La revista norteamericana Times, en su número del 15 de abril, afirma que en la actualidad dos tercios de los más de 52 millones de latinos que viven en Estados Unidos son católicos. Sin embargo, se estima que para el año 2030 el número descenderá casi a la mitad. Parece claro que gran parte de estos católicos se harán evangélicos o de sectas más o menos raras. El resto, indiferentes.
Resulta, que las dos lesbianas que denunciaron al juez Fernando Ferrín Calamita acusándole de retrasar y entorpecer la adopción de la hija de una de ellas por la otra, se han divorciado. Tanto ruido, tanto ensañamiento y tanta insidia han quedado, como es lógico colegir, en nada: en pura patraña. Una falsa acusación de homofobia ante la que ha sucumbido tanto el poder judicial como el poder político (PP y PSOE). Después de una larga y tormentosa sarta de disparates éticos, morales y judiciales, la niña —sujeto central del procedimiento judicial— ha terminado quedándose a cargo de su madre, pero continuará sin tener padre y, por el momento, un solo progenitor.
No albergo ninguna duda de que a pesar de la actual crisis, la economía mejorará más pronto que tarde. La maraña de circunstancias adversas que enredan y dificultan la actividad económica se irá despejando poco a poco y se crearán puestos de trabajo, incluso algunos millones, aunque no sepamos a ciencia cierta en cuánto tiempo. Sin embargo, todo hace presagiar que lo que no mejorará será el estigma pernicioso del sistema económico actual. La amenaza de la crisis continuará gravitando sobre las vidas de millones de seres humanos en todo el mundo, tanto sobre pequeños agricultores, comerciantes o modestos empresarios, como sobre diligentes profesionales y funcionarios, o sobre legiones de simples y humildes trabajadores; todos ellos frágiles piezas de una maquinaria concebida para engordar y satisfacer la ambición y la codicia de buena parte del género humano. Entre tanto, todos a la espera de la siguiente crisis.
Bienvenido, Papa Francisco. La Iglesia de Jesucristo espera gozosa tu dignidad para seguir trabajando por la propagación del mensaje redentor del Hijo del hombre. Al final todo ha salido como era de prever; no podía ser de otra manera. El Espíritu Santo, alma de la Iglesia, ha cumplido su misión designando, a través de los cardenales, al sucesor de Pedro para conducir el rebaño del Señor. Los ruidos, las chácharas, las especulaciones de unos y otros se han dado de bruces, una vez más, víctimas de su impotencia y del desconocimiento profundo de la realidad que conforma a la Iglesia, cuerpo místico de Cristo.
Cada día se hace más insufrible la vida pública nacional. No es que algo huela podrido en España, es que toda ella se ha convertido en un inmenso estercolero. No se salva casi ninguna de las grandes instituciones del Estado, incluidas las comunidades autónomas y muchos ayuntamientos. La vida política está emponzoñada hasta los tuétanos. No digamos el mundo económico, que chorrea inmundicia por todas las costuras. Y qué decir de ese sindicalismo miope y subvencionado, con sus dirigentes enganchados a las ubres del Estado y a un poder rampante y desafecto de los propios trabajadores. Y si volvemos la vista a cualquier otra actividad de la vida nacional, ya sea educativa, cultural, social o deportiva, veremos como la estulticia y el desafuero campean a sus anchas; por todas partes se multiplican las malas prácticas, la inmoralidad, los abusos y la degeneración. Vamos, que no hay por dónde meter mano a la cosa pública, la rex publica que decían en la antigua Roma.
Menudo papelón el que ha hecho la agencia española Efe al divulgar, el pasado 12 de febrero, que el Papa Benedicto XVI había aprobado «en los hospitales católicos alemanes el uso de la píldora anticonceptiva de urgencia, conocida como “píldora del día siguiente”, en mujeres víctimas de violación, a raíz del escándalo en torno a una joven que no fue atendida en dos clínicas de Colonia tras sufrir abusos sexuales».
