09.11.09 @ 20:26:23. Archivado en Política
Resulta cuando menos curioso que apenas veinticuatro horas antes de que Europa se aprestara a conmemorar con toda solemnidad el vigésimo aniversario del derribo del Muro de Berlín, aquí, en Madrid, un nutrido grupo de nostálgicos marxistas-leninistas elegían al secretario general del Partido Comunista de España. José Luis Centella se llama el nuevo líder, alumbrado como tal en el XVIII Congreso del PCE por expreso deseo del 85,2 por ciento de los delegados presentes. Luego, entre aplausos y vítores, Centella lo primero que hizo fue defender con ardor la vigencia del comunismo, toda vez que exhortó a sus correligionarios para hacer frente al capitalismo e instó a la movilización en la calle en favor de “un socialismo sin complejos”, dispuesto a ganar la batalla ideológica a la derecha.
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05.11.09 @ 22:47:23. Archivado en Política
Dicen que las furibundas declaraciones, en el diario El País, que dirigió Manuel Cobo contra Esperanza Aguirre tienen como trasfondo la lucha por el poder en Caja Madrid. A mí me parece (y perdón por la rotundidad de mi afirmación) una solemne tontería. El desahogo del vicealcalde de Madrid en el órgano oficioso de la socialdemocracia española responde a un antiguo y duro encono personal entre dos figurones, dos gallos de pelea, de la derecha nacional.
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04.11.09 @ 08:00:00. Archivado en Política
Martes, 3 de noviembre, a primera hora de la mañana tres noticias ─leídas una tras otra─, me hielan el ánimo. Tres noticias que en realidad son tres cifras, nuevas y originales, que contextualizadas tienen un alto valor simbólico. Son cifras con empaque, nada timoratas, sino más bien enjundiosas. Cifras con mensaje propio, que a la vez que nos informan también nos ilustran, enriquecen nuestro conocimiento y nos hacen pensar.
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03.11.09 @ 08:00:00. Archivado en Política
Más que triste es sombrío y descorazonador el espectáculo que se está dando desde los diferentes partidos políticos: desde luego, el de la corrupción es común a la mayoría de las organizaciones electorales. Esto tiene mucho que ver con el bagaje ético de nuestra sociedad, aunque sin duda es significativo la ejemplaridad que manifiestan los representantes ciudadanos y administradores de la cosa pública. Pero toda la perfidia no acaba aquí, sino que se derrama y extiende por todos los espacios y rincones de la vida institucional: se miente, se engaña, se difama, se prevarica, se presiona y chantajea, se manipulan los hechos, las intenciones y hasta las angustias de propios y extraños para obtener ventajas y beneficios propios. La vida pública se ha convertido en un gran bazar donde se ha puesto precio a todo, hasta al aire que respiramos. La justicia, las administraciones públicas, los cuerpos de seguridad del Estado, la sanidad, la enseñanza, el deporte, cualquier cosa en la que reparemos (hasta las organizaciones no gubernamentales) son pasto del canibalismo político, de los depredadores de lo ajeno y de los codiciosos irredentos. Poner freno a tanto desafuero se ha convertido en una quimera, en una empresa imposible por inverosímil, ya que la colectividad ha perdido la fe, no solo en Dios sino en el género humano. La miseria moral del hombre de nuestro tiempo llega a tal punto que prefiere delegar su voto en un sinvergüenza, un corrupto o un indeseable (porque sabe que será recompensado con las dádivas de quien no tiene su conciencia tranquila), antes que porfiar sus intereses a un hombre justo. ¡Ay, cuánta estulticia anida en las mentes de la gente simple! Y cuánta simpleza inunda los corazones de los infelices. Es preciso dar la espalda a los que nos prometen el paraíso o el estado de bienestar: nos quieren aherrojar con sus cadenas. La libertad exige un equipaje austero, si no su carga hace inviable el viaje por la vida. Despreciemos a los salvapatrias e ignoremos a los redentoristas que invocan nuestro derecho a pan, justicia y libertad. Todos ellos lo que pretenden es asegurarse la vejez y no volver a fichar durante el resto de sus días.
