la alta humanidad, a él le envolvía una gran vitalidad, con cual alternaría la política con varias profesiones y aficiones: notario, historiador, antropólogo, musicólogo, escritor y periodista. Blas Infante, además, acogía un profundo sentimiento de humanidad, a través del cual concebía un grandísimo respeto e igualdad social, con cuales criticaba a los latifundismos por inmerecidas posesiones que les otorgara la dinastía durante y después del surgir del renacimiento: Reconquista Española. Otorgamiento a privilegiados que acrecentarían la esclavitud, la penuria, la injusticia, la miseria y la desigualdad de clases marginadas, bajo yugo de doctrina impositiva a sobreexplotación religiosa y feudal. Blas Infante conocía bien aquellas deficiencias que le provocaban sufrimiento al paso de obreros enjutos, rugosos o huesudos, de orejas despobladas y cuencas profundas. En cuyas facciones se apreciaba el sufrir humano que las gentes humildes arrastran por falta de recursos económicos, con cuales abastecer sus necesidades y las de sus familias. Ante aquella terrible, pero certera visión, Blas Infante indignaba; aunque la carencia e ingrata hambruna que hubieran de soportar los jornaleros bajo aquella miseria, vileza y opresión, así como en el doblegar social, político y religioso, seguiría manando a raudales de la sinrazón socio-feudal-andaluza. Ello pudiera motivar a concebir parte de los factores determinantes que arraigaran en el sentimiento liberal de Blas Infante; así como en su imperante planteamiento de abrazar una España Republicana Federal, que pudiera derivar de la injusticia social y del hambre que él mismo veía bajo trágica opresión eclesiástica y latifundista. Opresión que además derivaría en represión e injusticia social para el conjunto socio-laboral de una región colmada de fortunas: extensas, ricas y fértiles tierras en provecho, propiedad y usanza a esclavitud por privilegiados e impositores feudalismos andaluces.
Blas Infante llegó a editar catorce obras literarias, aunque se dice que llegó a escribir más de tres mil manuscritos. En la primera obra que se le cataloga de importancia: “Ideal andaluz” 1915, expone su particular visión de la historia y de los terribles problemas que adolecen a las regiones andaluzas del siglo XIX. Aunque su mayor preocupación sobreviene a la injusticia de una comunidad indefensa e inhumanamente oprimida y avasallada por un caciquismo que perduraría durante muchos siglos. Aunque a través de mi estudio he podido ver y analizar que a casa de Blas Infante no llegaría la hambruna campesina, ni por su familia pasarían los elementos de necesidad económica ni gastronómica más inmediatos… Aun así, y aunque el desgarro del hambre no llegara a las familias acomodadas, el propio Blas Infante sí dejaría de asistir al colegio por carestía e insuficiencia económica en toda Andalucía... No obstante, por ello conocería los apuros del 98; apuros que una vez más se cernerían de lleno sobre las míseras gentes del pueblo andaluz. Gentes habituadas al pisoteo de los derechos humanos y al soportar de una crisis tras otra, a las que ahora les sobrevenía la gran crisis económica que arrastraba España por la pérdida de las colonias americanas: como consecuencia directa de innumerables gastos de guerra que vapulearían la estabilidad económica del país. Aunque sobre todo vapulearía, aún más, la escasa estabilidad de la clase trabajadora andaluza que perecería bajo opresión, hambruna y marginalidad en cuna de extensa y rica tierra andaluza y extremeña; en buena parte dedicada al pastoreo en miles y miles de hectáreas, propiedad mayoritaria y exclusiva del caciquismo latifundista andaluz.
Anteriormente, por consecuencias análogas, arraigadas e históricas, incluso años antes de que Blas Infante llegara al mundo, el propio pueblo gaditano se rebelaría un 4 de diciembre de 1868, bajo dirección de Fermín Salvochea y Paúl y Angulo. A quienes se sumarían varias provincias andaluzas que también se rebelarían contra el Estado Centralista del siglo XIX: por falta de respuesta a sus demandas sociales y autonómicas; motivadas por la frustración de una revolución burguesa que acabaría con la monarquía absolutista. Un año más tarde, en 1869, a pesar de la brutal represión que la población recibiera de manos del ejército, la resistencia liberal conseguiría constituir la Asamblea Federal de las Provincias de Andalucía, Extremadura y Murcia, en la ciudad de Andujar. Del mismo modo que anteriormente lo hicieran las Juntas Supremas de Andalucía: 1835, para declararse insurrectas contra el gobierno centralista. No obstante, una vez más serían cruelmente reprimidas por el ejército, aunque la idea del federalismo republicano iría tomando fuerza y ganando adeptos; hasta que en 1873 se proclamara la I República Española. Sin embargo, sería un mandato corto y de tropel acaudalado: once meses después de instaurarla sería derrocada por el general Pavía que irrumpiría en el hemiciclo a lomos de su caballo blanco. Con ello claudicaría el primer intento gubernamental republicano que se caracterizaría por la inestabilidad política y social, con añadidura de violencia general que envolviera al territorio español. Aunque quizás hubiera de destacar que en tan breve periodo, la I República sería gobernada por cuatro presidentes distintos, hasta que por tales desavenencias o vacíos de poder fuera abortada por el Golpe de Estado del mencionado general Pavía; y automáticamente implantara la instauración de república unitaria dominada por el Duque de la Torre. Además, aquel período estaría marcado por tres guerras civiles simultáneas: la Tercera Guerra Carlista, la Sublevación Cantonal en la Península Ibérica y la Guerra de los Diez Años en Cuba. Los problemas más graves, sin embargo, para la consolidación de aquel régimen serían la falta de verdaderos republicanos, la división entre federalistas unitarios y la falta de apoyo popular.
