He sentido como una gran noticia la inauguración el lunes 12, por los Príncipes de Asturias, del Instituto Cervantes de Praga. La capital de la República Checa es una hermosísima ciudad que merece la pena ser visitada, admirada y vivida. Rezuma cultura por todos sus rincones, incluso más allá de Praga: toda Chequia es motivo de interés. Su relación con España data de antiguo, aunque la memoria histórica del pueblo checo guarda un sabor más bien agrio.
El origen de la nación checa es un tanto incierto. Parece ser que su nombre deriva de una estirpe o tribu eslava, un título que se daba a las familias más ricas y poderosas, y que a partir del siglo IX empezaron a dominar sobre Bohemia como un estamento aristocrático. Con el tiempo este título se generalizó para todos los habitantes del país. A falta de documentación escrita, la leyenda se abrió paso sobre un fundamento toponímico que fue narrada en la Chronica Boemurum, que un canónigo de la catedral de Praga, llamado Cosmas, escribió hacia el año 1125.
La estrategia más normal de aquellas familias del Gran Imperio Moravo para hacerse con el poder fue la de aliarse con sus poderosos vecinos del oeste, el imperio carolingio, o del este, el imperio bizantino. Empezó así una tradición de alianzas con oriente u occidente que definiría la historia del país.
Uno de los primeros testimonios de la relación entre Bohemia-Moravia e Hispania tiene fecha de finales del siglo IX y principios del X. Fue la firma de la alianza matrimonial para desposar a la princesa Orosia, hija del primer rey de la dinastía premilista Borijov y de Santa Ludmila, con uno de los nobles de la marca hispánica, el aragonés Fortún Garcés, el Monje (882-905).
La leyenda cuenta que cuando llegó la expedición nupcial a los Pirineos fue interceptada por un caudillo moro, que se enamoró de Orosia y la martirizó. Su cadáver apareció milagrosamente dos siglos después en los alrededores de Jaca y Santa Orosia quedó integrada entre los santos del Camino de Santiago como patrona de los enfermos "endemoniados".
Otro dato de interés que la Historia de Chequia guarda con celo es el de la primera noticia escrita sobre la existencia de la ciudad de Praga. Este registro procede de una carta o informe comercial que escribió un judío residente en el califato de Córdoba, Ibrahim Ibn Jakob, el cual hizo un viaje al país de los eslavos y llegó a Bohemia en el año 965 para entablar relaciones comerciales o diplomáticas.
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Hay una Praga triste, muy real, plenamente actual, contemporánea. Una Praga vendida a las mafias de todo tipo. La más visible y deprimente para quien tenga un poco de sensibilidad y sentido estético es la Praga de las HERNAS, las casas de juego checas, que proliferan como setas venenosas en edificios de alto valor histórico.
Estos locales llenos de máquinas tragaperras e iluminados por fuera con luces fluorescentes de colores chillones, son un cáncer que viene extendiéndose desde poco después de la mal llamada Revolución de Terciopelo (1989) hasta nuestros días, gracias a la corrupción municipal y a la desidia de los checos, que ya se han acostumbrado a esta visión muerta de su paisaje arquitectónico.
Podéis comprobar lo que digo en este blog:
http://www.praga-prague.blogspot.com
Si Kafka levantara la cabeza y viera su rostro impreso en camisetas y en llaveros… si viera en lo que se ha convertido su ciudad, estoy seguro de que su relación amor-odio...
Jueves, 16 de febrero
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