La deriva de la sociedad española hacia la vulgaridad ─lo contrario de una sociedad culta y educada─ es tan evidente como inevitable; sus nefastas consecuencias todavía son desconocidas aunque sí imaginables. No quiero decir con esto que no existan numerosos ciudadanos (destacados y anónimos) admirables y ejemplares, tanto por sus cualidades personales como por su entrega y aportación a la comunidad. Pero este meritorio grupo no deja de ser una isla en medio del proceloso océano. No hay más que mirar a la vida pública, nacional, para que cada día al levantarnos se nos indigeste el desayuno.
Viernes, 25 de mayo
Miguel Torres Galera
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Raúl González Zorrilla
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos
Carlos Ruiz Miguel