Un Sputnik que vino del frío
02.10.07 @ 08:16:44. Archivado en Ciencia y Ecología
Este próximo jueves se celebran los cincuenta años del lanzamiento del Sputnik, que no es un grupo de música punk, no. Yo lo he visto en una fotografía en un periódico y es un invento ruso: se trata de una pelota rechoncha que pesa más de ochenta kilos. Los italianos inventaron una cosa muy parecida, pero la llamaron Torrebruno, que se pronuncia mucho más fácil, dónde va a parar…
El Espuni ese, en su origen, iba a ser un cohete espacial. Claro, les salió una pelota de fútbol y no sirvió para justificar la inversión, porque eso ya estaba inventado.
“En esa mierda de pelota no nos cabe un astronauta, camarada”
“¿Y si metemos al Messi?”
“Es que aún no ha nacido…”
“Pues entonces, tírala…”
Y la tiraron… Bien lejos, por cierto… Desde Rusia, con amor. La pelota se pasó años dando vueltas por el espacio intentando localizar un sitio donde aterrizar en condiciones…Desde el principio, descartó España por miedo: recordemos que, hace cincuenta años, en España la familia Alcántara vivía feliz e ignorante de que estaba siendo permanentemente grabada para luego hacer una serie de televisión con su vida, Ana Obregón se licenciaba en Biología según su propia versión de los hechos y un equipo de arqueólogos desenterraba a Marujita Díaz en un yacimiento en las inmediaciones del municipio de Atapuerca… Como para acercarse…
Finalmente, la pelota rusa, fiel a sus orígenes y para tocar las narices, aterrizó en Estados Unidos causando no pocos estropicios. Un joven arquitecto que pasaba por allí vio aquella pelota toda espanzurrada y abollada por el impacto del aterrizaje y pensó “mira, la maqueta del Guggenheim de Bilbao…” Hay incluso quien, hoy en día, afirma que el actual lehendakari no salió de unas elecciones, sino del Espuni. Y que no es que quiera hacer una consulta popular, sino que lo que le pasa es que todavía está desorientado por el golpe y desde entonces repite la misma cantinela:
“Yo no reconozco este Estado. ¿Dónde está mi país?”
“Mucho ojito, Malaletxe, que eso que usted pregunta no es constitucional…”
“Pues si no puedo preguntar, díganme qué pinto yo aquí…”
“Y dale…”
Acto seguido, con la palma de la mano derecha extendida, separó los dedos corazón y anular formando una “uve”. Por si hay niños delante, voy a evitar contar cómo ese simple gesto fue el origen del “Pene-uve”…
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Eduardo Cruz
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