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Recuerdo de los ausentes

02.11.10 | 01:00. Archivado en Pensamientos
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Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el fin, la caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá quién fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.
(Jorge Luis Borges)

Son muchos los ausentes que desde tiempos remotos hicieron méritos suficientes para ser registrados en letras de molde en el Libro de la Vida. Otros, en cambio, no gozaron de la fortuna del reconocimiento más allá de los días de su deambular por este valle de lágrimas, aun siendo sus vidas igualmente provechosas para sus coetáneos y descendientes. También los hubo depravados, pusilánimes, taimados o simples rufianes que acomodaron sus existencias lo mejor que supieron a las circunstancias de su tiempo, e, incluso, fueron capaces en determinadas ocasiones de demostrar cierta grandeza de espíritu. No obstante, el olvido ha sido y es implacable para la mayoría del género humano. El pasado se ha vuelto una carga demasiado pesada y grave para ser soportada indefinidamente sobre las espaldas de cada generación; lo más que nos llega cuando estamos en tiempo de aprendizaje es un sucinto, y con frecuencia tedioso, resumen de hechos sobresalientes (codificados por eruditos disciplinares) de un pretérito pluscuamperfecto y sus correspondientes protagonistas. Ahí está, recogido en libros y fichas que duermen el sueño de las bibliotecas, el glosario de la humanidad, lo importante, al menos lo más sobresaliente de lo que queda testimonio, pues es mucho lo que se ha perdido para siempre. Es cierto que no son pocos los estudiosos que emplean gran parte de su vida y sus conocimientos en escudriñar los vestigios del pasado para extraerle sus secretos todavía ocultos. En todo caso, el recuerdo de la mayoría de los hombres apenas permanece vivo un par de generaciones, como mucho tres. Luego, todo se extingue, hasta el nombre, y ni los descendientes más directos son capaces de conocer el nombre de pila de sus bisabuelos, no digamos ya de sus tatarabuelos. Así es y así ha sido siempre. Sólo las personalidades relevantes o excepcionales, cuyas existencias fueron motivo de controversia o de admiración, que fueron capaces de protagonizar hechos encomiables o, por el contrario, sufrieron grandes reprobaciones, son susceptibles de alcanzar una fama perdurable a prueba de los embates del reloj cósmico. Aunque también ocurre con frecuencia el caso contrario: personalidades destacadas de la vida pública, gozosas de una acrecentada fama y prestigio social, pero que apenas sucumbidos caen en el olvido más descorazonador; es como si muriesen dos veces.

Hoy, día de Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, desde esta pequeña ventana al mundo elevo una plegaria en recuerdo de los que nos precedieron en el viaje eterno. Para todos ellos, sin excepción.

El destino común es el olvido.

(Marco Aurelio)


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    • Miguel Torres Galera Miguel Torres Galera

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