Agora Digital

La estulticia del “máster”

13.04.18 | 17:21. Archivado en Política

Como vivimos en una sociedad banal e idiotizada no me extraña que tantos personajillos desparramen su dignidad por un título universitario totalmente estéril. Otros muchos se los inventan directamente. Aspiran a la notoriedad y el éxito y lo que consiguen es dejar al descubierto sus vergüenzas y sus limitaciones, mentales y morales.

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El cambio como obsesión

26.06.15 | 13:13. Archivado en Pensamientos

No cabe duda de que vivimos tiempos de cambio, de cambios sustanciales en la vida política y en la manera de gobernar. Los primeros pasos de dicho cambios se están produciendo en los gobiernos municipales y en algunas comunidades autónomas. Lo que todavía desconocemos es lo que estos cambios darán de sí. Nuestra sociedad, en su conjunto, vive bajo el signo del cambio. Sin embargo, no es muy difícil inferir que la vida es en sí misma cambio. Ahora bien, una cosa es el fluir natural de las cosas, es decir, de todo aquello que tiene vida, y otra es alentar el cambio elevándolo a categoría superlativa.

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Gutenberg y el primer libro

23.04.15 | 17:51. Archivado en Medios de Comunicación

El santoral católico conmemora este día 23 de abril a San Jorge. Lo hace desde el 494, año de su canonización, aunque la muerte del santo guerrero se produjera el 23 de abril de 303. En Cataluña, Sant Jordi es patrón desde el año 1094, y la tradición popular celebra la onomástica de su héroe protector, al que la leyenda atribuye la victoria sobre el dragón y el haber salvado a la princesa, símbolo de la victoria sobre el mal. Por esto, Sant Jordi es por excelencia el patrón de los enamorados en Cataluña, desplazando a segundo plano a San Valentín, aunque muchos catalanes lo celebran tanto el 23 de abril, como el 14 de febrero. Pero casi todas las personas que viven en Cataluña, siguen la tradición, que consiste en que el hombre regala a la mujer una única rosa roja con una espiga de trigo y la mujer le regala a su amado un libro.

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El silencio de los hombres

31.03.15 | 16:14. Archivado en Política

En cierta ocasión le preguntaron al Emanuel Tanay, judío alemán sobreviviente del Holocausto, y reconocido psiquiatra forense radicado en los Estados Unidos: «¿En aquel entonces, era los alemanes, en general, realmente nazis?» La respuesta que dio el venerable anciano, nacido en 1928, pudiera inducir falsamente a que estuviera teñida de sectarismo o de un cierto tufillo a rencoroso fanatismo. «Muy pocas personas eran nazis en verdad —afirmó con reposada tranquilidad—, pero muchos disfrutaban de la devolución del orgullo alemán, y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse. Yo era uno de los que sólo pensaba que los nazis eran un montón de tontos».

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Morir por amor a Jesucristo

19.02.15 | 16:31. Archivado en Cosas del mundo

Han pasado ya varios días desde la decapitación, a manos de unos asesinos islámicos, de veintiún cristianos coptos en una playa de Libia. Todavía sigo esperando el clamor de protesta y condena de la prensa del llamado “mundo libre”; también echo en falta la movilización de los líderes y gobernantes democráticos, así como de la convocatoria de una gran manifestación pública, en una gran capital europea, para condenar el terrorismo yihadista, ya sea de los fanáticos musulmanes del Califato Islámico de Libia o del Estado Islámico (IS) sirio, iraquí, afgano o pakistaní. Los brutales asesinatos de estos veintiún cristianos egipcios secuestrados en Sirte (Libia), en medio de un obsceno y delirante ejercicio de propaganda mediática, constituyen un gravísimo —no el primero, desde luego— desafío y provocación a las naciones occidentales. Estos seres humanos, martirizados por el simple hecho de ser cristianos, vienen a engrosar la larga e interminable lista de los cristianos perseguidos, torturados y asesinados en los últimos años, en numerosos países donde campa un fanatismo religioso delirante y cruel, resultado del odio y el rencor.

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Cristianos en China

06.02.15 | 16:10. Archivado en Política

Como escribiera el líder comunista Mao Zedong en su Libro Rojo, el gobierno de la República Popular China es víctima de una nueva «contradicción en el seno del pueblo». Es evidente que el número de cristianos crece imparable desde hace años. De nada están sirviendo los controles, amenazas y represiones que las autoridades comunistas llevan imponiendo a los ciudadanos para que no se contagien de ideologías y creencias extranjeras. Pero, bien miradas las cosas y desde una perspectiva exclusivamente moral, para el régimen de Pekín el auge del cristianismo no es el peor de sus males, ya que muchos de los valores del cristianismo coinciden con lo que el Partido Comunista de China considera ser un buen ciudadano, incluidos los valores familiares: los creyentes tienden a ser mejores ciudadanos, son más proclives a pagar impuestos o a evitar la corrupción, y sus organizaciones se preocupan por la asistencia a los más débiles y necesitados (cuidado de ancianos, ayuda a los más pobres…), en definitiva, los cristianos alivian las deficiencias sociales allí donde el Estado no llega.

