José Luis Rodríguez Zapatero está viviendo días de vino y rosas. Tras su exitosa y nunca bien ponderada, Cumbre iberoamericana en Salamanca el presidente del Gobierno de España contempla satisfecho como su buen amigo, y sin embargo camarada de partido Pascual Maragall, impone su ecuánime criterio entre sus correligionarios socialistas del PSC, a la vez que transmite una sosegada y tranquilizadora dosis de optimismo a sus socios en el tripartito.
Entre tanto, la primera gran huelga de la era ZP, la de camioneros, ha sido reconducida hacia el acuerdo gracias al buen hacer de la vicepresidenta del Ejecutivo. Teresa Fernández de la Vega no ha tenido más que descolgar el teléfono e indicarle a su compañero de Gabinete, Pedro Solbes, que aflojara la mosca y se dejase de pamplinas: “lo ha ordenado el jefe”. De modo que el vicepresidente económico, buen muchacho y disciplinado él, no ha tardado en enmendar su obstinada conducta y ha habilitado la conciliación con los transportistas.
En cuanto a la “marcha negra” sobre Ceuta y Melilla, a Dios gracias que pasó el temporal y la borrasca se ha situado en su justo lugar, que no es otro que en las latitudes del rey moro. Así es que aquí no pasa nada. El país transcurre apaciblemente por el cauce de la concordia y de la laboriosidad, y hasta los pantanos están recuperando caudal gracias a las bienhechoras lluvias que este octubre nos está dejando.
¿Quién ha dicho crisis? ¿Quiénes hablan de desbarajuste? Nada es lo que parece. La alarma social la crean los agoreros y oportunistas que viven obsesionados en vender periódicos y en aumentar sus audiencias de radio y televisión. Precisamente ahora, cuando el buen talante de ZP nos va a permitir en breves fechas alegrarnos las pajarillas gracias al incremento de la oferta televisiva: dos nuevas cadenas de TV analógica: La Cuatro y La Sexta, amenizarán el tiempo de nuestro ocio. Eso sí, algunos se empeñan en empañar tan diligente iniciativa con groseras interpretaciones, propalando la indignidad de que ha habido malas artes en la concesión de ambas emisoras; o sea, que se las han adjudicado a los amiguetes del Gobierno (La Cuatro, al Grupo Prisa, y La Sexta a Mediapro y Globomedia). Como si ZP tuviera necesidad de beneficiar a nadie y hubiera alguna duda de su sentido de la equidad y de la justicia. Son ganas de fastidiar. ¿O es que existe alguien bien intencionado y de corazón recto que pueda poner en duda que la Prisa de Jesús Polanco o la Globomedia de José Miguel Contreras y la Mediapro de Jaume Roura, buen amigo de Miguel Barroso, necesitan de favores para ganar honradamente un concurso estatal de adjudicación de licencias de televisión?
Pecadores, ingratos, desagradecidos que negáis el pan y la sal a quien en buena lid se ha ganado la confianza de los españoles en las urnas. Maledicientes que escupís veneno por vuestras bocas y tildáis a ZP de "presidente por accidente", aunque luego justificáis que eso quien lo dijo por primera vez fue el New York Times. ¡Pero si hasta el simpático cocinero Carlos Arguiñano, el showman Andreu Buenafuente y los actores Emilio Aragón y José Manuel Lorenzo, todos ellos almas cándidas y bien intencionadas, se juegan sus cuartos en la aventura incierta de La Sexta!
En realidad, quien desconfía y despotrica es porque careciendo de inocencia la envidia le corroe. Ver privilegios donde tan solo hay virtud es cosa de preocupar. Hasta los poetas consagrados y que hoy gozan del respeto de la Historia y de los dioses, como fuera el caso de don Francisco de Quevedo y Villegas, pusieron un día su caletre a versificar en clave de ironía y de reproche las ambiciones de los protegidos por el poder que siempre anhelaban más:
Descansa, mal perdido en alta cumbre,
donde a tantas alturas te prefieres;
si no es que a cocear las nubes quieres,
y en la región del fuego beber lumbre.
Ya te padece, grave pesadumbre,
tu ambición propia; peso y carga eres
de la Fortuna, en que viviendo mueres:
¡y esperas que podrá mudar costumbre!
El vuelo de las águilas que miras
debajo de las alas con que vuelas,
en tu caída cebaran sus iras.
Harto crédito has dado a las cautelas.
¿Cómo puedes lograr a lo que aspiras,
si, al tiempo de expirar, soberbio anhelas?
En el caso de las nuevas televisiones que vienen las ambiciones de los titulares agraciados, que las tienen y mucha, no empaña la profesionalidad de ambos proyectos (tampoco de los que se han quedado a dos velas). Son manos "amigas", de las que no se puede esperar nada malo, salvo provecho ordenado y gusto por el bien común. Y si no, parémonos a pensar un instante si las ambiciones de Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián han perturbado, amenazado o conculcado alguna vez la buena práctica mercantil fuera de los cauces de la honrada y leal competencia. Pues eso, a las gachas que son de trigo.
Viernes, 17 de febrero
Miguel Torres Galera
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel