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Los delirios del defensor del pueblo andaluz

02.01.15 | 16:05. Archivado en Política

Hay un dicho popular muy conocido que reza así: «Por la boca muere el pez». Se refiere este dicho a aquellas situaciones en las que alguien es víctima de sus denuncias o de sus propias imprecaciones hacia otras personas. Esto es lo que ocurre con el actual Defensor del Pueblo de la Junta de Andalucía. Asevera Jesús Maeztu, que la gestión de la Mezquita-Catedral de Córdoba «no está reñida con un modelo de gestión más eficaz para la puesta en valor de un monumento patrimonio cultural y andaluz». Y continúa el bueno de don Jesús con su aserto: «Hay un monumento con dos templos que tienen dos historias y eso hay que regularlo conforme a su propia idiosincrasia». Y para reforzar el argumento, cargado de lógica y contradicción, remata Maeztu: «si ese planteamiento se hubiera hecho de una manera más consensuada, participada y con mucho más diálogo, no daría lugar a poner en cuestión una especia de división radical entre un templo y otro».

Es decir —siguiendo el argumento del ínclito Maeztu—, podríamos colegir que allí donde en la actualidad hubiera un edificio histórico y singular, público o privado, dedicado a otros menesteres distintos al que fue causa de su origen (por ejemplo, una iglesia, un convento o un monasterio), se podría justificar una regulación administrativa para que su uso se pudiera compatibilizar con el de su origen fundacional. Así, el actual salón de plenos del Senado —situado en la madrileña plaza de la Marina Española— se encuentra ubicado en lo que fue la iglesia del Colegio de la Encarnación, de religiosos agustinos calzados, también llamado Colegio de doña María de Aragón (formaba parte del Monasterio de la Encarnación). El edificio fue fundado en 1590, y en el residieron religiosos tan ilustres como san Alonso de Orozco. Así es, el edificio del Senado cuenta con dos historias y, por tanto, por qué no se podría celebrar Misa en el salón de plenos. No digo yo que el ejercicio del culto sagrado se hiciera a diario, sino al menos con ocasión de grandes solemnidades, como el aniversario de san Agustín que se celebra cada 28 de agosto, ya que además sus señorías están de vacaciones.

De esta manera, el Defensor del Pueblo de Andalucía se permitió un falaz desahogo intelectual tras la reunión que el pasado 11 de diciembre mantuvo con la Plataforma “Mezquita-Catedral, Patrimonio de Tod@s”. Jesús Maeztu estimó razonable estudiar un «modelo de gestión con criterios profesionales y técnicos, independientemente de su uso litúrgico». Ni que decir tiene que estas palabras bien podrían volverse contra el alto magistrado, máxime cuando en la misma Andalucía existen numerosos edificios históricos y relevantes que fueron construidos con finalidad religiosa y en la actualidad están destinados a otros usos profanos; basta mirar, sin ir más lejos, el propio palacio de San Telmo, que alberga en Sevilla la Presidencia de la Junta de Andalucía, edificio cuya construcción se inició en 1682 para instalar la sede del colegio-seminario de la Universidad de Mercaderes.

Sinceramente, pienso que existe una gran obsesión por destacar como políticamente correcto. Esa manía de recalcar lo evidente, como que el diálogo es la fuente de solución a todo conflicto; en muchos casos resulta un sofisma. Sí, es un sofisma porque el actual debate sobre la legitimidad de la Mezquita-Catedral de Córdoba parte de un principio falso: es un debate interesado, instigado por dirigentes políticos de izquierda, con una finalidad espuria; los ciudadanos no han manifestados ninguna inquietud ni preocupación al respecto.

El señor Defensor del Pueblo de Andalucía tiene mucho interés en figurar como el mediador bueno, en demostrar que su juicio es salomónico y que su conclusión es resultado de reflexión sabia y ponderada. Pero nada es cierto, ya que se trata de un delirante ejercicio de buenísimo. Su fin no es otro que dar satisfacción al gobierno que le ha nombrado y que es quien reclama la enajenación a la Iglesia católica de la titularidad del templo. ¿Por qué obvia el señor Maeztu el hecho histórico irrefutable de que donde hoy se halla la catedral de Córdoba, y antes la mezquita islámica, existió una basílica visigótica dedicada a San Vicente que fue arrasada por la invasión musulmana para levantar su mezquita? Años más tarde, cuando en 1236 Fernando III el Santo recupera la ciudad para la cristiandad, no sólo no destruye la mezquita sino que ordena que se preserve el edificio, algo impensable al revés como muestra la historia.

¿Alguien se imagina que pudiera promoverse en Turquía una reivindicación para que se restituyera el culto cristiano en la iglesia de Santa Sofía, en Estambul? Las mentes delirantes parece que afloran en España cada día con más fuerza.


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    • Miguel Torres Galera Miguel Torres Galera

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