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Todas las vidas valen lo mismo

22.01.15 | 13:40. Archivado en Política

¡Que se acabe el pecado! ¡Mira que es desdecirte
dejar tanta hermosura en tanta guerra!
Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte
de haberle dado un día las llaves de la tierra.

Tengo la impresión de que cada día que pasa aumentan los argumentos para perder toda esperanza en el ser humano. En las naciones desarrolladas los medios de comunicación social, sus dirigentes políticos y la ciudadanía en general, muestran una hipocresía exasperante. Prueba de ello —una más— es sin duda el genocidio llevado a cabo, en el Noroeste de Nigeria, por las hordas asesinas de esos fanáticos islamistas dirigidos por Boko Haran. Justo en la misma semana que se produjo el ataque terrorista al semanario francés Charlie Hebdo, y las muertes de los días siguientes, los fanáticos y sanguinarios islamistas nigerianos lanzaron una ofensiva a la ciudad de Baga y otras 16 localidades cercanas que dejaron unas 2.000 personas sin vida: muchas de ellas degolladas en sus casas (gran parte de estas víctimas eran musulmanes). Pocos días antes, en el Norte de Camerún, los delincuentes de Boko Haram pararon un autobús de pasajeros y mataron a sangre fría a 25 viajeros.

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Los delirios del defensor del pueblo andaluz

02.01.15 | 16:05. Archivado en Política

Hay un dicho popular muy conocido que reza así: «Por la boca muere el pez». Se refiere este dicho a aquellas situaciones en las que alguien es víctima de sus denuncias o de sus propias imprecaciones hacia otras personas. Esto es lo que ocurre con el actual Defensor del Pueblo de la Junta de Andalucía. Asevera Jesús Maeztu, que la gestión de la Mezquita-Catedral de Córdoba «no está reñida con un modelo de gestión más eficaz para la puesta en valor de un monumento patrimonio cultural y andaluz». Y continúa el bueno de don Jesús con su aserto: «Hay un monumento con dos templos que tienen dos historias y eso hay que regularlo conforme a su propia idiosincrasia». Y para reforzar el argumento, cargado de lógica y contradicción, remata Maeztu: «si ese planteamiento se hubiera hecho de una manera más consensuada, participada y con mucho más diálogo, no daría lugar a poner en cuestión una especia de división radical entre un templo y otro».

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Rajoy vende la reforma de la legislación abortista por un «plato de lentejas»

28.12.14 | 14:36. Archivado en Política

Hace apenas tres semanas la Iglesia celebraba la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, Patrona de España. Hoy domingo, en plena Navidad, festeja a la Sagrada Familia y también recuerda a los Santos Inocentes. Estos dos acontecimientos han llevado al obispo de Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig Pla, a publicar el pasado 26 una Carta Pastoral en la que denuncia que la intención del presidente del Gobierno de España y del Partido Popular al retirar la reforma de la ley del aborto, no ha sido otra cosa que venderse por un “plato de lentejas”. Es decir, Mariano Rajoy ha renunciado a esta promesa electoral y a este compromiso de restitución ética y moral a cambio de un puesto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y de paso acceder a otras cuotas de poder y a la financiación.

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Lo que el dinero no compra

22.12.14 | 14:55. Archivado en Pensamientos

El dinero siempre ha sido un bien deseado por los hombres; desde hace muchos siglos. Pero ahora, más que nunca en la historia de la humanidad, se hace tan deseado por las numerosas necesidades que nos hemos creado. Por tanto, la diferencia entre el ayer y el hoy estriba en las enormes expectativas que el dinero nos posibilita. Esto quiere decir —según nos hace creer el pensamiento materialista que nos domina—, que si pudiéramos poseer una cantidad inmensa de dinero, podríamos conseguir todo aquello que deseáramos satisfacer, o lo que es lo mismo: seríamos muy felices. Cosa que, a todas luces es una auténtica falacia, y si no preguntad a quienes tienen mucho dinero si sus vidas son completamente dichosas.

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Una oportunidad para la vida

02.12.14 | 17:06. Archivado en Pensamientos

Alguien me contó una historia que podría resumirse, de manera paradójica, del modo siguiente:

Erase una vez que en el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. De repente, uno pregunta al otro:

– ¿Tú crees en la vida después del parto?

– Claro que sí –contestó el otro–. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque debemos prepararnos para lo que seremos más tarde.

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El olor del cocido

13.11.14 | 22:21. Archivado en Política

«En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos,
mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis»
(Mateo, 25:40).

