No ha sido nada fácil alcanzar la orilla de la Historia en la que nos encontramos los europeos. Y, por descontado, los españoles. Desde luego el Cristianismo es uno de los pilares determinantes de nuestra civilización. Aunque, desgraciadamente, el mensaje y el testimonio de Jesucristo, convertidos en doctrina por los hombres, han inspirado a lo largo de veinte siglos las obras más sublimes y las atrocidades más espeluznantes que imaginarse pueda. Ello no impide que el Cristianismo ─junto a la cultura greco-latina y la Ilustración─ ha devenido en un acervo civilizador sin parangón en el resto del planeta.
Cada vez es más frecuente verse uno en el aprieto de tener que reprimir la indignación que le producen comportamientos y decisiones de personas preeminentes que ocupan responsabilidades en la vida pública, ya sea en tareas de gobierno, en la actividad legislativa, en la judicial o en cualquier otro orden del acontecer cotidiano nacional. Desde luego, en la política los deslices y desbarres son a menudo antológicos.
El Gobierno ha asumido la reforma laboral ante la incapacidad de los llamados agentes sociales de alcanzar algún acuerdo. No olvidemos que se trata de una de las reformas estructurales imprescindibles para reactivar la actividad económica y mejorar la productividad. El Ejecutivo se ha comprometido, por tanto, a presentar su reforma ante la opinión pública el próximo 16 de junio. Lo hará mediante un decreto-ley que deberá, posteriormente, ser sancionado por el Parlamento si sus señorías lo creen conveniente. Ya veremos cuántas simpatías concita la propuesta del presidente Rodríguez Zapatero.
En la noche de ayer asistí a un hecho insólito en un medio de comunicación: como el periodista Eduardo García Serrano pedía perdón y ofrecía toda clase de disculpas a Marina Geli, consejera de Salud del Gobierno de la Generalidad de Cataluña, a la que ofendió gravemente la semana pasada llenándola de insultos y descalificaciones bochornosas. Estos hechos se produjeron hace siete días, durante la emisión en directo del programa «El gato al agua», que dirige y presenta el periodista Antonio Jiménez en Intereconomía Televisión. Desde luego García Serrano no escatimó palabras de contrición ni le dolieron prendas en reconocer lo injustificado de su conducta, aún cuando el fondo del asunto mereciera la más rotunda reprobación sin que disminuyera un ápice la responsabilidad de la agraviada.
Algo hermoso está ocurriendo a pesar de muchos. No me atrevo todavía a calificarlo de operación de marketing, fenómeno sociológico o portento divino. Pero lo que sí puedo asegurar es que se trata de un hecho cuando menos insólito: una película ─mejor dicho, un documental─, que parece ser comenzó a ser exhibido en tres o cuatro salas de cine españolas por puro compromiso, está desbordando todas las previsiones y cada día son más los cines que están programando la cinta en su cartelera.
Viernes, 25 de mayo
Miguel Torres Galera
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Raúl González Zorrilla
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos
Carlos Ruiz Miguel