Amistad Europea Universitaria

Lengua y lenguaje en el DE de El Quijote

21.06.17 | 22:53. Archivado en Semántica, Pragmática, Novela, Literatura, Cervantes, El Quijote

Texto ilustrado por Gustave Doré (dibujo) y por Salvador Tusell (pintura): «el cual me dijo en lengua que en toda la Berbería, y aun en Costantinopla, se habla entre cautivos y moros, que ni es morisca, ni castellana, ni de otra nación alguna, sino una mezcla de todas las lenguas, con la cual todos nos entendemos; digo, pues, que en esta manera de lenguaje me preguntó que qué buscaba en aquel su jardín, y de quién era.», I.41.1.

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Hiperrealismo quijotesco: Nadie más opuesto al nominalismo que don Quijote. Si el nominalista cree que los universales carecen de toda existencia tanto en la realidad donde sólo existen los objetos individuales, como en el pensamiento donde los universales no son sino meros nombres, Don Quijote cree en la realidad de los nombres, los toma por cosas. De aquí que quepa hablar no solamente de su realismo, sino de su hiperrealismo o realismo inmoderado.

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lengu-: lengua: 103: [lengua castellana: 8; lengua morisca: 2]; lenguaje: 10; lenguas: 22

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Género literario de El Quijote, 2/2

17.03.17 | 12:05. Archivado en Poética, Literatura, Cervantes, El Quijote


Ilustración: Encuentro con las tres aldeanas del Toboso *

Género literario de El Quijote, 2/2: Interarquetipos literarios

En Cervantes se consuma para siempre el desplazamiento del foco narrativo de la fábula a los personajes. «En adelante, el arte del novelista será sólo el de crear la coherencia interna del personaje en un plano de orden no ya comprensible, sino directamente experimentable para el lector (no hay que decir que de un modo ilusorio, y ahí está el milagro)», FMV, p. 75

En la construcción de cada uno de sus personajes, Cervantes procede mediante un juego sutil de hibridación de arquetipos literarios, cuyo resultado es en cada caso un mestizo literario interarquetípico. Así, don Quijote resulta del mestizaje de al menos dos arquetipos literarios extremadamente opuestos: el del soldado fanfarrón, el "miles gloriosus" de la comedia, y el del anciano sabio y prudente (F. Martínez-Bonati).

La génesis interarquetípica es particularmente osada, ya que de un hidalgo más exaltado que mentiroso Cervantes hace un falso caballero andante, el cual, a pesar de su fanfarronería, más loca que mentirosa, juzga cuerdamente, aunque más como un libro de sentencias o de epigramas que como un juez prudente. La mentira del fanfarrón ha sido transformada por Cervantes en delirio de locura; la prudencia del anciano en vana verborrea sin objeto.

Sancho, por su parte, encarna tanto al "rústico", simple y torpe, como al "gracioso", lleno de ingenio y recursos. «Al convertirse en gobernador, oscila entre la figura del astuto autoritario y expedito, y la del tímido desatinado y ridículo. Otra transfiguración es la que experimenta al asumir, ante su mujer, aires señoriles y quijotescos, en un capítulo abiertamente irónico y lúdico. Lo declara, por si hay dudas, el narrador-editor (ficción de autoría): "Llegando a escribir el traductor desta historia este quinto capítulo, dice que le tiene por apócrifo, porque en él habla Sancho Panza con otro estilo del que se podía prometer de su corto ingenio y dice cosas tan sutiles, que no tiene por posible que él las supiese...."(II.5.1).», F. Martínez-Bonati, 1995, p. 92.

El resultado de la génesis interarquetípica es en cada caso un arquetipo mestizo o, en la terminología de F. Martínez-Bonati, un interarquetipo, ya que su construcción implica la ruptura de arquetipos literarios simples y la confección con sus restos de arquetipos complejos, necesariamente entreverados, como ya lo dijo el propio Cervantes a propósito de don Quijote, por la boca de más de uno de sus lectores convertidos en personajes de la segunda parte.

Estas hibridaciones de matrices literarias de suprema audacia creadora que encontramos en el Quijote, ejemplifican las disonancias con que Cervantes compromete y desborda la unidad más radical de la obra literaria: la del tipo y género de la imaginación (F. Martínez-Bonati). (® género literario del “Quijote”)

En cuanto transfiguraciones de arquetipos tradicionales coherentes, los caracteres entreverados no pueden ser interpretados ni como elementos de una representación literaria verosímil, en el sentido de previsible por sus arquetipos, ni menos aún como elementos de una representación social realista, cuyos correspondientes serían individualidades del mundo circundante. Cervantes no ha pretendido ni retratar ni caricaturizar a sus contemporáneos. Sólo pueden ser vistos, y parece ser la intención de Cervantes, como elementos motores de una alegoría, apenas hiperbólica, para patentizar la complejidad y relativa inconsistencia de toda acción o historia basada sobre sujetos humanos.

