Consejos prácticos para la Jornada de Reflexión
07.03.08 @ 11:17:36. Archivado en Actualidad, Política
Antes que nada, hay que dejar claro que la Jornada de Reflexión, al igual que la fregona, la siesta y el certificado médico falso, es un invento típicamente español. Debido a nuestra sana costumbre de dejarlo todo para última hora, nuestra clase política se vio en la obligación de colocar una jornada de reflexión previa al día de elecciones con el fin de evitar que nos fuéramos todos a la playa y nos olvidáramos de votar…
La medida, en un principio, aunque parece razonable, nos parece peligrosa. Si, además de incitarnos a votar, nos obligan a reflexionar es que no conocen bien a su potencial electorado. En este país, cada vez que nos da por pensar es para escaquearnos de algo, no para asumir nuevas responsabilidades… faltaría más…
En todo caso, y dada la inmediatez de la jornada, aquí van unos humildes consejos para llevar la cosa de la mejor manera posible:
En primer lugar, en la Jornada de Reflexión hay que procurar levantarse tarde, alrededor del mediodía. No hay que olvidar que estamos hablando de un sábado. Y, eso sí, nada de bajar inmediatamente al bar con la excusa de leer el periódico gratis y hacer el sudoku. El sudoku requiere esfuerzo mental y debemos reservar nuestras neuronas para la reflexión política. Así que hay que bajar inmediatamente al bar pero sin excusas. O sea, porque sí. No hay que olvidar, repito, que estamos hablando de un sábado.
Una vez allí, nos deberemos poner en manos de nuestro camarero amigo:
“¡Qué te pongo?”
“Lo que quieras, no puedo pensar en otra cosa que en el sentido de mi voto”
“¿Te pongo, entonces, un chupito de lejía Estrella?”
“Una cosa te voy a decir: puedo pensar y patearte las tripas a la vez. Que lo sepas, listillo…”
“Marchando una cerveza para el caballero…”
Es posible que, durante tu reflexión, se te aparezcan imágenes de una niña con barba que te pide que pienses en su futuro o de un señor bajito, también con barba, que denuncie el bipartidismo y te diga “dame ‘argo’, que es mejor de pedir que de pactar”… También es posible que aparezca tu cuñado, votante de Falange de toda la vida… En cualquiera de estos supuestos, lo mejor es seguir bebiendo hasta, más o menos, las once de la noche.
La idea es alcanzar un estado etílico tal que, mirándote al espejo, aún seas capaz de pronunciar el nombre del primer partido político que se te venga a la cabeza. Ese será tu voto del día siguiente. Recuerda que sólo los borrachos y los niños dicen la verdad. Solo, o con ayuda del camarero, apunta en una servilleta el partido elegido. Te en cuenta que con la tajada que llevas es más que probable que el domingo por la mañana no te acuerdes de nada.
Una vez cumplimentada con éxito tu Jornada de Reflexión, tan sólo te queda una tarea por hacer: fabricarte un certificado médico falso para librarte de ser presidente de tu mesa electoral y poder quedarte en la cama todo el domingo abrazado a tu resaca…
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Eduardo Cruz
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