Tengo un amigo muy querido con el que comparto, desde hace más de treinta y cinco años, muchas inquietudes, gustos y aficiones (otras muchas, no), y que por circunstancias y avatares de la vida también nos ha tocado coincidir en eso que los economistas modernos han dado en llamar «prejubilación». Ni que decir tiene que ambos nos sentimos muy dichosos de tener la oportunidad de disponer de todo el tiempo que nos queda en la forma y medida que más nos satisfaga. En absoluto entendemos este regalo de la vida como un pasaporte para el ocio y la inactividad, sino muy al contrario, recibimos este don como una maravillosa oportunidad para entregarnos ─cada uno a su modo y entender─ a la realización de aquellas inquietudes que más nos seducen y que están al alcance de nuestras posibilidades. No obstante, debo señalar que también hemos coincidido en dejarnos llevar, en alguna ocasión, por ciertos estados de desánimo.
Ahora que vivimos en una sociedad tecnológicamente avanzada no es difícil imaginar, mediante un sencillo esfuerzo de concentración, un viaje de nuestra mente que se inicia en la puerta de nuestra casa y, elevándose, se aleja hacia el cielo haciéndose la Tierra más y más pequeña, hasta convertirse en una bolita luminosa que flota en el espacio y termina confundiéndose con otros planetas y estrellas del ilimitado universo.
Cuentan que en cierta ocasión, allá por los años cincuenta del pasado siglo, y cuando ya estaba desatado abiertamente el enfrentamiento entre dos viejos amigos y camaradas, uno de ellos, Jean-Paul Sartre, reprochó a su opositor Albert Camus que, al igual que él, consideraba que los campos de concentración soviéticos eran intolerables, no obstante consideraba igualmente intolerable el uso que de ellos hacía a diario la prensa burguesa. He aquí la esencia misma de la falacia doctrinaria de todo pensamiento totalitario: que cualquier crítica a los posibles efectos perversos que pudiera originar la implantación y praxis de dicho ideario autoritario es infinitamente más censurable, ya que cuestiona y hace peligrar la bondad de la causa criticada.
Viernes, 25 de mayo
Miguel Torres Galera
José Pómez
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Raúl González Zorrilla
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Cabrera
Inmaculada Sánchez Ramos
Carlos Ruiz Miguel