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Espléndida crítica de 'Sociedad terminal' (Editorial Rambla), de Javier Benegas

Permalink 02.01.09 @ 20:38:38. Archivado en Libros

EN MANOS DE LA CASTA PARASITARIA

Alarmante denuncia contra la manipulación política de la publicidad

Carmelo López-Arias, uno de los mejores críticos de ensayo, ha publicado una espléndida crítica del libro 'Sociedad terminal' (Editorial Rambla), de Javier Benegas, decisivo para entender los actuales sistemas de manipulación y propaganda:

Se trata de un proceso acentuado a partir de los años noventa, que uniformiza el mensaje y reduce al mínimo los modelos sociales, en una dependencia creciente del presupuesto público.

Javier Benegas. Sociedad terminal. La comunicación como arma de destrucción masiva. Prólogo de Enrique de Diego. Rambla. Madrid, 2008. 134 pp. 8,90 €

¿Son los anuncios publicitarios tan inocentes como parecen? Hace tiempo sabemos que no, y que responden a una estrategia cuidada hasta en los más mínimos detalles -incluso en la comunicación subliminal- para conseguir su objetivo de ventas. Y eso no tiene en principio nada de malo.

Pero Javier Benegas aborda con una perspectiva novedosa su evolución desde los años noventa, ciertamente preocupante porque es a la vez causa y síntoma de una Sociedad terminal, como ha titulado el breve ensayo recién publicado por Rambla, editorial que comanda Enrique de Diego, prologuista también de este ensayo.

Esa evolución ha dado lugar a un doble fenómeno. Por una parte, los mensajes ya no responden a una tendencia social preexistente, sino que intentan crearla, y no sólo desde el punto de vista estético, sino que, como señala el autor, interfiriendo "en la transmisión de valores". Y por otro lado, los mensajes resultan cada vez menos segmentados, en el sentido de que el número de modelos sociales a los que van dirigidos se ha reducido de una rica variedad sobre la que trabajaban los creativos hasta hace unos lustros, a prácticamente tres: jóvenes, adultos y mujeres, considerados como un todo con apenas matices.

Si esto respondiese a la libre decisión de las empresas que mediante su inversión publicitaria buscan rentabilizar sus acciones comerciales, nos estaríamos moviendo en la lógica del mercado. Pero hay algo más: Benegas muestra la creciente dependencia del sector respecto al poder político. Las administraciones públicas figuran en nuestro país entre los principales anunciantes (en algunas comunidades autónomas, son el principal), con publicidad institucional y con su capacidad para forzar a las empresas concesionarias de concursos públicos a una publicidad para-institucional que es en realidad pura propaganda política.

Esas grandes empresas, a través de la subcontratación, trasladan el control político a las pymes, y a través de su participación en medios de comunicación, logran de éstos la neutralidad informativa: no hace falta la censura, basta con que ciertos asuntos pasen desapercibidos mediante la ubicación y el tratamiento adecuados.

Al poder, insiste el autor, le basta con que los anuncios reproduzcan "los mismos esquemas de valores, estética y arquetipos" para que se induzcan en la sociedad "roles convenientemente establecidos" que tienden a modelar una sociedad conforme con el intervencionismo. De esta forma, lo que desde el punto de vista de los dineros públicos no es más que despilfarro, ineficacia y expolio, desde el punto de vista político contribuye a la "degradación del sistema social, político y económico".

En suma, estamos ante "el imparable y creciente poder de las castas políticas" parasitarias, a las que Benegas ve cada vez más alejadas del ciudadano, como la presente crisis se está encargando de demostrar. Lo bautiza como Deudalismo, esto es, una filosofía de la vida inspirada por el paternalismo de Estado, que desincentiva el trabajo y el esfuerzo e impulsa a los ciudadanos a endeudarse con dinero fácil, para luego presentarse como el salvador de la situación... y culpar al libre mercado que previamente había prostituido.

Esa "sociedad terminal" aún tiene solución, concluye el autor, si los ciudadanos asumimos nuestras responsabilidades, conscientes de que cuanto hagamos por sacudirnos la tutela de la casta parasitaria será sólo en nuestro beneficio. Que no nos engañen, pues, con sus anuncios de gente feliz y con "valores tan seductores como grandilocuentes... el ecologismo, el pacifismo, la solidaridad y la igualdad", esta última entendida como uniformidad entre individuos. Lo que hay detrás es un "auge imparable del nepotismo, la corrupción y el clientelismo".

