Al hilo del escándalo suscitado en la opinión pública por las denuncias de pederastia, presentadas en los últimos tiempos contra religiosos católicos de diferentes países, el arzobispo de Tánger, el franciscano Santiago Agrelo, ha realizado una interesante y aguda reflexión tomando como referencia el pasaje evangélico sobre la mujer adúltera (San Juan 8, 1-11).
Dice el arzobispo Agrelo: «“En medio” colocaron a la adúltera sus acusadores. “En medio” se quedó la mujer cuando los acusadores, uno a uno, se escabulleron, dejándola sola con Jesús. “En medio” pusieron a la mujer, pero a quien pretendían comprometer y acusar, a quien de verdad querían poner en medio, era a Jesús».
«Hoy, letrados y fariseos han colocado “en medio” al monstruo, al clérigo sorprendido en flagrante delito de pederastia, y no lo han llevado al tribunal competente para juzgarlo conforme a justicia, sino que se lo han llevado a su madre, a la Iglesia, lo han tirado como basura a sus pies, para ponerla “en medio” a ella, para avergonzarla a ella, para comprometerla y condenarla a ella».
«Letrados y fariseos, gente estéril, senos que nunca han conocido la vida ni la ternura, pretenden que una madre condene a su hijo: si no lo condena, no es justa; si lo condena, no es madre».
«Letrados y fariseos, arrogantes, soberbios e hipócritas, insisten en preguntar a la madre: “Tú, ¿qué dices?” Preguntan como si ellos fuesen inocentes del crimen que fingen perseguir. Y se lo preguntan a ella, a la Iglesia que, como supo y como pudo, ha intentado siempre educar en el amor y en la virtud a sus hijos. Se lo preguntan a la madre los mismos que han destruido a su hijo: los profetas de la revolución sexual, los que instigan a los niños a masturbarse, los mercaderes de pornografía, los expertos del turismo sexual, los que consideran la prostitución un trabajo y la castidad una aberración».
«Hoy la Iglesia, como ayer Jesús, encara a los acusadores con la realidad de sus propias vidas: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”».
«Hoy como ayer, la Iglesia como Jesús, habrá de inclinarse para cargar con el peso de sus hijos, con la culpa de sus hijos, con la muerte de sus hijos. Cuando se incorpore, allí, “en medio”, estarán solos ella y sus hijos, con un dolor sin palabras y un amor sin medida».
A esta reflexión del arzobispo de Tánger yo añado que los letrados y fariseos de hoy todos los conocemos: son aquellos que abominan de Dios, de Cristo y de la Iglesia que éste fundara. Son los mismos que se llenan la boca con frases grandilocuentes, que presumen de demócratas, de solidarios, de defensores de la libertad y de los derechos del hombre, de la mujer, del niño, del viejo, de los gays y lesbianas, de los parapléjicos, de los drogadictos, de las cabras montesas y de la madre que los parió. Son aquellos que no hacen otra cosa que señalar con el dedo a quienes no piensan igual, ni siguen sus consignas y, además, desprecian la insustancialidad de un acervo ideológico y moral perverso y fatuo.
Viernes, 25 de mayo
Miguel Torres Galera
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Raúl González Zorrilla
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos
Carlos Ruiz Miguel