El Cura y el Barbero también presentan cada uno una constitución prosopográfica internamente entreverada, al límite de la contradicción. Ni el carácter del uno ni el del otro son reductibles a un arquetipo verosímil, ni literario ni social. Tampoco su carácter como amigos de don Quijote. Por una parte aparecen como personas afectuosas y bien intencionadas con don Quijote; pero por otra, aparecen a ratos como enemigos insensibles y hasta crueles que se burlan de él sin piedad. Esta discrepancia alegoriza la imperfección humana. (® Miranda: ruptura del arquetipo literario).

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* Articulación diégética: la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora Dulcinea

Texto ilustrado por Gustave Doré e interpretado pictóricamente por Salvador Tusell

"—Apártense nora en tal del camino, y déjenmos pasar; que vamos de priesa."

El Q. II.10.32.

Légende de l'édition française :

[Tome II. Seconde partie. Pl. en reg. p. 70 : Rencontre avec Dulcinée "enchantée", transformée en paysanne. Sancho Panza et Don Quichotte s'agenouillant devant trois paysannes montées sur des mules.] Don Quichotte s'était déjà jeté à genoux aux côtés de Sancho.

Contexto del texto ilustrado:

Capítulo Décimo. Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora Dulcinea, y de otros sucesos tan ridículos como verdaderos.

31. A esta sazón ya se había puesto don Quijote de hinojos junto a Sancho, y miraba con ojos desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba reina y señora, y como no descubría en ella sino una moza aldeana, y no de muy buen rostro, porque era carirredonda y chata, estaba suspenso y admirado, sin osar desplegar los labios. Las labradoras estaban asimismo atónitas, viendo aquellos dos hombres tan diferentes hincados de rodillas, que no dejaban pasar adelante a su compañera, pero rompiendo el silencio la detenida, toda desgraciada y mohína, dijo:

32. —Apártense nora en tal del camino, y déjenmos pasar; que vamos de priesa.

El Q. II.10.31-32.

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Fuentes: Salvador García Bardón, Interarquetipos en el Quijote, Amistad Europea Universitaria, 05 de marzo, 2005, y Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Skynet, 2005.

◊◊◊


Género literario de El Quijote, 1/2

16.03.17 | 17:10. Archivado en Poética, España, Novela, Literatura, Cervantes, El Quijote

Ilustración: ◊ Consecuencias de la aventura de los yangüeses ◊

Articulación diegética: Aventura de los yangüeses.

Texto ilustrado por Gustave Doré (dibujo) y Salvador Tusell (pintura)

"Sancho acomodó a don Quijote sobre el asno y puso de reata a Rocinante, y llevando al asno de cabestro, se encaminó, poco más a menos, hacia donde le pareció que podía estar el camino real. "

El Q. I.15.41.

Légende de l'édition française :

[Tome I. Première partie. Pl. en reg. p. 126 : Sancho Panza, Don Quichotte et leurs montures après leur défaite contre les Yangois.] Tirant sa bête par le licou, il s'achemina du côté où il lui semblait que pouvait se trouver le grand chemin. (*)

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El personaje de ficción había vivido hasta Cervantes condenado a la galera del género respectivo, donde todo era regido por la ley de las antonomasias: el héroe del libro de caballerías nacía para sus aventuras necesariamente heroicas; el de las novelas sentimentales y pastoriles, para el amor y el pastoreo bucólico en sus variantes cortés o petrarquista; el de la bizantina, para ser un corcho llevado y traído por la errabundez náufraga, y el de la picaresca, para predicar el ejemplo negativo de sus malas mañas (FMV; ® género [picaresco] ). Cada uno hacía lo que tenía que hacer, como lo tenía que hacer y donde tenía que hacerlo.

La discusión del canónigo y el cura sobre los géneros literarios hay que entenderla en este contexto: «este género de escritura y composición[1] cae debajo de aquel de las fábulas que llaman milesias, que son cuentos disparatados, que atienden solamente a deleitar, y no a enseñar; al contrario de lo que hacen las fábulas apólogas, que deleitan y enseñan juntamente.», I.47.30.