Un simple dato lo dice todo: José Luis Rodríguez Zapatero disparó la publicidad institucional un 457% entre 2004 y 2007. La crisis ni la olió, pero cómo enterrarla en propaganda es evidente que sí.

Espléndida crítica a "Para enterrar el nacionalismo" (Editorial Rambla)

Permalink 19.12.08 @ 19:03:37. Archivado en Libros

Uno de los mejores críticos de ensayo de España, Carmelo López-Arias, publica en Elsemanaldigital.com, la siguiente crítica sobre "Para enterrar el nacionalismo" (Editorial Rambla).

UN RAYO DE ESPERANZA

De Diego le quita al nacionalismo su subvencionada máscara victimista

Carmelo López-Arias

El autor de "El manifiesto de las clases medias" persevera en su defensa: en esta ocasión, de los vascos, catalanes y gallegos víctimas del virus totalitario implantado en sus comunidades.

19 de diciembre de 2008

LA IZQUIERDA CAVIAR

Los 20.000 euros empleados por el presidente del Parlamento catalán, Ernest Benach, en acondicionar su coche oficial son el último episodio chusco de utilización del dinero público por parte de los nacionalistas.

MUERTO Y BIEN MUERTO

Enrique de Diego. Para enterrar el nacionalismo. Rambla. Madrid, 2008. 138 pp. 8,90 €

Si comenzamos diciendo que Enrique de Diego nos invita en su último libro a ser misericordiosos con los nacionalistas, alguien pensará que hablamos de "otro" Enrique de Diego. Pero no. Es que si repasamos las obras de misericordia, recordaremos que hay una que nos insta a "dar sepultura a los muertos". Y el problema es que el nacionalismo es un cadáver desde el desembarco de Normandía, sostiene, y ya "hiede": "Su putrefacción sólo puede generar pandemias". Así que mejor haríamos organizando su entierro, en vez dejarlo "deambular por el escenario como un zombi, no haciendo otra cosa que crear problemas".

Si un pueblo puede atestiguarlo, es el español, que tiene en los partidos nacionalistas, y en el omnímodo poder que atesoran allí donde gobiernan, su principal problema. Y de tintes dramáticos incluso si prescindiésemos de su manifestación terrorista. En comunidades como el País Vasco, Cataluña o Galicia son víctimas incluso quienes les votan. Diego denuncia que las clases medias periféricas que apostaron por el nacionalismo han caído en su propia trampa: en vez de ser víctimas de la depredación de la izquierda marxista –otro cadáver-, lo son de la "ensoñación identitaria". O incluso de ambas a la vez, pues "la izquierda expoliadora se ha apropiado del nacionalismo".

Con su claridad habitual, Diego aborda en estas páginas los orígenes filosóficos del totalitarismo: Johann Gottlieb Fichte y Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Ellos concibieron la sociedad como un todo del que el individuo es sólo una parte con sus fines subordinados en sí mismos a los de la comunidad. Y consideraron la comunidad sublimada en su forma política, el Estado, cuya evolución en el tiempo conforme a supuestas leyes históricas justifica el dominio absoluto sobre la vida privada de sus súbditos.

Este esquema teórico subyace en el comportamiento de las castas dominantes nacionalistas, aunque evidentemente sin la finura intelectual de sus creadores. Más bien con el color del dinero. Para enterrar el nacionalismo expone cómo la utilización del presupuesto público por PNV, CiU, PSC u ERC obedece sistemáticamente a criterios de subvención, coacción y endeudamiento: "El sentimiento que identifica al nacionalismo es extorsionar a los otros y someterlos a su dominio", y coincide con el socialismo en la mentalidad colectivista. Creen conocer el futuro conforme a la ley de la historia, y se creen llamados fanáticamente a conducir a los súbditos hacia él, generando demandas inexistentes (con un victimismo que cada vez cuela menos) o creando grupos paniaguados en el mundo de la cultura que preparen el terreno ante una manipulada opinión pública, obligada a pagar su propia extinción.

