Una encrucijada llamada Patxi López
06.03.09 @ 19:08:41. Archivado en Política
Sinceramente, salvo que hiciera un ejercicio intelectual de voluntarismo o que el que esto escribe fuera un optimista antropológico —ambos supuestos los niego de manera categórica—, no encuentro ninguna razón objetiva que me permita concluir —o bien, deducir— que es factible que el líder de los socialistas vascos Patxi López pueda alcanzar algún tipo de acuerdo con los responsables del Partido Popular para presidir, con solvencia parlamentaria, el gobierno del País Vasco durante los próximos cuatro años.
Deshacer tanto agravio a los populares durante más de ocho años —desde que José Luis Rodríguez Zapatero se hizo con las riendas del PSOE— no se consigue en unas pocas semanas. No hay que olvidar que fue el propio Zapatero el que asestó el golpe mortal al proyecto de los constitucionalistas vascos para frenar, conjuntamente, el delirio soberanista del PNV en 2001; proyecto liderado en aquel entonces por Nicolás Redondo Terreros y Rosa Díez (PSE) y Jaime Mayor Oreja (PPE). La traición de Zapatero a sus compañeros vascos fue descarnada: primero les brindó ostentosamente su apoyo, tras el insuficiente resultado electoral, y a continuación, en el posterior congreso de los socialistas vascos, les hizo la cama respaldando la tesis de Patxi López de apostar por el diálogo y el entendimiento con los nacionalistas.
A partir de entonces la historia es bien conocida por la acritud con la que el PSOE se ha mostrado respecto a los populares, tanto en la política nacional como en la autonómica: al PP ni agua. No ha habido concesiones en ningún ámbito. Primero fue en Cataluña con el «Pacto del Tinell», luego en Galicia con la alianza con el BNG, siguió en Baleares y en Canarias; más todo lo demás desde que Rodríguez Zapatero reside en La Moncloa. Han sido ocho años inmisericordes, de negar el agua y la sal, y de estigmatizar al PP de «derechona», «antidemocrática» y «fascista». Con estos mimbres es imposible hacer un canasto.
Con los resultados electorales del pasado domingo, el único argumento sólido que posibilitaría a Patxi López ser investido de lendakari —siendo como es el candidato de la segunda lista más votada— es que alcanzara un acuerdo de legislatura con los responsables del PPE. ¿Pero quién se atreve en la actualidad a porfiar en que los populares estén dispuestos a rebajar un ápice sus exigencias programáticas? Serían unos pardillos de tomo y lomo si accedieran a renunciar a alguno de los puntos de su ideario electoral: defensa del Estatuto de Guernica, derogación de la política de normalización lingüística, impulso de la ertxantxa en la lucha contraterrorista, eliminar las subvenciones a las organizaciones sociales que apoyan a ETA, etc., etc., etc.
En definitiva, yo no veo a Patxi López haciendo gala de un pragmatismo político tal, que esté dispuesto a dejar su imagen política, de los últimos ocho años, con las nalgas tan al aire que sea incapaz de sentir el menor asomo de vergüenza. Luego está todo lo demás, el precio de gobernabilidad nacional que tendría que pagar Rodríguez Zapatero a los nacionalistas para mantenerse en el poder, o para mantener a José Montilla al frente de la Generalitat en Cataluña.
El resto del análisis para dilucidar quién será, finalmente, el lendakari del futuro ejecutivo vasco, lleva a un callejón sin salida. Juan José Ibarretxe lo tiene crudo sin el apoyo de los socialistas, y cualquier gobierno en minoría lo convertiría en tan frágil que prácticamente estaría condenado a una vida efímera. En cualquier caso, en Patxi López está la clave de la futura gobernabilidad de Euskadi. Salir airoso de la encrucijada es una tarea que, aparentemente, no está a la altura del candidato socialista.
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Miguel Torres Galera
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