La escritura, la composición y, en consecuencia, los personajes típicamente «cervantinos» significan la ruptura de los arquetipos literarios en un juego francamente interarquetípico, ya que nuestro autor deja libre curso al afán de vivirse de cada uno de ellos, incluso de sus personajes más paródicos, como el propio don Quijote, respetándoles el pleno dominio de su libertad. Al igual que don Quijote, cuyas aventuras más o menos descabelladas consisten siempre en fabricarse un cauce vital sin rodeos ni compromisos, todo personaje cervantino puede proclamar: «—Yo sé quién soy…, y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama», I.5.13.

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La expulsión de los Moriscos en El Quijote


Dedico este trabajo a quienes piensan, con ocasión de las navidades y del año nuevo, que no debemos repetir nuestros errores del pasado, sobre todo los que conculcan los derechos humanos fundamentales.

Imagen: ◊ Embarco de moriscos en el Grao de Valencia = Embarquement de morisques dans la Plage de Valence = Moriscos' embarkation in the Shore of Valencia ◊

Author: Pere Oromig (1)

→ Cervantes entreveía tal vez un torvo futuro, preñado de infinitas exclusiones y discordias fratricidas, hacia el cual se daba un firme paso con los decretos de Felipe III y su «Atlante», el de Lerma. ←

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Retazos léxico-enciclopédicos sobre el "No saber leer ni escribir en El Quijote"

02.01.17 | 19:00. Archivado en Ética, Didáctica, Educación, Cervantes, El Quijote

Imagen: Don Quijote enfrascado en su lectura

Articulación diegética: La condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Texto ilustrado por Gustave Doré (dibujo) y por Salvador Tusell (pintura):

"se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio."

El Q. I.1.4.

Légende de l'édition française :

[Tome I. Première partie. Pl. en reg. p. 10 : Don Quichotte lisant et envahi par les personnages de ses livres de chevalerie.]

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Azotar y azotes en El Quijote

Imagen: Los azotes de Sancho Panza por el desencanto de Dulcinea (1)

El tema de los "azotes de Sancho", subordinado al tema del "desencanto de Dulcinea", es muy importante en la composición de la trama temática del Quijote porque, a partir de la burla del mayordomo del Duque, don Quijote tendrá la nueva manía de pretender que Dulcinea va a ser desencantada cuando Sancho Panza se dé los azotes desencantadores prescritos.

• Con este mismo tema empieza Sancho la carta a Teresa de II.36.14: «Si buenos azotes me daban, bien caballero me iba; si buen gobierno me tengo, buenos azotes me cuesta». De manera semejante concluye su saludo a la aldea desde lo alto de una cuesta, cuando él y don Quijote la descubrieron de vuelta. La cual aldea, «vista de Sancho, se hincó de rodillas, y dijo: —Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado.… Dineros llevo, porque si buenos azotes me daban, bien caballero me iba.», II.72 § 31-32. ® niños: "Niños de la doctrina" (1)

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La verdad de la aldea en el Quijote

21.12.16 | 18:02. Archivado en Poética, Ética, Novela, Cervantes, El Quijote

La verdad de la aldea, donde don Quijote tiene nombre de Bueno, vence su locura por los libros de caballerías.

El propósito de los auténticos amigos de don Quijote, todos compatriotos suyos, es hacerle volver a su aldea para que allí se cure de su locura: «pareciéndoles que ya era tiempo de partirse, dieron orden para que, sin ponerse al trabajo de volver Dorotea y don Fernando con don Quijote a su aldea, con la invención de la libertad de la reina Micomicona, pudiesen el cura y el barbero llevársele, como deseaban, y procurar la cura de su locura en su tierra.», I.46.30.

Imagen: Entusiasmo de Sancho por su llegada con don Quijote a la aldea de ambos (1)

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Barcelona en El Quijote

15.10.16 | 11:45. Archivado en Semántica, Pragmática, Poética, España, Novela, Cervantes, El Quijote

Texto ilustrado por Gustave Doré:

La entrada de don Quijote en Barcelona.

"Volvióse Roque; quedóse don Quijote esperando el día, así, a caballo, como estaba, y no tardó mucho cuando comenzó a descubrirse por los balcones del Oriente la faz de la blanca aurora, alegrando las yerbas y las flores, en lugar de alegrar el oído"

El Q. II.61.2.

Légende de l'édition française :

[Tome II. Seconde partie. Pl. en reg. chap. LXI : Don Quichotte et Sancho Panza sur la plage de Barcelone.] Don Quichotte attendit le jour à cheval.

Contexto del texto ilustrado:

Capítulo Sesenta y uno. De lo que le sucedió a don Quijote en la entrada de Barcelona, con otras que tienen más de lo verdadero que de lo discreto.

