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Represión psicológica

02.01.08 | 21:13. Archivado en Pensamientos
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La violencia continua siendo la amenaza más abyecta y desmoralizante de cuantas padece el ser humano. En este comienzo de 2008 la violencia está extendida y asentada en todos los rincones del planeta, y se manifiesta bajo la apariencia de un sin fin de formas, razones y pretextos. Cada uno de los más de 6.300 millones de hombres y mujeres que habitamos la Tierra vive con el estigma de ser —a la vez— víctimas y verdugos; en cambio son muy pocos los que se reconocen en la segunda condición por el simple hecho de sentirse incapaces —como si eso fuera una excusa— de apretar un gatillo o empuñar un hacha.

Cuando comprobamos cada día los innumerables casos de violencia que el hombre ejerce contra sus semejantes, cómo es posible que el grito de desgarro y de dolor de los supuestos cientos de millones de pacíficos no fulmine, de una vez por todas, la insania de la crueldad humana. Pues no, al contrario, convivimos con el terror con mayor naturalidad con que lo hacemos con una suegra o con el compañero pelmazo de trabajo. La televisión, la radio, la prensa e internet nos sirven diariamente su ración de violencia y nosotros la digerimos como si se tratara de una infusión estomacal.

La represión psicológica —sin saber muy bien de qué se trata exactamente— insinúa estar detrás de lo que parece una predisposición natural del hombre a la violencia. Es aleccionador reflexionar sobre el proceso de la evolución del Universo y, dentro de él, de lo que conocemos por vida. Así, pues, observamos que la materia prima de la vida orgánica se compone de proteínas y distintos ácidos nucleicos. Hacen falta miles de millones de años para que en un planeta dado, donde existe una biosfera determinada, una molécula se coloque en el camino de la evolución y se convierta en un organismo complejo. La molécula no es cruel. Pero esa misma molécula, en su variante humana, evolucionada, ya lo es... ¿Por qué? Ningún otro organismo distinto del humano es propenso a la crueldad. ¿Acaso la razón de la crueldad es el pánico causado por la conciencia de nuestra muerte?

Lo cierto es que no sabemos nada. El escritor húngaro Sándor Márai (1900-1989), llevado por el pesimismo de la triple experiencia totalitaria en su país (nacionalismo-fascista, nazismo y comunismo), escribió que

«...todos los seres vivos estamos condenados a morir, somos unos condenados a muerte que vagamos en un universo indiferente y oscuro, llamados a la vida por una casualidad ciega... »

Un mundo superpoblado y masificado ha inventado, para completar la crueldad individual, sofisticada y humana, nuevos géneros de tortura: la tortura de la autoridad y la tortura por decreto, la constante intromisión oficial en la vida privada y la limitación, mediante normas legales, de los derechos humanos naturales. Esta crueldad institucionalizada no es más suave que la crueldad individual, la tiránica o la personal: la crueldad institucionalizada, mecánica e impersonal humilla a la gente, la personal se contenta con hacerla sufrir.

¿Habría que reinventar al ser humano?

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Dámaso 02.01.08 | 23:30

    Magnífica exposición, enhorabuena. Creo sinceramente que habrá que reiventar al ser humano.

Martes, 14 de febrero

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  • Miguel Torres Galera Miguel Torres Galera
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