Todo lo que pueda ocurrir de exceso este día de huelga general en España no será fruto de la casualidad. Yo no he escuchado ─en las horas previas ni en los días y semanas previas─ amenaza alguna ni palabras destempladas por parte de la patronal ni de nadie (no digo que no las haya habido), excepto de algunos dirigentes sindicales. Es más, hasta tal punto algunos de estos sindicalistas de la sopa boba han puesto ─retóricamente, se entiende─ el carro delante de los bueyes, que cualquier riesgo de incidentes causados por los piquetes están legitimados de antemano: derivarán de las provocaciones de los patronos y de la imposición de servicios mínimos abusivos en los servicios públicos, en especial en los ayuntamientos y comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular.
Para calentar el ambiente y abonar el terreno de la confrontación, los principales líderes de los sindicatos convocantes se dedicaron, ayer martes, a propalar en los medios de comunicación la hostilidad de “muchos” empresarios a la jornada de paro. Aseguraban que se estaban multiplicando por doquier amenazas a trabajadores y empleados que la secundasen. Con tono jactancioso y nada conciliador, los sindicalistas se prodigaron en lanzar soflamas incendiarias en las radios y televisiones durante todo el día. Pero entre todos ellos, el que se llevó la palma por su bravuconería y su matonismo trasnochado fue José Ricardo Martínez, secretario general de UGT-Madrid, el mismo que mandó al presidente del Banco de España “a su puta casa”. Ayer, durante su intervención en el último acto público antes de la huelga general, Martínez desafiaba airadamente al Gobierno autonómico de Madrid, afirmando que “No los vamos a cumplir”. Se refería este matón engordado con el dinero público a los servicios mínimos fijados por el Ejecutivo regional ante la falta de acuerdo con los sindicatos.
Si estos son los líderes, cómo serán los pretorianos que ejecutan las consignas. Viendo y oyendo estos comportamientos es fácil comprender los huracanes de odio y violencia que asolaron España en los años treinta del pasado siglo. Resulta muy triste este espectáculo de gente vocinglera y trapisondista. El matonismo sindical nos devuelve a tiempos ya lejanos, habitado por gente desesperada que porfiaba su vida pegando un tiro en la nuca a cualquier desafortunado ─por canalla que fuese─, o haciéndolo volar por los aires con un cartucho de dinamita. Vivir en democracia es otra cosa, y ellos lo saben. Porque les queda poco se rebelan mordiendo.
Viernes, 25 de mayo
Miguel Torres Galera
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Raúl González Zorrilla
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos
Carlos Ruiz Miguel