El continuado llamamiento de Diego a las clases medias, a los mileuristas, para que reaccionen frente a la casta parasitaria y la quiebra del Estado del Bienestar, se presenta pues en este nuevo trabajo con un enfoque muy crítico hacia la realidad práctica de nuestro sistema autonómico, carcomido por el nacionalismo.

Que es un cadáver ideológico parece indudable. Que debe ser enterrado, también. Y desde luego con este texto le han caído unos cuantos palazos de tierra a la fosa.

Ideología emocional

Permalink 04.12.08 @ 23:21:55. Archivado en Libros

Reproduzco un extracto del libro ‘Sociedad terminal, la comunicación como arma de destrucción masiva’, de Javier Benegas, de Editorial Rambla. En este extracto reseña algunos de los aspectos fundamentales de la ideología emocional que ha sido difundida, y casi implantada, desde el poder político:

>> Sigue...

Elogiosa crítica de Juan Manuel de Prada sobre 'Casta parasitaria' en ABC

Permalink 14.11.08 @ 19:21:04. Archivado en Libros

Reproduzco la elogiosa crítica que sobre mi libro ‘Casta parasitaria’ ha publicado hoy Juan Manuel de Prada en ABC:

LA «ciudadanía» (así llama la casta de los parásitos al pueblo, convertido en rebaño sometido y pagano, en la doble acepción de la palabra) está un poco mohína con los dispendios que sus gobernantes se permiten, a la vez que hacen girar con alborozo el manubrio de la máquina de fabricar parados, engrasadita como una máquina de hacer chorizos. «A todo cerdo le llega su San Martín», escuché decir el otro día a un buen señor en un bar, soliviantado ante el despliegue faraónico de coches oficiales tuneados, exorbitantes facturas de luz palaciegas, despachitos reformados, pintarrajos barcelonianos y demás simpáticos expolios del erario público. Aquel buen señor tenía razón; pero ignoraba que el cerdo al que pronto le llegará la hora de la matanza era él mismo, y yo mismo, y con él y conmigo toda la muchedumbre tiranizada que subviene los gastos orgiásticos de esta casta parasitaria, erigida en «representación legítima de la ciudadanía», como suele decirse en la jerga de los sometidos.
Jerga que actúa como un ensalmo o abracadabra mágico, para que la «ciudadanía» cornuda y apaleada se consuele pensando que al menos estos parásitos no son tiranos fascistas, sino encarnaciones de la sacrosanta voluntad popular. A fin de cuentas, cuando una voluntad se entrega, ¿no es natural que sea violaba por todos los orificios? Cada pueblo tiene los gobernantes que se merece; y, desde luego, un pueblo convertido en esa papilla o engrudo llamado «ciudadanía» merece una casta de parásitos que les chupen la sangre y hasta el tuétano de los huesos. Leo en estos días un panfleto guerrillero y vitriólico escrito por Enrique de Diego, «Casta parasitaria» (Rambla Ediciones), en el que se traza un cuadro demoledor de una clase política instalada en el perpetuo saqueo del presupuesto público. En el origen de esta casta se halla el régimen administrativo nefando del llamado «Estado autonómico», que facilita la hipertrofia burocrática; también el sistema de listas cerradas y bloqueadas, que permite a los partidos colocar a amiguetes y demás ralea; y, sobre todo, la entronización del parásito, ese individuo amamantado en las estructuras de partido que ha hecho de la política un goloso botín cuyo saqueo está dispuesto a convertir en oficio vitalicio.
Enrique de Diego nos proporciona en su panfleto la etopeya pavorosa de este espécimen, caracterizado por su arrebatadora mediocridad, su desprejuiciada vocación aduladora y su sometimiento a las consignas partidarias. Gentecilla que a los dieciséis años se afilia a las Juventudes de su partido, sin otro propósito que el medro; gentecilla ignara a la que no se conoce mérito ni habilidad alguna; gentecilla que jamás ha arriesgado su peculio en la fundación de una empresa, que jamás ha forzado las neuronas que no tiene en el estudio de una profesión liberal, que jamás ha tenido que buscarse la vida en un oficio manual; gentecilla que, incluso, «mamó la política desde la cuna», esto es, que creció en una casa donde los papás ya formaban parte de la casta y modelaron al vástago para que algún día los sucediera en el disfrute de los mismos privilegios, según los más estrictos códigos de la mamandurria hereditaria; gentecilla analfabeta, prepotente y resentida (porque nadie acumula tanto resentimiento como el inútil que aspira a vivir a costa de quienes han triunfado mediante el esfuerzo y el sacrificio) que un día cualquiera -después de lamer concienzudamente el culo a los capitostes de su partido- es elegida para engrosar tal o cual candidatura municipal o parlamentaria, para ocupar tal o cual consejería o secretaría o ministerio. Las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan sabrán poner nombres a la gentecilla que compone esta casta parasitaria: han vivido tan alejados de la vida verdadera que no saben ni lo que cuesta un café; y, cuando alcanzan las responsabilidades que fatuamente pretenden, llevan al extremo la parodia clásica del político que crea el problema para después ofrecerse como solución. Enrique de Diego los caracteriza a la perfección en su panfleto; y nosotros los sufrimos a diario. Son saqueadores profesionales que se pulen en vicios el dinero que a otros les costó reunir porque ellos jamás han tenido que ganarse el pan con el sudor de su frente. Son los «representantes legítimos de la ciudadanía»; y nosotros los resignados cerdos que les aseguran la pitanza.
www.juanmanueldeprada.com

Comentario sobre 'Mileuristas: los nuevos pobres' y 'Crisis planetaria'

Permalink 12.09.08 @ 15:33:49. Archivado en Libros

Reproduzco el comentario de Juan Manuel Blanco, máster en Economía por la London School of Economics y profesor titular de la Universidad de Valencia, sobre mis libros 'Crisis planetaria' y 'Mileuristas: los nuevos pobres':
Los libros de Enrique de Diego “Crisis Planetaria” (103 páginas) y “Mileuristas: los nuevos pobres” (78 páginas), ambos publicados por la editorial Rambla media, son dos textos cortos que se dejan leer con facilidad.
“Crisis Planetaria” plantea la tesis central de que nos hallamos ante una crisis de modelo, causada por las ineficiencias generadas por el excesivo peso del sector estatal y paraestatal, incluyendo en éste último a todos aquellos que viven de la subvención pública. Según el autor, para salir de la crisis sería necesaria una importante liberalización, con el consiguiente desmantelamiento de muchas estructuras y esquemas estatales.
Para De Diego, el sistema vigente en España se caracteriza por una hipertrofia del Estado, reflejada por una gigantesca inflación de cargos políticos si se suman los correspondientes a la Administración Central, Autonómica, Provincial y Municipal. Son miles de cargos, cada uno de ellos con una corte de asesores. Y también por el descomunal crecimiento de grupos que, envueltos en una coartada supuestamente moral y caritativa, se afanan en vivir del presupuesto, es decir, a costa de los demás. Es lo que el autor llama el “pilla pilla presupuestario”, fenómeno en el que los términos del lenguaje se trastocan: el que pretendidamente desea hacer una obra generosa cobra dinero en lugar de darlo. De este modo, legiones de personas viven a costa de los sectores activos de la sociedad, de aquellos que pagan los impuestos, que el autor denomina las “clases medias”.
Resulta también interesante en el libro la reflexión acerca del proceso que ha llevado a donde nos encontramos. De Diego plantea el origen en la caída del muro de Berlín con la conversión de los antiguos marxistas en funcionarios de la mente. Aprovechando el dominio izquierdista en sectores clave como las universidades, los medios de comunicación, el arte, la cultura y el cine, la estrategia consistió en “regar” con millonarias subvenciones a estos grupos con el fin de que difundiesen en la sociedad unas ideas falsas que justificasen el mantenimiento de la casta política y la expoliación de las clases medias. Entre estas ideas cabe destacar lo que llamaríamos a) la “cultura de lo gratis” o creencia de que el Estado proporciona servicios gratuitos (cuando esto no existe pues todo lo paga el contribuyente), b) la palabrería de lo “social y la solidaridad”, que en realidad no es más que una coacción al que debe pagarlo todo o c) la identificación del Estado con los valores de la generosidad (cuando, en gran medida, constituye una suerte de latrocinio).
Para lograr su propósito, los gobiernos buscan unos “grupos mascota” y los subvencionan a cambio de apoyo, en una política claramente clientelista. Entre estos grupos cabría citar a feministas, ecologistas, grupos de gays militantes y, sobre todo, islamistas con los que, según De Diego, los progres coinciden en muchos aspectos de su ideología: el rechazo a la libertad y la responsabilidad individual, la mentalidad tribal y colectivista así como su oposición al capitalismo y a la cultura occidental.
Finalmente, el sistema acaba con las energías vitales del sector activo e innovador (las clases medias) y sobreviene una profunda crisis sin salida. Para el autor, la única solución consiste en desmantelar una buena parte del sector estatal, acabar con las subvenciones y establecer mecanismos que incrementen la capacidad de decisión individual como el cheque escolar o las pensiones de capitalización. Pero existe el peligro de que, ante la crisis, los ciudadanos se vuelvan asustados hacia el Estado y reclamen más protección exigiendo soluciones que ya no son posibles desde un esquema estatalista y que tenderían a agravar todavía más la crisis. Se hace por ello necesaria una mayor autoconciencia de las clases medias y una rebelión cívica que recupere los valore de libertad individual, responsabilidad, mérito y esfuerzo.
En “Mileuristas”, De Diego plantea la tragedia de toda una generación de jóvenes, la más preparada de la historia, con un nivel educativo que sus padres habían deseado para sí pero a) con unos salarios que rozan los 1000 euros y que resultan muy bajos para el nivel educativo alcanzado, b) con una gran falta de expectativas de futuro y c) sin posibilidades de ascenso en la escala social. Son personas que proceden de la clase media pero están en riesgo de dejar de serlo: no se emancipan, no procrean no son capaces de establecer una familia.
Estas personas tuvieron una infancia feliz y una juventud cómoda pero, según el autor, cayeron en la trampa de un sistema educativo en el que no se destacaron los valores del mérito y el esfuerzo. Un sistema educativo caracterizado por a) la demolición del bachillerato, b) la masificación de la universidad con la consecuente devaluación de los títulos y c) una escuela que educa en la adoración al Estado y no fomenta la iniciativa, el riesgo ni el esfuerzo.
Las consideraciones de De Diego por esta generación no pueden ser más pesimistas: “Hurtados los elementos de análisis para comprender su situación, anestesiado el espíritu crítico por una red de sentimentalismos evanescentes ecopacifistas, lo enervante de esta generación es su conformismo”. Y es que esta generación no puede salvarse sin un cambio radical del sistema.
“Crisis planetaria” y “Mileuristas”, dos libros para comprender la crisis actual.

