Amistad Europea Universitaria

Luscinda a la luz de una vela


• La impertinente exhibición por Cardenio de las gracias y calidades de Luscinda, provoca la llama de la pasión en don Fernando:

«Alabéle la hermosura, donaire y discreción de Luscinda, de tal manera que mis alabanzas movieron en él los deseos de querer ver doncella de tantas buenas partes adornada. Cumplíselos yo, por mi corta suerte, enseñándosela una noche, a la luz de una vela, por una ventana por donde los dos solíamos hablarnos. Vióla en sayo, tal, que todas las bellezas hasta entonces por él vistas las puso en olvido. Enmudeció, perdió el sentido, quedó absorto y, finalmente, tan enamorado, cual lo veréis en el discurso del cuento de mi desventura.», I.24.11.(7)

-oOo-

Luscinda: 99: [hermosa Luscinda: 1; hermosura de Luscinda: 2; padre de Luscinda: 2; padres de Luscinda: 1]

Luscinda (◊ forma epentética cervantina, en 1605, de Lucinda, hipocorístico de Lucía, de Lucio del lat. Luscius, apodo o nombre de los nacidos con la luz del sol: prima luce natus; nótese que por razón análoga el ruiseñor se llamaba en lat. luscinia, porque canta al alborada (Cov. 917.a.14), lo cual pudo dar lugar a la forma epentética) f.

Por su pasividad en el movimiento del drama que la implica, este personaje hace pensar en Quiteria, la novia de las bodas de Camacho el rico, II.19.5. El parecido es tan fuerte, que nos parece posible establecer una analogía de proporción entre los dos dramas, el provocado por don Fernando y el provocado por el rico Camacho.

Don Fernando abusa de su condición de hijo de un duque para seducir a Dorotea, la hija de uno de los vasallos de su padre, abandonándola luego, y de su amistad con Cardenio, tomándole a su prometida Luscinda.

El rico Camacho abusa de su riqueza para pretender en matrimonio a la prometida del pobre Basilio.

He aquí esta analogía dramática: Luscinda : don Fernando :: Quiteria : Camacho el rico.

• Cardenio explica el principio del drama de su relación con ella mediante un retrato donde da a entender que su carácter (etopeya) no concuerda con su hermosura (prosopografía):

«Vivía en esta mesma tierra un cielo, donde puso el amor toda la gloria que yo acertara a desearme: tal es la hermosura de Luscinda, doncella tan noble y tan rica como yo, pero de más ventura y de menos firmeza de la que a mis honrados pensamientos se debía. A esta Luscinda amé, quise y adoré desde mis tiernos y primeros años, y ella me quiso a mí, con aquella sencillez y buen ánimo que su poca edad permitía.», I.24.11.

• Luscinda es una de las rubias del Q.: «la belleza singular de sus hermosos y rubios cabellos, tales, que, en competencia de las preciosas piedras y de las luces de cuatro hachas que en la sala estaban, la suya con más resplandor a los ojos ofrecían.», I.27.28; ® rubios cabellos.

• La impertinente exhibición por Cardenio de las gracias y calidades de Luscinda, provoca la llama de la pasión en don Fernando:

«Alabéle la hermosura, donaire y discreción de Luscinda, de tal manera que mis alabanzas movieron en él los deseos de querer ver doncella de tantas buenas partes adornada. Cumplíselos yo, por mi corta suerte, enseñándosela una noche, a la luz de una vela, por una ventana por donde los dos solíamos hablarnos. Vióla en sayo, tal, que todas las bellezas hasta entonces por él vistas las puso en olvido. Enmudeció, perdió el sentido, quedó absorto y, finalmente, tan enamorado, cual lo veréis en el discurso del cuento de mi desventura.», I.24.11.

• Es imposible no ver aquí el paralelismo entre este comportamiento de impertinente exhibición de las calidades de Luscinda por Cardenio frente a su amigo don Fernando con el que tiene Anselmo de las calidades de Camila frente a su amigo Lotario. En ambos casos la virtud de la mujer y sobre todo su dignidad son puestas a prueba de manera impertinente (® «Novela del curioso impertinente»).

• Otros momentos de este drama: ambición del padre de Luscinda, I.24.11; traición de don Fernando, amigo de Cardenio, I.27.25; dudas y locura de Cardenio, I.27.28; reencuentro, reconocimiento y abrazo entre Cardenio y Luscinda en la venta manchega, I.36.32.

