El manifiesto de las clases medias (III): La idiosincrasia de la izquierda
10.05.07 @ 17:09:28. Archivado en Libros
Enrique de Diego (Periodista Digital)-. Al fin y al cabo, la idea más cara a la izquierda, la más originaria es que el burgués es, por definición, asesinable, e incluso que el homicidio en masa formaba parte del sentido de la historia.
Ahora los socialistas estaban dispuestos a acomodarse y a revestirse con los ropajes del perdonavidas.
El socialismo adquirió, de esa forma, las características de un peaje, una especie de indulgencia laica para, mediante la intervención estatal, tranquilizar las inquietas conciencias de las clases medias, cuyo afán de lucro continuaba siendo, por de pronto, un pecado original, en el que recaían de continuo.
El comunismo se mantenía, además, como el fantasma amenazante.
INTERVENCIONISMO, COMUNISMO
Las democracias se infectaron de intervencionismo, de comunismo, como un salvoconducto.
La libertad se trocó en concesión del Estado. La depredación se legalizó y se sistematizó. Leviatán creció sin tregua respetando los ritos democráticos, alimentándose de un humus de complejos de culpa esotéricos.
Fueron nacionalizados sectores enteros fagocitados bajo el apelativo de estratégicos. La socialdemocracia se ofrecía como bálsamo, mas nunca abandonaba la nostalgia de la sentencia de muerte universal, para evitar que se apagaran las brasas del síndrome de Estocolmo colectivo.
Cada partido mantenía, en los archivos, su programa máximo y en los congresos no dejaban de escucharse los sones de La Internacional a cuyos acordes se había conducido a las fosas comunes a los emprendedores miembros de las clases medias.
De cuando en cuando, se nacionalizaba algún sector, incluso el crédito, para que no se olvidara que la propiedad privada era un mal, menor, necesario, pero mal al fin y al cabo, causa última de toda injusticia.
No hubo aspecto del programa comunista que dejara de ponerse en práctica: los impuestos se tornaron progresivos, penalizando el esfuerzo y desincentivando el trabajo, las fauces de Leviatán se cebaron en las herencias, castigando a los amorosos de sus vástagos y a los menos dilapidadores, se extendió el sector estatal en las industrias y se incidió en ese error, a pesar de sus inmediatos déficits, se estatalizó la enseñanza para inculcar en el alma de los niños la adoración al Estado y la legitimación del hurto organizado.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/93090
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Enrique de Diego