No pierda el tiempo, no lea 'Crisis planetaria'

Permalink 11.09.08 @ 15:56:59. Archivado en Libros

Me parece muy interesante y entretenido el comentario que, con el título "No pierda el tiempo, no lea 'Crisis planetaria, de Enrique de Diego", se publica sobre mi libro 'Crisis planetaria' en 'Palabra y obra', blog que se presenta como suplemento literario y cultural de la "La Tribuna de España":

De acuerdo, tenemos camaradas que consideran a Enrique de Diego como alguien imprescindible, como alguien de la casa.
Hay formaciones muy próximas a nuestras ideas que se lo disputan como un caramelito y que casi de rodillas y con unción religiosa escuchan sus programas en radio intereconomía.
Y si, hay veces, muchas, que es brillante y su discurso, memorable.
Pero ese no es el caso de Crisis planetaria. Con un punto de vista liberal en extremo, defendiendo poco menos que la abolición de la seguridad social... nos tememos que no podríamos coincidir jamás.
La crítica a las ayudas que el gobierno de EE.UU. ofrece por el problema de las hipotecas, posiblemente una de las pocas cosas con las que podamos estar de acuerdo con el gobierno Bush, son un ejemplo claro.
Las recetas que da este libro para curar la cojera pasan por amputar la pierna. Definitivamente, no nos vale.

