Obras son amores
05.03.08 @ 01:06:07. Archivado en Zapatero
Obras son amores y no buenas razones, reza la sabiduría popular. Y en el terreno de las obras: 53.406 personas se han quedado sin empleo en febrero. En los tres últimos meses, 220.000 personas han perdido su trabajo. El número de parados es de 2.315.331 personas, la más alta desde junio de 1998. Esto es una tragedia y una catástrofe: 220.000 tragedias y 220.000 catástrofes. Es, además, un círculo vicioso y una pendiente, porque esa destrucción de empleo implica más gasto público en subsidios, menos recaudación en cotizaciones a la Seguridad Social, menor consumo lo que implica más paro.
Después de habernos llevado al borde del abismo, Zapatero promete dar con confianza y soltura un decidido salto al frente. Ninguna de sus medidas resultan ni tan siquiera paliativas de la situación, ni permiten el menor resquicio a la esperanza, porque todas se mueven en la irrealidad y el saqueo de las cuentas públicas. Es una mentalidad del tipo de que ante la enfermedad de nuestra economía, Zapatero está bien dispuesto a hacer cuantiosas sangrías. Se dispone a expoliar a modo a las clases medias y a situar a la sociedad en términos de conflicto, quitando a unos para dárselo a otros, con un ineficiente y obsceno trasfondo de compraventa del voto.
Lo lógico sería que con estos datos Zapatero tuviera menos futuro de cara al 9-M que Segolène Royale y no es así, a tenor de las encuestas. Sin duda, influye el control hegemónico del PSOE sobre los medios de comunicación y la capacidad de propaganda, pero también al hecho de que el PP no está ofreciendo una ruptura con el intervencionismo, con el socialismo estatista, sino una mejor gestión de algo que no funciona. Es interesante la reducción fiscal que plantea el PP, y de manera notoria la reducción del impuesto de sociedades, y eso sólo sería motivo suficiente para que estuviera en condiciones de ganar las elecciones, pero ni Zapatero ni Rajoy están en condiciones de prometer la creación de empleos, ni de situar, más allá de la chusca demagogia, que su prioridad es incrementar el número de mujeres empleadas, pues sólo les cabe poder establecer los marcos de flexibilidad y liberalización para que la creación de empleo sea posible por parte de los ciudadanos emprendedores.
Pero la cuestión más de fondo que apenas ha sido tratada en los debates es que sea preciso, urgente, imprescindible reducir drásticamente el gasto público. Esta no es una crisis coyuntural, ni estructural, sino de modelo, no se resuelve, por tanto, mediante mejores gestores, sino con otras ideas, con ideas nuevas, con un modelo diferente, que pasa por la competencia y la liberalización, por la ruptura radical con las subvenciones y su mentalidad, con la mejora de la educación a través del cheque escolar y no de la retórica y huyendo de medidas nefandas como extender ahora la obligatoriedad de la enseñanza también de los 0 a los 3 años.
Lo que se hace preciso es acabar con la expoliación de las clases medias y permitir a estas su capitalización y el desarrollo de su libre iniciativa, poniendo fin al paternalismo de Estado, que lejos de ser una utopía, es una estupidez, un fracaso contrastado.
La clase política no está dando suficiente respuesta a los anhelos, a los ideales y a los intereses de las clases medias.
Menos Estado, más sociedad. Menos Gobierno, más empresa. He ahí los principios de las soluciones para el futuro.
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Enrique de Diego



