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Las conmemoraciones de Zapatero

24.07.10 | 15:55. Archivado en Política
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Desde aquel lejano día del 2 de mayo de 1879, en el que veinticinco personas ─entre ellas Pablo Iglesias─ fundaran el Partido Socialista Obrero Español en una taberna de la madrileña calle Tetuán llamada Casa Labra, hasta hoy ha corrido mucha agua bajo los puentes. De esos 131 años al actual secretario general del PSOE se le ha ocurrido la brillante idea de conmemorar dos efemérides sobresalientes: los cien años de parlamentarismo socialista y los diez de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del socialismo español. Ahí es nada.

En estos tiempos de grandes tribulaciones hay que estar muy cargados de razones para holgarse en público de cualquier mérito. Las sensibilidades están a flor de piel y los agraviados por los excesos de los poderosos son muchos ─cinco millones de desempleados y 350.000 empresarios (grandes, medianos y pequeños) quebrados─. Por eso, para envanecerse y presumir hay que estar muy seguros de lo que se trae uno entre manos, no vaya a ser las cañas se vuelvan lanzas.

En cuanto a la primera conmemoración ─el centenario del parlamentarismo socialista─, a cualquier aficionado a la Historia de España se le hace excesiva esa cifra, aunque no sea más que por el hecho de que la mitad del siglo referido los socialistas se la pasaron de vacaciones. Y en cuanto a la otra mitad que estuvieron en activo no han sido la brillantez oratoria ni la clarividencia de ideas ni la exposición de motivos virtudes que hayan destacado en el acervo del parlamentarismo socialista, especialmente durante los años del reinado de Alfonso XIII y los de la segunda República.

Para subrayar lo anterior merece la pena destacar algún párrafo del discurso con el que se estrenó Pablo Iglesias como parlamentario. Fue el 7 de julio de 1910, apenas un mes después de que el PSOE logrará, con 40.899 votos, su primer acta de diputado en las Cortes Españolas. El Congreso debatía el proyecto de «contestación al discurso de la Corona». La sociedad española todavía vivía conmocionada por los graves sucesos del año anterior en la llamada «Semana trágica» de Barcelona. Como consecuencia de aquellas violentas jornadas, el presidente del gobierno Antonio Maura cayó en desgracia y el rey Alfonso XIII lo destituyó poco después. José Canalejas le sucedió al frente del Consejo de Ministros.

En este contexto Pablo Iglesias pronunció su primer discurso parlamentario, en el que justificó la postura del PSOE en estos sucesos y en el que expuso los objetivos sociales del partido:

«El partido que yo represento aspira a concluir con los antagonismos sociales y esta aspiración lleva consigo la supresión de la Magistratura, la supresión de la Iglesia, la supresión del Ejército y la supresión de otras instituciones necesarias para este régimen de la insolidaridad y antagonismo. Estaremos en la legalidad mientras la legalidad nos permita adquirir lo que necesitamos; fuera de la legalidad cuando ella no nos permita realizar nuestras aspiraciones».

Y ante la eventualidad de un futuro regreso al poder de Antonio Maura, Pablo Iglesias pronunció estas amenazantes y premonitorias palabras:

«…Tal ha sido la indignación producida por la política del gobierno presidido por el Sr. Maura, que los elementos proletarios, nosotros de quien se dice que no estimamos los intereses de nuestro país, amándolo de veras, sintiendo las desdichas de todos, hemos llegado al extremo de considerar que antes de que su señoría suba al poder debemos ir hasta el atentado personal...».

En medio del griterío general se oyó gritar al presidente de la Cámara, a la sazón el Conde de Romanones:

«¡Orden, orden, señor Iglesias, usted no puede ampararse en la inmunidad parlamentaria para cometer un delito».

Quince días después Maura era tiroteado en Barcelona, resultando herido leve en una pierna. La mayoría del Congreso protestó formalmente, pero la minoría republicana no respaldó el acuerdo.

Es una pena que en la celebración del centenario ─cuya primera fecha, la que verdaderamente empieza a contar, es la aquí aludida─ se haya ocultado este primer discurso de Pablo Iglesias. Desde luego no sería tampoco el último. El padre fundador del PSOE fue un hijo de su tiempo, al que le tocaron vivir años de grandes cambios históricos y del nacimiento y emergencia de las ideologías totalitarias. Él se integró en una de ellas, menos radical que otras pero no por ello más democrática: el socialismo español fue esencialmente revolucionario desde sus orígenes hasta el final de la guerra civil. Y eso, se quiera o no, ha dejado cierta patina totalitaria en los socialistas de hoy.

En cuanto a la otra conmemoración, la de los diez años de liderazgo de Rodríguez Zapatero al frente del PSOE, cómo decirlo, pues siendo un gran motivo de alegría para el propio ZP y sus acólitos y beneficiarios, es una gran desgracia para el país. Es muy posible que buena parte de los españoles no sean conscientes de las graves consecuencias que, a medio y largo plazo, nos traerá a todos haber votado a tan nefasto político para encomendarle el gobierno de España. Y lo peor de todo es que Zapatero se las ha ingeniado para inocular en los españoles el germen del cainismo, enfermedad de la que apenas llevábamos curándonos veinticinco años. Él y los suyos continúan con su revolución pendiente.


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    • Miguel Torres Galera Miguel Torres Galera

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