Extracto de Conspiranoia: “La realidad virtual” de Del Pino-date el piro
30.01.08 @ 16:09:29. Archivado en Conspiración, 11-M, Conspiranoia, Libros

Reproduzco un extracto de ‘Conspiranoia’, con el objetivo de que alguien me dé alguna pista sobre el libro de Luis del Pino, “La realidad virtual”, que, oportunamente, ha sido retirado del mercado.
El ingeniero de Telecomunicaciones, especialista en realidad virtual, va a generar una teoría de la conspiración a lo Matrix, en la que la realidad deviene en mentira. La decisiva aportación, el sueño de Morfeo, de Luis del Pino a la conspiranoia es la negación del suicidio colectivo de Leganés. La primera vez que cuestiona el hecho notorio es el artículo 18 de la serie “Los enigmas del 11-M” –como llegó a tomar notoriedad del Pino sería el mayor- publicada en Libertadigital, medio acogedor de tal periodismo basura. Lo curioso es que las primeras dudas de Del Pino se deben a que todo está demasiado claro, es demasiado evidente. Un argumento irracional. “El asunto de Leganés resulta especialmente intrigante. La versión oficial es clara como el agua (‘los responsables del 11-M, al verse rodeados por la Policía, decidieron inmolarse, haciendo estallar el piso y llevándose por delante la vida del miembro del GEO Francisco Javier Torronteras’) y todos los datos que se han ofrecido a la opinión pública parecen corroborar esa versión oficial. Pero entonces, ¿por qué tenemos todos la incómoda sensación de que algo no cuadra?” De hecho, “son numerosísimos los datos y testimonios que certifican la versión oficial”. Y los enumera. “¿Verdad que parece un guión? Al analizar los hechos, es imposible resistirse a esa vocecita que nos susurra al oído: 'si yo necesitara remachar ante la opinión pública, mediante una escena fabricada, la idea de que el 11-M fue un atentado islamista, ése es el tipo de escena que habría elegido’. En ese sentido, es tan providencial esa aparición de los suicidas que no habían sido hallados en los trenes, es tan providencial esa desaparición de testigos incómodos, es tan providencial esa demostración sangrienta de radicalismo islámico...que no podemos evitar decirnos a nosotros mismos que el guionista se ha pasado tres pueblos”. El pésimo guionista, en realidad, es Luis del Pino. Convertido su pastiche en la ‘versión oficial’ del diario El Mundo, de la cadena católica –haciendo mangas y capirotes del mandamiento de ‘no mentirás’- y del PP, que llega a preguntar por “presuntos suicidas”, Del Pino se irá creciendo y desbocando por la pendiente de su propia realidad virtual y llegará a espetar inmoralidades tan infectas como que “es la única vez en la historia que en lugar de suicidarse uno para matar a siete, se suicidan siete para matar a uno. No tiene ninguna lógica”. Ni como broma macabra, ni como estulticia chusquera, maldita la gracia que tiene. Por de pronto, no es cierto. Muchos suicidas no han matado a nadie más que a sí mismos y, en cualquier caso, el héroe Francisco Javier Torronteras -por el que mi respeto y mi agradecimiento son infinitos- evitó una masacre de sus compañeros con su arrojo, con su escudo y, también actuó a modo de parapeto la puerta del rellano de la escalera. Lo que maldita la lógica que tiene es que hubieran de morir más geos -varios fueron heridos- para que le cuadraran las cifras y se le redondeara el guión a Luis del Pino. Doy por seguro que de haber muerto ocho geos, el fabulador compulsivo se hubiera inventado otra más gorda.
Luis del Pino nunca tiene el más mínimo inconveniente en contradecirse en sus argumentos y en mostrar su ignorancia. Unas veces, se sorprende de que no hubiera suicidas en los trenes, mas en lo que se refiere a Leganés la sorpresa estriba precisamente en que se suiciden porque, a pesar de las evidencias cotidianas de la existencia de terroristas suicidas integristas, Del Pino afirma que los musulmanes no se suicidan porque lo prohíbe El Corán. Podía darse una vuelta por los mercados de Bagdad o contemplar el muro levantado por Israel para impedir el paso de suicidas. Los integristas, claro, niegan que los hombres-bomba sean suicidas, consideran que usan su ‘cuerpo como arma’ y, por ende, en el ámbito de la jihad, el terrorista suicida tiene la consideración de sahid, de mártir. Ese criterio tiene base, además, en las propias enseñanzas de Mahoma. En el transcurso de la batalla de Badr, en un momento de peligro, el profeta arengó: “Ningún combatiente, si ha resistido lo bastante, si ha avanzado sin retroceder, morirá hoy sin que Alá lo haga entrar en el paraíso”. Un musulmán, Umayr, que estaba comiendo unos dátiles, exclamó: “¡Fantástico! ¡Fantástico! ¿Para entrar en el paraíso basta con hacerme matar por estos?” Salió hacia el enemigo y se hizo matar. Los ulemas y ajatolás integristas no hablan de ‘suicidio’ sino de ‘inmolación’ y de ‘muerte encontrada combatiendo al infiel’. Pero a Del Pino no tiene empacho en crear realidades virtuales y la de un Islam a su conveniencia es una más.
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