EL GATO, LA RATA, LAS ENAGUAS Y LA MUJER DE LAGARTERO
Torpedo cogió la botella, empezó a rellenar los vasos, llevó el suyo a la boca y absorbió un pequeño trago; depositó su vaso en la mesa y cabizbajo y ausente, dijo:
—¿Has analizado el actuar del Tieso para con el reparto de la carne?
—Sí, y créeme, ese tipo de personas no me gustan nada, pero que nada de nada.
—El jamón que te puso estaba destrozado: las nueve postas que le lanzaste con el segundo cartucho lo alcanzaron de lleno.
—¡No me lo recuerdes…! Si hubieses escuchado las palabras de Asunción cuando lo examinó para guardarlo en el frigorífico... La carne estaba más negra que el hollín. Asunción me dijo de todo y, me gritó: ¡Esa basura no la quiero en mi casa! ¡Y si no la tiras tú, lo haré yo delante de tus morros! ¿Me oyes?
—Claro, y no me extraña, con el genio que tiene...
—¡Qué si tiene genio...! El otro día me dejé el sumidero abierto y salió una rata. Asunción la vio junto a la jaula del canario y en defensa del pajarito le pegó a la rata un escobazo que la partió por la mitad. Aunque lo peor de todo es que Asunción anda muy alterada, ¿sabes? Yo tengo miedo de que coja la maleta, se suba al primer coche que pase por Aldea Chica y no afloje ni en las curvas. Torpedo mío, si supieses cómo está el horno...
—Paciencia y, a lo hecho pecho —animó Torpedo.
—Paciencia… Bueno… Aunque creo que eso es otro cantar... Lo que realmente quise decir es lo mal que le supo aquello de ver la carne tan fea. La carne parecía descompuesta o chamuscada; y aunque Asunción gruñó y maldijo, yo no me enfadé con ella porque creo que llevaba razón, ¿sabes?
—Asunción es mujer de carácter fuerte.
—De carácter fuerte… Cuando Asunción se enfada es un bicho de mujer, ¿sabes, Torpedo? Sí, Torpedo, si; si la hubieses escuchado… Me reprochó que si para esas porquerías arriesgo la seguridad de mi casa, de mi familia y también la estabilidad conyugal.
—¡Jolines con Asunción! Aunque claro, ella no tiene la culpa. La culpa la tiene el vago del Tieso que es un patachula, egoísta, interesado y no conoce los escrúpulos ni la solidaridad, ¿sabes? Pero algún día, Lecherito... ¡Ay Señor! Algún día...
—Sí, Torpedo, yo también lo sé pero las camorras no conducen a nada bueno. Y si no acuérdate de la pelea que hubo el mes pasado, entre Lagartero, el mulero de don Germán, el señorito, y Leopoldo, el cuñado de Vicente, el casero de don Luis, el boticario.
—Sí, algo de aquello me dijo Páula pero, ¿por qué se pelearon, Lecherito?
—Se pelearon porque la perra corrió tras el gato, y Lagartero que no se pierde una, vio al chucho perseguir a lo que consideraba suyo e insultó a Leopoldo. Leopoldo mandó a la puñeta a Lagartero y los dos se dieron bofetadas y porrazos hasta por delante y por detrás de las macetas de las ventanas.
—A veces creo que los hombres somos tan animales que no reparamos en prejuicios, y…
—Sí, pero eso no fue todo. Torpedo. Aunque por si aquello no fuese suficiente, y como de bestias no anda el mundo exento, también las mujeres se agarraron de los pelos. Bueno, de los pelos... Cómo sería la gresca que dejaron la calle más sucia que los sábados la dejan los puestos del mercadillo: aquí una enagua, más allá la falda; girabas de costado y encontrabas un sujetador, un mechón de pelo, unas bragas descuartizadas...
—¡Qué vergüenza...!
—Sí, Torpedo sí, eso es para que tú veas quiénes somos y cómo actuamos los humanos. Y el caso es que antes de la pelea, Leopoldo, Lagartero y las mujeres se llevaban como hermanos, ¿sabes? Incluso hay quien dice que se inflaban de vino, disfrutaban de orgía y se acostaban juntos, en cama redonda...
—Jolines, Lecherito, a veces también yo pienso que hablando podríamos evitar encontronazos y preservar la amistad...
—Sí, porque ahora ya ves, Lagartero está en el hospital con un pulmón perforado por la cuchillada. Su esposa tiene tres costillas rotas y la vergüenza de correr ensangrentada y desnuda por la calle, y con las carnes grasientas y tan bofas que los curiosos disfrutaban con mirarla a ella, más que con el conjunto de la pelea.
—¡Qué bonita escena tuvo que ser aquella…
—Bonita… Mi querido amigo, las peleas no deparan en nada bueno, y antes de enfrentarnos a ellas deberíamos hacer todo cuánto estuviese a nuestro alcance para evitarlas, ¿o no?...
—Sí, claro, Lecherito. Pero yo no me achico. A mí quien me busca me encuentra...
—Leopoldo también decía eso y ahora pregúntale a ver que piensa: desde aquel día camina con muletas, ¿sabes? O puedes preguntarle a la bestia de su mujer que tuvieron que afeitarle una mecha de pelo para darle siete puntos de sutura. ¡Aunque no veas qué bicho de mujer...!
—Sí, sí, es cierto: ésa sí que es un bicho de mujer...
—Y tanto que lo es, Torpedo: cuando llegó a casa se miró al espejo y por el despojo de pelo volvió a la consulta y pateó al médico y al practicante. Casi nada, Torpedo, ahí no se escapó ni el gato.
—¡Qué fastidio…!
—Fastidio dices… Y todo porque el chucho ladró y corrió por la calle al Siamés que, además tiene más pelo y es más feo que la alfombra que me regaló la suegra, en mi primer aniversario...
Sábado, 18 de febrero
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Paulino Toribio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català