Dos días tardó el Vaticano, a través del secretario del Santo Padre, el arzobispo Georg Ganswein, en desmentir tajantemente esta información. Ganswein precisó que ni él ni el Pontífice han dado su venia para el uso de dicho fármaco que es potencialmente abortivo.
Que fácil resultar hablar, hablar y hablar, juntar palabras y propalarlas ante cualquier auditorio que esté dispuesto a escucharlas, o leerlas. No importa demasiado que las palabras, en forma de opiniones, tengan algún fundamento sustentado en la verdad; lo único que importa es que asombren, desconcierten, epaten… que llamen la atención sobre quien las difunde. Palabras que construyen argumentos racionales, revestidos de verosimilitud, aunque muchos de estos argumentos sean capciosos, interesados, manipuladores y malévolos. En suma, palabras etiquetadas de opiniones —legítimas en cuanto responden al derecho que toda persona tiene a expresarse libre y públicamente— pero que en demasiadas ocasiones no son más que sofismas, unas veces simplistas e inanes y otras retorcidos y diabólicos.
Apenas faltan diez días para que el gobierno de la Generalitat ejecute —con los votos favorables de CiU, ERC y otras minorías independentistas— el primer acto oficial del proceso secesionista emprendido por el presidente regional Artur Mas el pasado septiembre. Se trata de una iniciativa parlamentaria mediante la cual ambas fuerzas políticas quieren que el Parlamento autonómico apruebe una declaración de soberanía para Cataluña. En concreto, la propuesta pretende que se declare a Cataluña como “sujeto con derechos políticos y jurídicos”, toda vez que convocar una consulta de autodeterminación sea considerado como un ejercicio pleno de libertad democrática. Parece ser que el texto no hablará explícitamente de independencia, sino del ejercicio del derecho de autodeterminación.
Corren malos tiempos. Acaba el año peor que comenzó, abrumado de problemas y pesimismo. Lo peor es que nada hace presagiar que 2013 será mejor, por mucho que el gobernante de turno, haciendo gala de un voluntarismo retórico, se empeñe en propalar que al final del nuevo ejercicio se percibirá la mejoría. No, la situación es dramática porque un drama es lo que están viviendo millones de españoles. En el resto del mundo las cosas no pintan mejor, aunque haya matices para todos los gustos.
Prisión de Sheikhupura, Pakistán, 5 de noviembre de 2012
Me llamo Aasiya Noreen Bibi y no sé si llegarás a leer esta carta. Escribo a los hombres y las mujeres de buena voluntad de España, desde mi celda sin ventana en el módulo de aislamiento de la prisión de Sheikhupura, en Pakistán. Llevo encerrada aquí desde el mes de junio de 2009. Me han condenado a morir en la horca por blasfemar contra el profeta Mahoma. Dios sabe que es una sentencia injusta y que mi único delito, en este mi gran país al que tanto amo, es ser católica. No sé si estas palabras verán la luz y llegarán a ser leídas por alguien al otro lado de los muros de esta cárcel. Si el Señor misericordioso quiere que así sea, pido a los españoles que recen por mí e intercedan ante el presidente de mi hermoso país para que me permita recuperar la libertad y volver a reunirme con mi familia, a la que tanto echo de menos.
Estoy casada con un buen hombre llamado Ashiq Masih y, juntos, tenemos cinco hijos que son una bendición del Cielo: un varón, Imran, y cuatro chicas, Nasima, Isha, Sidra y la pequeña Isham. Solo quiero volver a estar con ellos, ver sus sonrisas y devolverles la paz. Están sufriendo por mí, al verme encerrada y privada de justicia. Temen por mi vida, pues la sentencia que me condena a morir ahorcada es firme y un indulto puede evitar que acabe ejecutándose. Un juez, el honorable Naveed Iqbal, entró una mañana en mi celda, después de condenarme a una muerte horrible, y me ofreció revocar la sentencia si me convertía al Islam. Yo le agradecí de corazón su buena intención, pero también le dije, con toda la claridad de la que soy capaz, que prefiero morir como cristiana que salir de prisión siendo musulmana. “He sido juzgada por ser cristiana”, le dije al señor juez. “Creo en Dios y en su enorme amor. Si usted me ha condenado a muerte por amar a Dios, estaré orgullosa de sacrificar mi vida por Él”, añadí.
