El anciano leñador enmarcó una sonrisa gratificante, pícara o de granujilla. A mí, en cambio, se me disparó el corazón, ayudado por una leve esperanza del saber y del conocer que aproveché para la ocasión...:
—¿A quién buscaban, tío? ¿A usted...? ¿Por qué? ¿A caso conoció usted al misterioso desconocido…? ¿O fue usted aquél supuesto leñador que una noche, en la década de los cincuenta-sesenta, solito o en compañía cortara y se llevare a casa la leña del chaparro de la Bandera?
El anciano pestañeó repetitivamente, y casi en estado de histeria, respondió:
—¡Sí, sí, fui yo, nene, fui yo! Pero, ¡chiquillo, qué quieres que te diga, aún no sé por qué le dieron tanta importancia!: el chaparro no verdeaba ni florecía... Jamás lo vi con bellotas y el tronco estaba tan seco que cada vez que yo lanzaba el hacha rebotaba en la madera y casi me pegaba en la cara.
El anciano se bloqueó, incluso yo diría que por momentos se olvidó de mí y de mis extravagantes preguntas: su mente parecía estar en otro mundo, otro sinsabor u otro tiempo; quizá de ingratos recordatorios... Yo guardé silencio; un silencio respetuoso con aquél anciano de ojos pequeños: ojillos de perdiz; nariz aguileña y rostro labrado por un sin fin de arrugas superpuestas y entrelazadas, presuntamente causadas por un alborotado gozar de sufrimientos. Aunque la curiosidad no tiene límites y dada mi juventud, el cambio político que ya reinaba y el tiempo que desde el suceso transcurriera...
—No tenga usted miedo, tío —le dije—. Eso que tanto teme usted, en caso de que en su día hubiera sido falta o delito, a estas alturas de la vida ha prescrito, y bien prescrito, ¿sabe usted? La ley o sus agentes ya no pueden hacerle nada.
Pero su inmediata respuesta me desconcertó, aún más.
—¡Pisss! ¡Calla, nene, calla!... ¡Y que ha prescrito, dices…! ¿Quién…? No será… ¡Ah, coño, claro...! Pero ése… ése no puede ser; nene, a ése lo fusilaron por echar un cartucho de dinamita, con la mecha encendida, a la entresala del cuartel de la Guardia Civil: en venganza por que unos días antes apalearon a su padre...
—No me diga usted, tío: ése tuvo que ser un tío con dos pelotas…
—Sí, pero el que tú dices será otro... Aunque ése otro fulano… ¿Ése proscrito quién puede ser…? ¿Cómo se llama…? Dime, dime el nombre; anda, dímelo; aunque te advierto que los años no pasan de balde y bien sé yo que la vejez y las telarañas han pasado ya por esta escacharrada cabezota mía.
—Yo no le hablo a usted de personas proscritas, sino de prescripción de leyes.
—De leyes… No, no creas que soy tonto. Árboles más verdes han caído a mis pies. Sin embargo…, para qué mentirte, nene; a mí no me suena ni ésa ley ni ése fulano.
—Qué no es ningún fulano, tío…
—¡Ya, bueno…! Lo mismo he perdido el juicio a la vez que la memoria; o simplemente no conocí ni conozco a ése pieza. Aunque si me dices el mote lo mismo lo encuadro, por la familia, ¿sabes?
—Repito, no es una persona, tío, sino un fragmento de ley que por el excesivo tiempo que trascurriera, a estas alturas ya quedó sin valor: en vano, ¿sabe usted?
—Nene, tú si que andas en vano y sin valor; pero sabes, lo que sí recuerdo y jamás olvidaré fueron los días siguientes a la corta del chaparro: los civiles removieron todos los rincones del pueblo.
—¿Por qué, tío?
—¿Que por qué, nene…? ¡Dios, que por qué…! Por apalear… Si aquél día me atrapan, nene, seguro que me hubiesen enviado a uno de tantos campos de trabajo que Franco dedicare a castigo y tortura de sus enemigos: los republicanos. O me hubiesen fusilado sin pestañear siquiera, cómo a tantos del pueblo, incluido mi propio tío, ¿sabes?
—Sí, tío, algo de aquello escuché, pero eso de campos de trabajo, aquí, en España… No estará usted confundido con los denigrantes campos de exterminio nazis: los de Hitler, en Alemania.
—¡Qué va, nene, qué va! No sé para qué has perdido el tiempo en la escuela. Es que no te enseñaron nada de historia, ¿o qué? Aunque si es así, mejor para ti, ¿sabes? Pero eso sí, nene… Creo que tú si que andas ignorante y confundido con tu propio entorno.
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Atticus-444
Paulino Toribio
José Pómez