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Mientras se espera el alto el fuego permanente, ETA continúa su actividad criminal

23.12.10 | 02:23. Archivado en Política
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Los delincuentes vocacionales tienen muy pocas posibilidades de escapar del bucle de violencia y rebeldía en que han convertido su existencia. La historia nos ha enseñado demasiados casos frustrados de individuos incapaces de rehacer sus vidas a través del sendero de la tolerancia y el respeto a la ley. Que se lo digan a los miembros de las OAS francesas, de los tupamaros argentinos y uruguayos o de los activistas irlandeses, por citar sólo algunos ejemplos, que acabaron sus días integrados en la delincuencia común. Y es que vivir pegado a una pistola mucho tiempo imprime carácter.

Este es el caso de ETA. Sus miembros en libertad viven en el crimen y del crimen porque no saben hacer otra cosa. Mientras crecen los rumores sobre un nuevo comunicado de la banda terrorista anunciando un alto el fuego permanente, nos llega la noticia de su penúltima felonía. Se trata del asalto perpetrado por dos hombres y una mujer, el pasado lunes, en el que en nombre de ETA robaron diverso material para falsificar documentos en una empresa de la localidad francesa de Romans-sur-Isère, en el sudeste del país.

Es obvio que ETA está de nuevo en el candelero informativo. Como lleva meses pregonando Jaime Mayor Oreja, nunca se cerró del todo la negociación, y es ahora, con los incesantes rumores sobre la aparición de un nuevo comunicado de la banda criminal, cuando parece todo decidido para relanzar la segunda parte del proceso de negociación con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Simultáneamente, la policía francesa ha alertado en los últimos días de las actividades delictivas de ETA. La Gendarmería sostiene que, a pesar de los rumores de un futuro alto el fuego y de la promesa de haber parado sus acciones armadas, los etarras siguen en activo y continúan realizando sus labores de logística.

Los partidarios de la negociación con la banda y su entorno, con Jesús Eguiguren —presidente del Partido Socialista de Euskadi y el gran negociador socialista— a la cabeza, insisten en que el anuncio de alto el fuego se producirá en torno al día de Navidad. Ya declaró Eguiguren, en una polémica entrevista concedida a La Sexta el pasado noviembre, que dicho comunicado significaría el final de ETA, afirmación de la que se desdijo más tarde.

La operación parece estar lista. He ahí la presencia en el País Vasco de algunos de los mediadores internacionales que llevan meses trabajando en favorecer las condiciones para una nueva negociación entre el Gobierno y ETA. El más destacado de ellos es Brian Currin, que pocos días después de la polémica entrevista de Eguiguren se afanaba en cerrar los nombres que conformarían su comisión negociadora.

Desde hace días hay quienes señalan que la policía española conoce la evolución que está siguiendo el comunicado, entregado ya por ETA al canal que ha de conducirlo hasta Gara, su altavoz habitual. También se ha publicado en el diario La Razón la inminencia de la difusión del comunicado, situándolo como más probable en un medio de comunicación internacional, como ya ha ocurrido otras veces. Según este diario, ETA pasaría en este comunicado de una situación de ausencia de «acciones ofensivas», es decir, de ausencia de atentados terroristas, a un alto el fuego «permanente, verificable e, incluso, unilateral».

Cuando escribo estas líneas apenas quedan cuarenta y ocho horas para que se cumplan las fechas límite divulgadas por la rumorología para conocer el alto el fuego etarra. Tan grave asunto está en todos los medios de comunicación vascos, donde los líderes del llamado “nacionalismo democrático” —cosa que me horroriza conceptualmente— están alentando y promoviendo sin ambages. También en la prensa de Madrid se habla con insistencia del comunicado y todo lo que éste llevaría consigo. La verdad es que la apertura de un segundo proceso negociador no conduce a nada, además de constituir en sí mismo una deslealtad a la Nación Española y una traición a la Patria.

No olvidemos que en el frente de batalla policial y en el judicial la victoria del Estado de Derecho es innegable. Y en cuanto al frente político, por fin se ha recompuesto la unidad entre los dos grandes partidos nacionales. ¿A qué viene, por tanto, este interés por reabrir un proceso negociador con el nacionalismo radical y violento? ¿Cómo nos vamos a creer ninguna nueva declaración de buenas intenciones, con los numerosos precedentes que existen y cuando sabemos lo apremiado que está el mundo abertxale en recuperar poder político (ayuntamientos, diputaciones y parlamento autonómico), así como sus respectivas fuentes financieras?

La renuncia expresa a las armas, la condena de la violencia, el arrepentimiento por las víctimas causadas y el compromiso indubitable con la praxis democrática y el Estado de Derecho, deberían ser condiciones inexorables para abrir cualquier vía de diálogo con aquellos que alguna vez ampararon y justificaron horrendos crímenes de sangre y toda una retahíla de delitos contra personas y haciendas. La magnanimidad con los presos condenados sería únicamente una derivada de la sinceridad y limpieza del proceso. Negociar con una banda de criminales y los representantes de su entorno político-social sería una nueva traición a la nación española y a las miles de víctimas que entregaron su sangre y su vida por una causa que sobrepasaba los límites de lo puramente individual.

No nos equivoquemos, ETA no ha cambiado, continúa siendo una organización criminal como ha quedado demostrado, una vez más, hace unos pocos días. Los terroristas no se arrepienten sino que se agarran a un clavo ardiendo para tomar aliento cuando las cosas les van mal. Saben de sobra que, con la actual Ley de Partidos y la doctrina del Tribunal Supremo al respecto, en las próximas elecciones municipales no se podrían presentar ni siquiera en los cuarenta y tantos municipios que gobiernan. Por eso el mundo abertxale envía señales mientras las tensiones internas se multiplican: a los dirigentes de ETA les ha costado mucha bronca decidir el apoyo a la apertura de un nuevo proceso negociador. Y, por otra parte, Rodríguez Zapatero necesita un golpe de efecto, un milagro, urgentemente, de aquí a dos o tres meses, y éste no puede venir más que de una presunta desaparición de ETA. He aquí la apuesta, la disyuntiva de unos y otros: una banda de asesinos dispuestos a hacer el papel de demócratas estadistas responsables y con visión de futuro, y un presidente del gobierno más que quemado, fundido, que necesita agarrarse a una falacia antes que ser escupido de la política nacional al basurero de la historia.


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    • Miguel Torres Galera Miguel Torres Galera

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