'Crisis planetaria', empieza su andadura en Estados Unidos

Permalink 15.06.08 @ 14:11:49. Archivado en Libros

Reproduzco la reseña publicada en democraciaparticipativa.net, web de la Fundación del mismo nombre, sita en Miami:

Crisis Planetaria: la quiebra del Estado de Bienestar
Título: Crisis planetaria
Subtítulo: La quiebra del estado de bienestar
Autor/a: Diego Villagrán, Enrique de
ISBN: 978-84-936130-2-0
Editorial: Rambla Media Ediciones, S.L.
Precio: 8.50 €

Esta obra de apenas 103 páginas la puede leer con facilidad cualquier lego en cuestiones económicas. No es un estudio a profundidad del tema que desarrolla sino un ensayo que apela al sentido común con un estilo periodístico que mantiene el interés del lector y debe despertar en el investigador y el estudioso la inquietud necesaria para desarrollar la hipótesis que aquí se plantea.

Enfoca sin ambages la actual crisis económica mundial, dando la voz de alerta con una controversial hipótesis de que se trata de un problema básico de sistema y/o de modelo socioeconómico. Es también una apasionada protesta contra la "degeneración perversa de la democracia que puede causar daños irreparables a la libertad" y contra las clases políticas que entronizan maquinarias burocráticas y métodos populistas que están desmembrando al sector más productivo y emprendedor de la sociedad moderna: la clase media.

De hecho, este libro es una secuela de otro anterior del mismo autor, titulado "El Manifiesto de las Clases Medias". Pero en esta "Crisis Planetaria" que reseñamos se corrobora precisamente el calvario de las clases medias como señal precursora del "fin del estado de bienestar", ese “welfare State” que han propugnado durante más de medio siglo muchas naciones democráticas mediante un intervencionismo y un centralismo de Estado ya atrofiado que ha desvirtuado los parámetros originales de la democracia. Los gastos implícitos y explícitos de estas políticas y sus consecuencias han abatido la capacidad de progreso y crecimiento económico que se nutría fundamentalmente del emprendimiento y capacidad de las clases medias. Por eso afirma que "una de las lecciones que es preciso aprender a la carrera es que son necesarias menos instituciones burocráticas" porque éstas se transforman en la práctica en monstruosidades presupuestarias.

He aquí un extracto autorizado del primer capítulo de "Crisis Planetaria":

“Porque esta no es una crisis coyuntural, ni estructural, sino de modelo, no tiene salida. El modelo como tal está quebrado, y a lo que asistimos es a los primeros estadios de una crisis que va a obligar a replantearse las mismas bases del modelo llamado de Estado de bienestar, y que no es otra cosa que una fórmula de expoliación sistemática de las clases medias.

En la medida en que el sistema prebendario actual, con impúdica compraventa de votos y mantenimientos a través de los Presupuestos de numerosos lobbys de manos muertas, pretenda solucionar la crisis, la empeorará. De hecho, por lo que estamos viendo, esa es la pulsión instintiva del sistema. La propensión no es a desmantelar Estado, a liberalizar, a hacer que los amigos del poder dejen de vivir del cuento, sino todo lo contrario: a incrementar la presencia estatal en la vida de las personas, a regular más, y a intentar a cualquier precio –incluso el previsible de la corrupción- la salvación de las aristocracias parafiscales.

Los ciudadanos responsables y ahorradores han de trasvasar sus fondos a los derrochadores y la redistribución de la riqueza cada vez se entiende más como la depredación de las clases medias para satisfacer la codicia de los más ricos. El sistema se ha instalado en la mentira y la bola de nieve corre agravando la crisis futura. En vez de dejar ajustarse al mercado, ora bajo la negación, ora bajo el pánico de la nomenclatura política, las medidas tienden a empantanar la crisis hasta que los diques salten bajo la presión de la ineficiente intervención estatal.

Las medidas previstas por el Gobierno español para afrontar la crisis son para echarse las manos a la cabeza. En un keynesianismo fenecido, es el Gobierno el que, tras utilizar el tipex para maquillar las galopantes cifras del paro, se dispone a ser el impulsor del empleo. La gran receta es potenciar las Viviendas de Protección Oficial (VPO) e incrementar la gran obra pública. Ninguna de las dos resolverá nada respecto al empleo, sino que la primera notoriamente lo empeorará, pero servirá para que los amigos del poder puedan sobrevivir en tiempos de crisis, a costa de las empresas pequeñas y medianas y sin contactos políticos. Las VPO establecen una competencia desleal respecto a las viviendas libres, distorsionan el mercado y harán caer más y más rápido al sector inmobiliario.