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01.11.09 @ 14:34:18. Archivado en Política
Son muchos los que, por ignorancia o bien por simplismo intelectual, reducen el paradigma de la actividad política a la dicotomía entre dos realidades funestas: o aceptamos el sistema democrático actual (con sus vicios y perversiones) o nos veremos arrojados a los brazos de unos dictadores que nos pongan en fila y marquen el paso de nuestras vidas. Craso error que no demuestra más que una prodigiosa cortedad de miras. Y es que entre una dictadura y una mala democracia existe un término medio muy beneficioso y equidistante de los mencionados extremos: una buena y auténtica democracia.
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26.06.09 @ 15:13:18. Archivado en Política
Cada día me cuesta más ponerme a escribir sobre los asuntos de actualidad que afectan a la mayoría de los españoles. Desde la última vez que lo hice para este blog han pasado muchas cosas, pero casi todas ellas en la línea de estupidez y zafiedad que viene caracterizando nuestra vida pública desde hace unos años. Aparte de los resultados electorales de los comicios europeos del pasado 7 de junio (que me parecen anecdóticos, porque difícilmente se puede extraerse de ellos algo que sirva para remediar la actual situación, salvo hacer conjeturas), y de la persistente contumacia de los terroristas vascos en seguir asesinando y extorsionando, poco o nada ha cambiado en el panorama nacional, si a caso para peor. Y no me refiero tanto a la evolución de los problemas mismos (crisis económica, aumento del paro, situación de la justicia o de la educación, contenciosos sociales...), sino al progresivo deterioro ético y moral que evidencia ese universo de dirigentes políticos, sociales, económicos y culturales, invadiéndonos día tras día a través de los medios de comunicación.
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04.06.09 @ 20:50:13. Archivado en Política
 Durante los más de once siglos que duró la civilización latina, Vesta fue acaso la diosa que mayor dificultad de visualización ofreció a los romanos de todos los periodos históricos. Identificada como diosa del hogar —el lugar donde nacían y se criaban los hijos, donde se les transmitía la memoria de los antepasados y se les enseñaban las tradiciones de la familia y la comunidad, y donde el padre ejercía su autoridad—, los romanos (Hestia era la equivalente en la antigua Grecia) simbolizaron en el fuego del hogar —la patria— el espíritu de los valores más sagrados e inmutables: por eso construyeron en Roma un templo que simbolizaba todos los hogares patrios dedicado a la diosa Vesta, donde se guardaba el fuego eterno. Y para proteger y cuidar de que este fuego nunca se apagara, los romanos decidieron —excepcionalmente— que fueran seis vírgenes sacerdotisas las encargadas de tan encomiable y honrosa responsabilidad.
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24.05.09 @ 21:26:21. Archivado en Política
Como tan acertadamente escribiera ayer en La Tercera de ABC el insigne erudito de la cultura clásica, Francisco Rodríguez Adrados, acerca de que «En Grecia, la democracia fue una respuesta a la opresión de los tiranos...», así es como ocurrió también (salvando las distancias) en España tras la desaparición del general Franco. Treinta y seis años de dictadura política y de cruel represión ideológica (después de tres años de terrible guerra civil y cinco de frustrante república parlamentaria), generaron el caldo de cultivo necesario para construir unas nuevas bases de convivencia nacional sobre valores tales como la libertad individual, la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, el derecho a la libertad de expresión y el reparto del poder, todo ello logrado mediante un pacífico acuerdo entre la mayoría de las fuerzas políticas. ¿Quiere decir esto que en 1977 los españoles eran demócratas convencidos? Pues, sinceramente, no; pero lo que sí tenía muy claro la mayoría de ciudadanos de entonces era que España estaba a la cola del bienestar económico, social y cultural de la Europa Occidental y del resto de países avanzados del mundo.