Dos hombres justos han sido asesinados por pedir justicia y libertad para mi persona. Su destino me desgarra el corazón. El gobernador de mi región, Punjab, el señor Salman Taseer, fue asesinado el 4 de enero de 2011 por un miembro de su escolta, simplemente porque pidió a las autoridades del Gobierno que me pusieran en libertad y se opuso a la ley sobre la blasfemia que rige en Pakistán. Dos meses después, un ministro del Gobierno, el señor Shahbaz Bhatti, cristiano como yo, fue asesinado por la misma causa. Rodearon su coche y le dispararon con ensañamiento hasta darle muerte.
Me pregunto, cuántas personas más tienen que morir por causa de la justicia. Rezo a todas horas para que Dios misericordioso ilumine el juicio de nuestras autoridades y sus leyes civiles restablezcan la antigua armonía que siempre reinó en mi gran país entre las personas de distintas religiones. Jesús nuestro Señor y Salvador nos amó libres y creo que la libertad de conciencia es uno de los mayores tesoros que nuestro Creador nos ha dado y tenemos que preservarlo.
Sentí una gran emoción al conocer que el Santo Padre Benedicto XVI había pedido mi indulto. Dios me conceda vivir para peregrinar a Roma y, si es posible, agradecérselo personalmente.
Ahora pienso en mi familia. Lo hago a todas horas. Vivo con el recuerdo de mi esposo y de mis hijos, y pido a Dios misericordioso que me permita volver a reunirme con ellos. No sé si esta carta llegará a tus manos, amigo o amiga española. Si así fuera, acuérdate de que hay personas en el mundo que son perseguidas por causa de su fe y, si está en tu mano, pide por nosotros al Señor y escribe al presidente de Pakistán rogándole que me permita volver a estar con mi familia.
Si lees esta carta, Dios lo habrá hecho posible. Que Él, que es bueno y justo, te colme con su Gracia.
Afectuosamente, Aasiya Noreen Bibi
(Envía ahora tu petición al presidente de Pakistán:
http://www.hazteoir.org/firma/49765-firma-asia-bibi-casa-ya)
Siempre he estado convencido de la capacidad de sorpresa que depara la vida a los seres humanos. De ello doy testimonio en primera persona, porque de las numerosas cosas –buenas, malas y regulares– que he experimentado a lo largo de mi existencia, casi todas ellas las he creído fruto de la casualidad o de la voluntad. Sí, durante muchos años he vivido convencido de que el azar (ilusión quimérica) o mi voluntarismo estaban detrás de todas aquellas contingencias de mi vida: desde el encuentro con la que habría de ser mi mujer para toda la vida, pasando por muchos de los hitos de mi carrera profesional e, incluso, la identidad de mis hijos y mis amigos. Ni por un momento me paré a pensar en que la divina Providencia era determinante en la existencia humana.
Como cabía esperar, en las elecciones catalanas del 25-N parecen haber ganado todos (o casi todos). Esta propensión de los políticos a edulcorar, cuando no magnificar, el resultado de sus candidatos son pecados de prepotencia y soberbia. Comprendo la necesidad mediática de aceptación, pero de ahí a que los políticos se comporten como malabaristas retóricos hay un largo trecho. Por eso, lo sucedido anoche en Cataluña tras conocerse los resultados electorales mueve a la ironía, cuando no a la vergüenza ajena.
Martes, 21 de mayo
Miguel Torres Galera
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Ramón Moscad Fumadó
Antonio García Fuentes
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Enrique Zubiaga
Rufino Soriano Tena
Toni García Arias