La crisis no tiene salida dentro del modelo y los intentos de los Gobiernos para darle respuesta sin cuestionar las bases del modelo prebendario y de expoliación de las clases medias son una apuesta por el suicidio planetario. Lo peor que podría suceder es que Estados Unidos oscilara, como parece, y con la excusa de los tiempos electorales que corren, hacia el decadente modelo europeo, porque entonces no habría locomotora y todos pasarían a ser vagones en continua desaceleración hasta detener su marcha.

Lo curioso de la situación es que las poblaciones parecen exigir de sus Gobiernos que tomen medidas en la mala dirección y eso se considera democrático, y recurrente en tiempos electorales. Es cierto que, en buena medida, ese tipo de exigencias habitualmente son requeridas por los editorialistas de los medios de comunicación que, con frecuencia, forman parte del sistema. Pero también que las poblaciones están refrendando en las urnas, como la española, las estrategias de ocultación de sus Gobiernos y las propuestas de incremento de gasto público y reparto dadivoso, como ha sucedido en las recientes elecciones generales españolas."

Firma de ejemplares en Feria del Libro

Permalink 14.06.08 @ 13:50:15. Archivado en Libros

Invito a todos los lectores –oyentes de A Fondo y El país de las maravillas de Radio Intereconomía- a la firma de ejemplares de mis libros –‘El manifiesto de las clases medias’, ‘Crisis planetaria, la quiebra del Estado de bienestar’ y ‘Mileuristas: los nuevos pobres’- que tendrá lugar el sábado, 14 de junio, de 18 a 20 horas, en la caseta 20, de la distribuidora SGEL, de la Feria del Libro, en el Retiro.

'Mileuristas: Los nuevos pobres' y 'Crisis planetaria', en Minuto Digital

Permalink 10.06.08 @ 17:32:16. Archivado en Libros

Regresa a las librerias Enrique de Diego, uno de los más interesantes y prolíficos autores de la derecha española. Si ya revolucionó el escenario político e intelectual español con ‘El Manifiesto de las Clases Medias’, embrión de un movimiento social reivindicativo del verdadero sostén de nuestra sociedad, refuerza ahora con dos nuevas obras aspectos interesantes de su visión de la realidad social, económica y política que nos ha tocado vivir.

No exento de cierta visión privilegiada, De Diego nos muestra un puzzle ya terminado, en el que encajan todas las piezas que permanecen ocultas a la vista de los ciudadanos abstraídos en otras cosas, en sobrevivir.
Artículo completo en minutodigital.com

Agradecimiento y nueva firma en la Feria del Libro

Permalink 09.06.08 @ 23:05:04. Archivado en Libros

Agradezco la asistencia masiva, y las muestras de cariño, durante la firma de ejemplares del pasado sábado.
Invito a todos los lectores –oyentes de A Fondo y El país de las maravillas de Radio Intereconomía- a la firma de ejemplares de mis libros –‘El manifiesto de las clases medias’, ‘Crisis planetaria, la quiebra del Estado de bienestar’ y ‘Mileuristas: los nuevos pobres’- que tendrá lugar el sábado, 14 de junio, de 18 a 20 horas, en la caseta 20, de la distribuidora SGEL, de la Feria del Libro, en el Retiro.

Feria del Libro

Permalink 07.06.08 @ 10:55:08. Archivado en Libros

Invito a todos los lectores –oyentes de A Fondo y El país de las maravillas de Radio Intereconomía- a la firma de ejemplares de mis libros –‘El manifiesto de las clases medias’, ‘Crisis planetaria, la quiebra del Estado de bienestar’ y ‘Mileuristas: los nuevos pobres’- que tendrá lugar el sábado, 7 de junio, de 19 a 21 horas, en la caseta 20, de la distribuidora SGEL, de la Feria del Libro, en el Retiro.