1. ... En fin, por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas, partieron Roque, don Quijote y Sancho con otros seis escuderos a Barcelona. Llegaron a su playa la víspera de San Juan en la noche, y abrazando Roque a don Quijote y a Sancho, a quien dio los diez escudos prometidos, que hasta entonces no se los había dado, los dejó, con mil ofrecimientos que de la una a la otra parte se hicieron.

2. Volvióse Roque; quedóse don Quijote esperando el día, así, a caballo, como estaba, y no tardó mucho cuando comenzó a descubrirse por los balcones del Oriente la faz de la blanca aurora, alegrando las yerbas y las flores, en lugar de alegrar el oído;

El Q. II.61.1-2.

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España y los españoles en El Quijote

Imagen: Texto ilustrado por Gustave Doré:

Situación diegética: Encuentro de Sancho con su compatriota morisco Ricote, tras el fatigado fin y remate de su gobierno.

"Comenzaron a comer con grandísimo gusto y muy de espacio, saboreándose con cada bocado, que le tomaban con la punta del cuchillo, y muy poquito de cada cosa, y luego al punto, todos a una, levantaron los brazos y las botas en el aire; puestas las bocas en su boca, clavados los ojos en el cielo, no parecía sino que ponían en él la puntería"

El Q.II.54.16.

Légende de l'édition française :

[Tome II. Seconde partie. Fig. en bandeau du chap. LIV : Sancho Panza faisant ripaille avec six pélerins rencontrés en chemin.]

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El ama de don Quijote

Es muy posible que a la muerte de una hermana de don Quijote, él, Alonso Quijano el Bueno, hubiera recogido en su casa a su sobrina huérfana y a la nodriza de ésta.

Su ama y su sobrina eran lo que más quería en el mundo el ingenioso hidalgo; razón por la cual la prueba más concluyente de que se volvió rematadamente loco era que:

«Diera él por dar una mano de coces al traidor de Galalón, al ama que tenía y aun a su sobrina de añadidura.

En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante», I.1 § 4-5.

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«Al buen callar llaman Sancho»

20.08.16 | 19:41. Archivado en Semántica, Pragmática, Poética, Educación, Novela, Cervantes, El Quijote

«El chiste de este refrán puede consistir en que Sancho sea lo mismo que Santo. En efecto: Santo era nombre propio y el de don Santo, el poeta judío de Carrión que floreció en tiempo de don Pedro el Cruel. Siendo esto así, querrá decir el refrán que el buen callar es cosa santa. Al buen callar llaman santo, dice don Juan Vitrirán en los escolios a las Memorias de Comines (capítulo XXXVI).», Clemencín. 1765.a.

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El asno de Sancho, que él prefiere llamar Rucio

20.08.16 | 12:00. Archivado en Semántica, Pragmática, Novela, Pintura, Cervantes, El Quijote

Don Quijote replica a Sancho Panza, que desea abandonarle tras la aventura del rebuzno:

«Asno eres, y asno has de ser, y en asno has de parar cuando se te acabe el curso de la vida; que para mí tengo que antes llegará ella a su último término que tú caigas y des en la cuenta de que eres bestia.», II.28.17.

Nótese la ya sabida conformidad de Sancho con este juicio de su amo:

«—Digo que en todo tiene vuestra merced razón—respondió Sancho—y que yo soy un asno.», I.25.50.

• Es muy posible que al poner esta frase proverbial en labios de don Quijote para calificar a Sancho, Cervantes haya tenido en cuenta un texto fundamental del doctor Huarte de San Juan en su "Examen de ingenios" de 1574, texto que explica en gran parte la etopeya de Sancho:

«Más acertado sería, a estos hombres que el vulgo neciamente llama ángeles del cielo, decir que son asnos de la tierra. Porque, entre los brutos animales, dice Galeno que no hay otro más tonto ni de menos ingenio que el asno, aunque en memoria los vence a todos: ninguna carga rehúsa, por donde lo llevan va sin ninguna contradicción, no tira coces ni muerde, no es fugitivo ni malicioso, si le dan de palos no se enoja, todo es hecho al contento y gusto del que lo ha menester. Estas mesmas propriedades tienen los hombres a quienes el vulgo llama ángeles del cielo, la cual blandura les nace de ser necios y faltos de imaginativa y tener remisa la facultad irascible. Y ésta es muy grande falta en el hombre y arguye estar mal compuesto.», HdeSJ, p. 536-537.

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Jueves, 29 de junio

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