Los años siguen avanzando, aunque también la marginalidad, la miseria y el paro acrecientan la inestabilidad regional y nacional; los federalistas andaluces se reúnen en Antequera donde aprueban el proyecto de constitución para Andalucía y la proclaman soberana y autónoma. Con ello, a pesar de las dificultades históricas, poquito a poco se van apilando las piedras sobre la base de un muro robusto que les llevará a la Asamblea de Ronda, 1918. Aquella asamblea sería impulsada por el propio Blas Infante, y en ella se aprobaría el símbolo del escudo y la bandera de Andalucía: primera asamblea regionalista andaluza que se inspira en la Cantonalista Constitución Federal de Antequera, 1883 (2008 conmemora el 125 aniversario de aquella constitución); en la que se establecen las bases a seguir por el andalucismo para obtener plena competencia de autonomía andaluza. En ella también se aprueba la propuesta de Blas Infante para adoptar una bandera verde y blanca, documentada en al-Ándalus desde 1095, así como un escudo con el Hércules, inspirado en el de la ciudad de Cádiz, a cual llamarían las insignias de Andalucía. También se establece un programa confederal que asume la Constitución de Antequera, 1883), aunque todo ello sería suspendido por el levantamiento militar del general San Jurjo, en julio de 1936. Y con la consolidación del nuevo golpe de estado se acabaría con las aspiraciones autonomistas y también con la propia vida del padre e ideólogo del federalismo andaluz: Blas Infante. Así como con sus pensamientos filosóficos y su carácter humanitario sobre la carencia y la injusticia social que indignamente envolviera a los jornaleros de las regiones andaluzas, a quienes el propio Infante aludía en igual o similar expresividad: "Desde la infancia tengo clavada en la conciencia esa visión sombría del jornalero al que he visto pasear su hambre por las calles del pueblo". O aquella otra frase que también se le autoría: "Mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano. Creo que por nacimiento, la naturaleza señala a los soldados de la Vida el lugar en donde han de luchar por ella. Yo quiero trabajar por la Causa del espíritu en Andalucía porque en ella nací. Si en otra parte me encontrare, me esforzaría por esta Causa con igual fervor. Humanidad que expresa con bastante más claridad en 1933 cuando propone que la melodía religiosa del canto jornalero, Santo Dios: Himno que cantaban los jornaleros al terminar el día de trabajo, fuera el Himno de Andalucía, aunque cambiando la letra por un texto suyo. Este himno, con la bandera y el escudo que previamente eligiera la Asamblea de Ronda, serían los símbolos institucionales andaluces, y lo siguen siendo según el artículo 6.2 del Estatuto de Autonomía de Andalucía de 1981, ratificado en la modificación del Estatuto Andaluz de 2007: Andalucía tiene himno y escudo propios que serán aprobados por Ley del Parlamento de Andalucía, teniendo en cuenta los acuerdos dictados sobre tales extremos por la asamblea de Ronda de 1918, y por las Juntas Liberalistas de Andalucía en 1933.
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pol las voladoras nos dominan aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa socoroooooooooo loli la ca ca nos aviso aaaaaaaaaaaaaa¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
yo soy andaluz y eso me da exactamemnte igual jajaajajaj
Buen articulo. He comentado paradigma entre Cataluña y Andalucia a partir de Blas infante: www.llibertats.cat
Salú
Viernes, 25 de mayo
Mª Rosario Aldaz Donamaría
José Pómez
Javier Orrico
Juan Carrasco de las Heras
Juan Luis Recio
David Felipe Arranz
Ángel Sáez García
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
Patricio Peñalver
Atticus-444
José Lozano Galera