Crítica a 'Mileuristas: Los nuevos pobres' y 'Crisis planetaria'

Permalink 04.06.08 @ 15:54:09. Archivado en Libros

Elsemanaldigital.com publica la siguiente crítica de Carmelo López-Arias sobre mis dos últimos libros:

De Diego lanza un reto a los mileuristas ante la crisis que se avecina

Carmelo López-Arias

La rebelión de las clases medias contra el Estado del Bienestar: es su polémica propuesta para que los "nuevos proletarios" puedan librarse de la clase parasitaria que impide todo cambio.
16 de mayo de 2008
EL DESPERTAR
Enrique de Diego. Mileuristas: los nuevos pobres. Rambla. Madrid, 2008. 78 pp. 7,50 €
ESTO NO ES PASAJERO
Enrique de Diego. Crisis planetaria. La quiebra del Estado de Bienestar. Rambla. Madrid, 2008. 103 pp. 8,50 €
Mileuristas: los nuevos pobres y Crisis planetaria: la quiebra del Estado del bienestar son la continuación natural de El manifiesto de las clases medias lanzado por Enrique de Diego hace justo ahora un año y del cual dimos cuenta en su día.

Son dos obritas originales en nuestro panorama bibliográfico. La denuncia del intervencionismo estatal en su aparentemente benefactora tutela goza de un predicamento creciente. Ahí está Reinventar el Estado del Bienestar. La experiencia de Suecia (Gota a Gota) de Mauricio Rojas, presentado por José María Aznar hace pocas semanas, o el clásico recién editado en español Economía en una lección (Ciudadela), de Henry Hazlitt.

Pero faltan obras de batalla, que ocupen un bolsillo y puedan leerse en un par de trayectos largos de Metro o en el trasbordo de un vuelo, y suministren argumentos para el día a día asentando convicciones firmes en quienes no disponen de mucho tiempo ni muchas ganas para leer. Ése es el hueco que, con un esfuerzo impagable, está cubriendo De Diego en su cruzada contra un estatismo que la izquierda alienta y la derecha sólo desalienta con la boca pequeña.

La publicación de estos dos breves alegatos es oportuna en medio de la crisis económica en la que vive nuestro país, prevista al menos para dos años muy duros. Pero no se trata sólo de algo coyuntural, sino de un descoyuntamiento global del sistema socialistizante que –he ahí la paradoja- sobrevivió a la caída del Muro de Berlín. De Diego habla de una "catástrofe planetaria" porque no existe "salida dentro del modelo", y ese modelo camina a la quiebra por el incremento de población y las corrientes migratorias. Ni una ni otras sean malas en sí, al contrario, pero precisan "estructuras sociales flexibles, que incentiven la creatividad y la innovación". Se topan sin embargo con la rígida omnipresencia estatal, por un lado, y el riesgo de penetración islamista en Occidente, por otro, en una insensata inmigración no selectiva.

A lo que añadir una clase política insostenible y la proliferación de lobbies que viven del presupuesto (De Diego suele bromear presentándose como productor de cine, dado que lo sostiene con sus impuestos) o tienden a expandirlo en aras de causas biempensantes que –ya es casualidad- siempre suponen gasto público y control sobre la sociedad. La última que ha hecho fortuna es la del calentamiento global.

La sanidad, la educación y las pensiones son las tres áreas de urgente liberalización, según De Diego. Y deberían ser –sostiene- los jóvenes mileuristas quienes encabezaran el plante. Porque no han padecido las privaciones de generaciones precedentes, pero por contra sus expectativas son muy inferiores (sólo el 40% de los licenciados universitarios tienen un trabajo acorde a su nivel de estudios). Sin embargo, "han sido adormecidos por el Estado" y su "dictadura benévola", la de un Leviatán "dispuesto a llevarles –sin riesgos y sin la funesta manía de pensar- de la cuna a la tumba como un padre providente o una madre nutricia. Se les ha educado en la adoración al Estado para ser sus víctimas y, en buena medida, han interiorizado como propios los criterios –tópicos y consignas- que les llevan al desastre, a su despilfarro como generación, a su anulación como individuos, a la incapacidad para perpetuarse".

De Diego lanza estos dos aldabonazos para despertarles de la pasividad y situarse a la cabeza de la rebelión de las clases medias, que van camino de la proletarización por obra un Estado del bienestar que cada vez cumple peor sus teóricos fines. Una lectura rápida, contundente y –sobre todo- movilizadora.

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