Una vez más la opinión pública se divide y se enfrenta en un falso debate: la sentencia condenatoria dictada por el Tribunal Supremo contra el magistrado Baltasar Garzón por ordenar escuchas ilegales a los abogados de los imputados en el “caso Gürtel”. Sí; digo falso debate no porque no nos asista a cada uno de nosotros el derecho a opinar como mejor nos parezca y, por tanto, a ejercer el derecho a disentir. Lo lamentable de este asunto —como de tantos otros— es la facilidad con la que propendemos a identificar nuestros criterios con la verdad absoluta. Resulta paradójico que de una actitud racional (el hecho mismo de pensar) derivemos a otra irreflexiva, cargada de una acritud enfermiza por radical, mediante la cual acabamos negando la legitimidad a pensar, actuar y casi a existir de nuestros adversarios políticos.
Viernes, 25 de mayo
Miguel Torres Galera
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Raúl González Zorrilla
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos
Carlos Ruiz Miguel