Amor contra odio
08.10.07 @ 14:48:05. Archivado en Pensamientos
Myanmar (antigua Birmania) es el mayor santuario budista del mundo. Se trata de un hermoso país, repleto de misticismo y de templos, en el que, a determinada edad, todos los niños pasan dos años de su vida en aprendizaje monacal y en ausencia de los más elementales signos de confortabilidad. Durante este periodo de tiempo, los jóvenes quedan estigmatizados por el camino iniciático del budismo, esa forma de entrenamiento espiritual que pretende la comprensión directa y personal del mundo trascendental.
Una de las enseñanzas de Buda —aquel aristócrata nepalí insatisfecho que buscó la verdad y fue santificado por la luz reveladora—, después de meditar largamente sobre las relaciones humanas, fue la de que «El odio no cesa por odio, sino sólo por amor; ésta es la regla eterna». Como se puede apreciar, una verdad que sería divulgada quinientos años más tarde por Jesús de Nazaret, y que constituye el núcleo central del credo cristiano. Pues bien, la paradoja de este caso se resume en el hecho de que en el país más religioso y místico del planeta, sus gobernantes se comportan como heraldos del mal y delfines del terror.
Como es lógico deducir, los habitantes de Myanmar constituyen un digno ejemplo de benevolencia y pacifismo. El tamiz moral del budismo lo impregna todo, especialmente las conciencias de sus ciudadanos, excepto, claro está, las conciencias de sus dirigentes. La antigua Birmania vive sumida, desde que en 1948 recibiera la independencia del Reino Unido, en un torbellino de abusos y atropellos por parte de cuantos han pretendido guiar su destino. Se cumple, una vez más, el principio taoísta del yín-yan, de los opuestos, del bien y el mal; para que exista el bien tiene que contraponerse al mal, y viceversa. De esa confrontación sale la luz. También lo explicaba Juan Pablo II en Memoria e Identidad: «El hombre rechaza el amor y la misericordia de Dios porque él mismo se considera Dios; presume de valerse por sí mismo.» Así nos va.
Pero es difícil aceptar que con el amor, a través del perdón, se puedan superar los agravios y los tormentos que nos inflingen nuestros enemigos, al menos de algunos. Las ideologías del mal (totalitarismos de toda laya) están profundamente enraizadas en la historia del pensamiento filosófico europeo; y en el Oriente místico y feudal, el racionalismo filosófico europeo ha sabido calar en las oligarquías dominantes. Lo mismo que en Europa el racionalismo cartesiano (cogito, ergo sum —pienso, luego existo—) dio paso a la Ilustración, invirtiendo la tradición filosófica cristiana, en Oriente, el marxismo y el integrismo religioso y nacionalista han socavado las tradiciones espirituales y religiosas de la mayor parte del continente asiático y sus archipiélagos.
No es la primera vez, ni será la última, que los pacíficos se echan a la calle para denunciar los abusos de los tiranos. Desde los años del postulado de Mahatma Gandhi en la India, pasando por el Tibet, Nepal o Tailandia, en prácticamente todo el Oriente no han cesado las manifestaciones públicas de protesta por parte de la sociedad, tanto civil como religiosa. Pero, ¿qué es lo que impulsa a miles de monjes a abandonar sus plegarias en el recogimiento monacal para salir a las calles a vociferar justicia y libertad? ¿Qué ocurre cuando la plegaria a favor de nuestros enemigos no consigue libramos de las ataduras del resentimiento? En Occidente estas formulaciones son impensables, ya que la realidad de los hechos se analiza únicamente con el recurso de la razón; el amor se circunscribe al ámbito de lo íntimo y personal. En cambio, el amor en el budismo lo abarca todo, es una sola cosa que se manifiesta tanto en lo público como en lo privado. ¿Será esta una nueva evidencia de que fe y razón deben ir de la mano?
Coda: Desde aquí exhorto a la opinión pública mundial para que reivindique la inmediata libertad de Aung San Suu Kyi, líder opositora al régimen totalitario de Myanmar, y Premio Nobel de la Paz. Aung San permanece detenida en arresto domiciliario y bajo una estricta custodia, desde 1996.
Comentarios:
Altruista interpretación del "carpe diem ..." de Horacio, pero ..., como especialista en información política y económica que es Ud.: ¿Cree que su planteamiento global coincide mínimamente con el pensamiento gubernamental en boga?
Claro que siempre queda el recurso al eximente del síndrome de "wish ful thinking", conocida patología, pero letal, para el país, en un político gobernante.
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Miguel Torres Galera
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