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Los morabitos de Al-Qaeda

26.08.10 | 00:37. Archivado en Política
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Me contaron el otro día de un imán residente en una ciudad de Cataluña que, por escrito, se había permitido la desfachatez y la felonía de animar a sus hermanos musulmanes de la zona a que contribuyan a socavar la integridad moral de los españoles. Según éste prodigio de maestro espiritual, los nativos hispanos somos un desecho de vicio y corrupción, sin otra ambición que refocilar nuestras miserias en la inmundicia de las pasiones de la carne. La consigna que transmitía en su prédica el insigne siervo de Alá era la de «ganar España para conquistar Europa». Alguna medida firme y contundente habría que tomar contra estos fanáticos irredentos.

El caso es que, dándole vueltas a este relato, me vino a la memoria la figura de Abdalá Ben Yasin. Este personaje histórico fue un alfaquí, especie de santón musulmán, además de un ulema muy respetado en su tierra natal, la actual región de Mali, que predicó en las ciudades del Atlas durante el siglo XI. La verdad es que, en un principio, Ben Yasin tuvo poco éxito en su proselitismo. Y como quiera que terminara por incomodar a algunos poderosos, el fervoroso mahometano tuvo que huir de aquellas tierras y refugiarse en una fortaleza (ribat) bereber, donde, haciendo acopio de paciencia, terminó aglutinando un pequeño grupo de incondicionales.

Pasaron los años y los seguidores de Ben Yasin aumentaron considerablemente. Tantos rigores, penalidades y sufrimientos por difundir la palabra del Profeta y reclamar la pureza del Islam original acabaron dando sus frutos. Los prosélitos norteafricanos llegaron a ser tantos que Yasin urdió un gran proyecto de expansión de su fe: sus Al-Murabitum (los hombres del ribat) ─de ahí que terminaran siendo conocidos en España como «morabitos»─ llevarían la «guerra santa» (yihad) por toda la Berbería. Para ejecutar sus planes el iluminado ulema puso al frente de su ejército a un duro guerrero, un tal Abu Bakr.

Aquella tropa de morabitos, vestidos de negro riguroso y tapados de la cabeza a los pies con solo una abertura a la altura de los ojos, pronto adquirió fama de temible. Sus creyentes guerreros llevaban una vida sobria y dura, consagrada a la guerra y a la oración, y no admitían más que dos alternativas: victoria o muerte. Por eso no tardaron en conquistar todo el territorio de Marruecos, a la vez que fundaron Marrakech, la que sería capital de su reino.

Yusuf Ben Tasufin, sucesor de su tío Abu Bakr, recibió una petición de ayuda de Al Mutamid, rey de la taifa de Sevilla. El reyezuelo andalusí vivía temeroso de que el rey cristiano Alfonso VI de León y Castilla, que había echado a los moros hasta el otro lado de Sierra Morena y sentaba sus reales en la flamante Toledo, cualquier día le diera por cruzar Despeñaperros con sus huestes y plantarse en la vega del Guadalquivir dispuesto a dar matarile a todos sus colegas y a él mismo.

Y como quiera que Ben Tasufin se sintiera poderoso e invencible cruzó el Estrecho en 1086, apenas un año después de la reconquista de Toledo. El ejército morabito (almorávide) y el cristiano se encontraron junto al Guadiana, en Sagrajas. La batalla fue terrible y la derrota cristiana clamorosa. Las tropas que pudieron huir lo hicieron despavoridas hacia el norte para defender Toledo de la previsible embestida islámica. Por fortuna el ataque nunca se produjo, pues al poco de la batalla llegó hasta Badajoz la noticia de que el hijo de Tasufin acababa de morir en Ceuta. El invicto general abandonó raudo Al Ándalus permitiendo a los cristianos su recuperación.

En fin, esta digresión histórica sobrevenida tras conocer la preocupante soflama del imán fundamentalista en Cataluña, de repente se vio coronada ─tres o cuatro días después─ por la deseada noticia de la liberación de los dos cooperantes catalanes secuestrados hace nueve meses en Mauritania por terroristas de Al Qaeda y retenidos en Mali. Y nos enteramos de que se han pagado algunos millones de euros y se ha liberado al líder de los fundamentalistas musulmanes en esta región sahariana. Tengo la impresión de que el espíritu de Abdalá Ben Yasin ha reiniciado su cruzada. Y sus nuevos morabitos ya han ganado sus primeras batallas.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Makinavajo 28.08.10 | 01:01

    Lo verdaderamente triste es ver a sectores de la izquierda y próximos que consideran y defienden QUE TODO LO SUBVERSIVO ES PROGRESISTA.

Viernes, 25 de mayo

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  • Miguel Torres Galera Miguel Torres Galera

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