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13.05.09 @ 19:54:05. Archivado en Política
Los problemas de España no parecen tener solución. Me refiero, claro está, a los problemas de siempre, los antiguos, los que venimos arrastrando desde las Cortes de Cádiz; aquellos de la enemistad y el enfrentamiento a cara de perro de media España contra la otra media, la del trato hosco y zafio, la del insulto grueso y la descalificación lapidaria, la de la moral cainita e intolerante, la tradicional que presume de decencia y la progresista que se cisca en todo lo que huele a naftalina. La vida pública española vive atrapada en una caricatura de mal gusto, que representa una especie de sainete grotesco y cuyos personajes principales responden a estereotipos atrabiliarios o inefables idiotas. Nadie quiere deshacer este hechizo fatalista porque resulta fácil medrar a su costa: los buenos y los malos, el progreso frente a la reacción, la ilustración frente al oscurantismo. Menuda falacia y que gran patraña. Como si no hubiera pruebas sobradas de la multitud de canallas, analfabetos funcionales, zafios delincuentes e incompetentes vendepatrias por ambas partes. Este pandemónium le va bien a unos y a otros, a tirios y a troyanos, a rojos y a azules, a izquierdas y derechas. La gran batahola en la que se ha convertido la política nacional no es más que el remedo de lo que fue en otras épocas la encarnizada pugna por eliminarse (físicamente) los unos a los otros, y muchas veces lo consiguieron. No digo yo que ahora estemos en esas (los etarras vascos sí lo están, desde luego), pero el desprecio con el que se descalifican pone de manifiesto el rencor que anida en la envenenada alma nacional. Por ahora la guerra es sólo mediática. Los combates se libran virtualmente para ganar parcelas de opinión pública; de los ciudadanos todos quieren sólo dos cosas: sus votos y su dinero. De lo demás se bastan a sí mismos.
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27.04.09 @ 14:18:00. Archivado en Política
Nadie es más ciego que el que no quiere ver, afirma desde antiguo el saber popular. Pero si, además, el error contumaz es ejecutado con ignorancia, imprudencia o presunción, estamos asistiendo a un caso clamoroso de necedad, propio de gentes que tienen trastornada la razón y, posiblemente, enfermo el espíritu. Así como en La conjura de los necios, la deslumbrante novela de John Kennedy Toole, su protagonista, el ingenuo y orate Ignatius J. Really, trata de remediar los males del mundo desde el interior de su habitación, y con sus iniciativas lo único que consigue es empujar la rueda de la Fortuna hacia una disparatada secuencia de acontecimientos a cual más caótico, de forma similar ocurre en España con nuestro insigne y extraviado líder carismático, Rodríguez Zapatero, que con su proteica ignorancia y su engreída vacuidad se ha sumergido en una delirante política —acompañándose de los personajes más inanes e incompetentes— con la que está hipotecando para mucho tiempo las ilusiones y esperanzas de millones de españoles.
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24.03.09 @ 22:30:20. Archivado en Política
Engaños, mentiras, medias verdades, eufemismos, sofismas, tópicos, demagogia, bulos e insidias, propaganda y manipulación..., son armas habituales esgrimidas por nuestros gobernantes para alcanzar y mantenerse en el poder. Hace más de doscientos años, el eminente filósofo y enciclopedista francés, Jean d’Alambert, definía la maldad implícita en la desmesurada ambición de poder con estas palabras: «La guerra es el arte de destruir hombres, la política es el arte de engañarlos». Hoy día, en pleno siglo XXI, una época en la que se supone que el ideario de la Ilustración está hondamente enraizado en el acervo ideológico de nuestra cultura política y social, nos encontramos sumidos, una vez más, en un torbellino desintegrador propiciado por la incompetencia de una generación de políticos analfabetos, miopes y estrafalarios.
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06.03.09 @ 19:08:41. Archivado en Política
Sinceramente, salvo que hiciera un ejercicio intelectual de voluntarismo o que el que esto escribe fuera un optimista antropológico —ambos supuestos los niego de manera categórica—, no encuentro ninguna razón objetiva que me permita concluir —o bien, deducir— que es factible que el líder de los socialistas vascos Patxi López pueda alcanzar algún tipo de acuerdo con los responsables del Partido Popular para presidir, con solvencia parlamentaria, el gobierno del País Vasco durante los próximos cuatro años.
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