Se llama Juan, tiene cuarenta y dos años, es licenciado en Psicología, y trabaja en una empresa consultora dependiente de la comunidad autónoma. Como todos los viernes, al salir del trabajo fue con algunos compañeros a tomar unas cañas para celebrar el comienzo de fin de semana. Después de una hora holgada, pagó la última ronda de cerveza. Había echado un buen rato con sus colegas del curro poniendo a parir al Papa y su reciente viaje a un país de esos llamados “en vías de desarrollo”, maldiciendo la hipocresía de la Iglesia, despotricando de todo aquello que su anticlericalismo y el de sus compis les sugería, descalificando de pura patraña y aberración, impropia de estos tiempos modernos que corren, la superchería y el papanatismo religioso. En definitiva, este conspicuo ciudadano —uno más de entre los muchos millones que habitan nuestro suelo patrio— no solo comparte relaciones laborales con sus contertulios, sino una fraternal amistad aderezada de ideas sociales y políticas en la línea que aconseja el empleo común en la misma empresa pública.

Satisfecho y envanecido de caminar por el sendero correcto del progresismo triunfante, este modélico ciudadano encaminó sus pasos hacia su casa con el ánimo de comer algo antes de hacer una siesta reparadora. Un magnífico fin de semana le aguardaba por delante. Pero cuando apenas había caminado unas docenas de metros, al doblar una esquina se apercibió de un olor que lo trasladó imaginariamente al paraíso efímero de su infancia: olía a puchero, sí, a guiso de garbanzos con verduras y sus aditamentos de cerdo. Era el olor propio de aquellos cocidos que preparaba su madre y le ponía a la mesa cuando salía del colegio o del instituto. ¡Qué aroma tan delicioso a caldo humeante! ¡Cuánta hermosura encontraba en aquel nostálgico recuerdo!

Enseguida llegó a la altura del local de donde partía aquella sinfonía de olores que hacía sus delicias sensoriales. Parecía que se trataba de un modesto restaurante, pero no, en la puerta entreabierta no había ningún letrero. Sin pensarlo dos veces, Juan empujó suavemente la puerta y se asomó al interior de aquel figón. En realidad no era un restaurante, sino un autoservicio repleto de gente que, sentada a la mesa, con total normalidad daba cuenta del contenido de sus platos. El aspecto de aquellas personas era un tanto desigual; se diría que algo chirriaba en el ambiente sin saber muy bien qué: las había correctamente vestidas, y otras, en cambio, su indumentaria respondía más a eso que se ha dado en llamar “arte povera”.

De pronto Juan abrió los ojos: quedó sorprendido al comprobar que quien servía la comida era una monja. Aquello era sin duda un comedor social. Algunas personas se acercaban despacio, con la bandeja en las manos, a que les sirvieran. Eran pobres, indigentes, personas menesterosas que subsistían de la caridad. Se trataba de una escena de la que había oído hablar pero de la que jamás se hacía referencia en los informes ni en los dosieres que prepara para el gobierno regional. Enseguida hizo ademán de marcharse, pero la monja que le vio entrar, con una sonrisa amable y un gesto firme de la mano le indicó que se acercara, que no tuviera reparo; bajito, casi como un susurro, le comentó que lo que le ocurría era normal, que la primera vez es la más difícil, que no debía avergonzarse de nada, que el cocido estaba buenísimo y que, de segundo, había filete empanado. ¡Cómo se iba a perder tantas proteínas del cocido y tantas vitaminas de la ensalada y de la fruta! Además, concluyó la monjita con gesto pícaro, podría rematar la comida con un helado muy rico de los que había regalado una fábrica cuyo nombre obvió.

El pobre Juan sin salir de su perplejidad se vio sentado a una mesa donde un matrimonio mayor y bien vestido, comía en silencio, sin levantar los ojos de la bandeja. Enfrente, un tipo con barba descuidada sonreía mientras devoraba el filete empanado y le contaba su vida: había perdido el trabajo, el banco se había quedado con su casa, después del divorcio no sabía a dónde ir. Menos mal que las monjas le daban comida y ropa, y que dormía en el albergue bajo techo. «Al final, he tenido suerte en la vida, compañero; así que no te agobies, que de todo se sale…».

No podía creer lo que estaba sucediendo. Nadie le había pedido nada por darle de comer, ni le habían preguntado por su situación ni por sus creencias. Se limitaban a dar de comer al hambriento, sin adjetivos.

Al salir a la calle, el bueno de Juan fue incapaz de dar las gracias a la monja que le había dado de comer. No fue por mala educación, sino porque su hilaridad le impedía articular palabra. Apenas hizo una leve inclinación de cabeza. Ella le contestó con una expresiva sonrisa. «Vuelve cuando lo necesites y, si no estoy, di que vienes de parte mía. Me llamo Esperanza; hermana Esperanza».

— «¿Por qué me ha tenido que pasar esto a mí? ¿Será que Dios se vale hasta del cocido para atraer a la gente?», se preguntó Juan mientras se alejaba.


Domingo, 22 de abril

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  • Miguel Torres Galera Miguel Torres Galera

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