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Hablar del jamón puede constituir un delito de ofensa a las creencias religiosas

20.12.10 | 18:07. Archivado en Política
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El caso del profesor de instituto que ha sido denunciado en La Línea de la Concepción (Cádiz) por la familia de un alumno por hablar del jamón en clase, es un testimonio clarísimo de la deriva absurda y desquiciante en la que está sumida nuestra sociedad. ¿Y qué o quién es el responsable de tan desafortunada situación? Mucho me temo que la responsabilidad no compete sólo a una persona, ni siquiera a un grupo político o ideológico, sino que —en general— es la consecuencia de un mal concebido espíritu de tolerancia.

Así es. Una acomplejada conciencia intelectual europea —quizás impulsada por la obscena superioridad económica que exhibe Occidente frente a sus antiguas colonias africanas, asiáticas y americanas— ha favorecido el autodesarme moral. Por esta razón los integristas y fanáticos religiosos musulmanes han podido instalarse entre nosotros con toda naturalidad, toda vez que se nacionalizan en países europeos y norteamericanos, usan los servicios sociales, se escolarizan y se integran en el mercado laboral. No obstante, nuestra incapacidad para comprender este fundamentalismo religioso nos ha llevado a cometer errores garrafales en el mundo musulmán y eso ha dado alas al fanatismo. Esta es la razón por la que el frente de batalla de los integristas no está en Estados Unidos sino en Europa. Los aproximadamente 15 millones de musulmanes europeos están creando muchos más problemas que los cinco millones que viven en Norteamérica.

Mientras tanto, desde Indonesia hasta Pakistán, pasando por Irak, la Franja de Gaza, Egipto, Sudán o Nigeria, los cristianos están siendo asaltados, intimidados, asesinados por militantes islámicos. En ninguno de esos países atacan los cristianos a los musulmanes. En Occidente no ha habido ataques terroristas contra musulmanes, ni se asesina a musulmanes por el mero hecho de serlo. No existe un solo grupo que promueva ese tipo de cosas. Desde luego los medios de comunicación occidentales no hablan de estas cosas. Es más, en las raras ocasiones en que la prensa occidental aborda la emigración de cristianos siempre se culpa al Estado judío, como demostró recientemente una red de noticias norteamericana.

Resulta inquietante ver cómo la Iglesia católica calla, suponemos que lo hace porque teme que las denuncias no hagan sino acrecentar la persecución. No hace mucho, en un sínodo sobre Oriente Medio, las principales autoridades católicas de la región criticaron a Israel y hablaron sobre lo bien que son tratados los cristianos en los países de mayoría musulmana. Allí se dijo que Irak es un país donde no hay problemas en las relaciones entre musulmanes y cristianos (10.000 cristianos han sido asesinados en Irak a manos de diferentes facciones musulmanas, otros 600.000 ya han abandonado el país y los 400.000 restantes viven aterrorizados ante un futuro incierto).

La gran paradoja que vive nuestra sociedad es que, mientras en nombre de la libertad, el progreso y la democracia, se alienta el anticlericalismo —un sentimiento muy antiguo basado en la repulsa a los clérigos por los abusos de muchos de ellos o por sus contradicciones con sus propias prédicas—, por la puerta de atrás de nuestro solar patrio se nos está colando la zarpa de la intransigencia y el fanatismo. Es decir, aquello de lo que los anticlericales se vanaglorian defender —a costa de destruir las señas de identidad de nuestro acervo europeo histórico y cultural— como son los conceptos de laicismo, multiculturalidad o alianza de civilizaciones, a la postre lo que están favoreciendo es que se teja la soga con la que seremos ejecutados.

No olvidemos que en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, desde los días de la Revolución Francesa hasta hoy se han cometido auténticos genocidios. Asimismo, durante los dos siglos transcurridos han sido muchos los que han utilizado el poder para intentar privar a la Iglesia de cualquier influencia o presencia pública, pretextando que la religión es una creencia particular cuya exposición fuera de la intimidad debe ser proscrita.

Por eso están ocurriendo las cosas que ocurren: que el laicismo rampante se abre paso inexorablemente a través de una sociedad cada vez más descreída y enferma; que a la Iglesia católica se la acosa incesantemente y con ella todos los valores cristianos; que un mal entendido concepto de tolerancia está permitiendo que el integrismo musulmán se instale y eche raíces en nuestro país y en el resto del continente europeo; y que una perversa conciencia relativista, tanto en los poderes públicos como en la sociedad, está favoreciendo la erosión de las señas de identidad de la civilización europea (greco-latina y cristiana). Ya sólo queda que el juez admita a trámite la denuncia presentada contra este profesor de La Línea (explicaba las diversas características climáticas por existen en España: el frío invernal en los pueblos serranos como Trévelez favorece la curación de los jamones). De ser así, el final está más cerca de lo que imaginamos.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Manuel González-Ripoll 20.12.10 | 21:27

    Nuestra más absoluta solidaridad con el profesor y el más absoluto rechazo a los extremistas mulsulmanes que vienen a imponernos sus costumbres y no permiten en su tierra ejercer la más mínima libertad religiosa.
    Al alumno ofendido: "Si no te gusta nuestro país, vete el tuyo"

Viernes, 25 de mayo

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  • Miguel Torres Galera Miguel Torres Galera

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