El blog de Agustín Conchilla

Hambruna y desnutrición conllevan a trifulca y desazón

24.01.07 | 20:10. Archivado en Fragmentos narrativos
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Fragmento narrativo

Maribel gozaba de excelente o buena y fluida amistad con Petra; Petra disfrutaba de corpulencia rolliza, aunque en los últimos años, debido a la terrible hambruna, mermase su obesidad. Petra vestía un refajo que cubría hasta las hebillas del calzado, además de una chaqueta de lana que andaba más raída que los calcetines del tío Andrajoso: el tío Andrajoso no metía los pies en el agua por miedo a deshilar la composición de los calcetines. Sin embargo, Petra era algo más limpia, aunque el pelo, o lo que un día fuere rojiza melena, ahora estaba rapada: Petra la cubría con un recorte de tela floreada, al que llamaba pañuelo o pañoleta. Y así,exhibiendo aquellas "elegantes vestiduras" Maribel y Petra jugaban por las cercanías de la carretera del pueblo, aunque en aquellas chiquilladas se aproximaron demasiado al rótulo que enarbolaba junto a los álamos de la cuneta. Un rótulo que a los transeúntes anunciaba la ideología de quién o quiénes mandaban en el pueblo. Maribel y Petra jugaban junto al logotipo que en dirección al cielo mostraba casi tantas flechas como el indio americano, en su tiempo, llevare a la espalda. Además, quedaban fuertemente abrazadas por un doble yugo que nunca usaba ni usaría el labriego para cultivar la tierra; aunque ellas no conocían ni sabían interpretar los epígrafes incrustados, sí lo apedreaban para escuchar la resonancia de la chapa; y después, entre saltos y risas seguían jugando y buscando algo que llevarse a la boca.

La terrible hambruna que las jovencitas padecían las obligaba a buscar los huesos de algarrobas y melocotones, por basureros o cunetas. Maribel encontró una cáscara de naranja y se lanzó a por ella, en plancha. Aunque su amiga Petra también la vio y en semejanza e igualdad se arrojó a por ella.
—¡Dámela! —gritó Maribel— ¡Es mía!
—¡Yo la vi primero! —gritó Petra.
—¡Eso no es verdad, la vi yo primero!
—¡Eso no es cierto…!
Maribel forcejeó con Petra, aunque Petra era algo más fortachona y protegió al manjar. Maribel, en cambio, al ser más débil perdió la baza y la cáscara: entre la mano y la barrigota presionó Petra "la ristra de cáscara encarnada que perteneció al envoltorio de una exquisita naranja".
—¡Ojalá y te ahogues con ella! —dijo Maribel.
Pero Petra ya no escuchaba ni protestaba ni se enfadaba: a pequeños trozos y con desesperación la engullía, mientras Maribel la miraba con los ojos tan llorosos que parecía una tormenta humana.
—¡Primero la vi yo; es mía! —dijo.
—¡Qué más quisieras!
Petra mordisqueaba la cáscara de naranja con más gana que pena. En cambio, Maribel se relamía los dedos, los labios y recorría la barriga con la palma de la mano. A continuación llegó el silencio y cómo por inercia se miraron... Aunque poco, muy poco duraría la intriga: Petra siguió propinando buenas dentelladas a la cáscara: entre bocado y bocado se giraba y la protegía de maliciosas miradas. Sin embargo, cuando Maribel menos lo esperaba, Petra paralizó el rumiar y rompió el hilo de la distancia.
-Anda toma y come...


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