• En este último punto, como lo hace notar Rico, 430, el narrador olvida que Luscinda, apenas entró en la venta, reconoció a Cardenio y que se sirvió de su presencia para ablandar el corazón de don Fernando, diciéndole: «dejadme llegar al muro de quien yo soy yedra... notad cómo el cielo... me ha puesto a mi verdadero esposo delante).», I.36.25. ® Lucía ® yedra

|| la traición de Luscinda: no hubo tal, excepto en la enfermiza imaginación de Cardenio, que no reparó
1) en «que dijo con voz desmayada y flaca: "sí quiero"», I.27.30;
2) en que «poniéndose la mano sobre el corazón, cayó desmayada en los brazos de su madre», I.27.30;
3) en que se descubrió en su pecho un papel cerrado que, «en acabando de leerle [don Fernando], se sentó en una silla y se puso la mano en la mejilla, con muestras de hombre muy pensativo», I.27.30, (Gaos).

-oOo-

◊ Cumplíselos yo {a Fernando sus deseos de ver a Luscinda}, por mi corta suerte, enseñándosela una noche, a la luz de una vela ◊

Articulación diegética del texto ilustrado: Historia de Cardenio

Texto ilustrado por Justo Jimeno Bazaga:

Cumplíselos yo {a Fernando sus deseos de ver a Luscinda}, por mi corta suerte, enseñándosela una noche, a la luz de una vela, por una ventana por donde los dos solíamos hablarnos. Vióla en sayo, tal, que todas las bellezas hasta entonces por él vistas las puso en olvido. Enmudeció, perdió el sentido, quedó absorto y, finalmente, tan enamorado, cual lo veréis en el discurso del cuento de mi desventura.

El Q.I.24.11.(7).

Contexto del texto ilustrado:

CAPÍTULO XXIV

Donde se prosigue la aventura de la Sierra Morena

11.7. Diole el duque licencia, y mandóme que le acompañase. Venimos a mi ciudad, recibióle mi padre como quien era, vi yo luego a Luscinda, tornaron a vivir, aunque no habían estado muertos ni amortiguados, mis deseos, de los cuales di cuenta, por mi mal, a don Fernando, por parecerme que, en la ley de la mucha amistad que mostraba, no le debía encubrir nada. Alabéle la hermosura, donaire y discreción de Luscinda, de tal manera que mis alabanzas movieron en él los deseos de querer ver doncella de tantas buenas partes adornada. Cumplíselos yo {a Fernando sus deseos de ver a Luscinda}, por mi corta suerte, enseñándosela una noche, a la luz de una vela, por una ventana por donde los dos solíamos hablarnos. Vióla en sayo, tal, que todas las bellezas hasta entonces por él vistas las puso en olvido. Enmudeció, perdió el sentido, quedó absorto y, finalmente, tan enamorado, cual lo veréis en el discurso del cuento de mi desventura. Y para encenderle más el deseo, que a mí me celaba, y al cielo, a solas, descubría, quiso la fortuna que hallase un día un billete suyo, pidiéndome que la pidiese a su padre por esposa, tan discreto, tan honesto y tan enamorado, que, en leyéndolo, me dijo que en sola Luscinda se encerraban todas las gracias de hermosura y de entendimiento que en las demás mujeres del mundo estaban repartidas. Bien es verdad que quiero confesar ahora que, puesto que yo veía con cuán justas causas don Fernando a Luscinda alababa, me pesaba de oír aquellas alabanzas de su boca, y comencé a temer y a recelarme dél, porque no se pasaba momento donde no quisiese que tratásemos de Luscinda, y él movía la plática, aunque la trujese por los cabellos; cosa que despertaba en mí un no sé qué de celos, no porque yo temiese revés alguno de la bondad y de la fe de Luscinda; pero, con todo eso, me hacía temer mi suerte lo mesmo que ella me aseguraba. Procuraba siempre don Fernando leer los papeles que yo a Luscinda enviaba, y los que ella me respondía, a título que de la discreción de los dos gustaba mucho. Acaeció, pues, que habiéndome pedido Luscinda un libro de caballerías en que leer, de quien era ella muy aficionada, que era el de "Amadís de Gaula"...
12. No hubo bien oído don Quijote nombrar libro de caballerías, cuando dijo:
13. —Con que me dijera vuestra merced, al principio de su historia, que su merced de la señora Luscinda era aficionada a libros de caballerías, no fuera menester otra exageración para darme a entender la alteza de su entendimiento; porque no le tuviera tan bueno como vos, señor, le habéis pintado, si careciera del gusto de tan sabrosa leyenda; así que, para conmigo, no es menester gastar más palabras en declararme su hermosura, valor y entendimiento; que, con sólo haber entendido su afición, la confirmo por la más hermosa y más discreta mujer del mundo.

El Q.I.24.11-13.

Fuente del texto: Salvador García Bardón: Diccionario enciclopédico de El Quijote, Skynet, 2005.

Fuente de la imagen:
Título: Cumplíselos yo {a Fernando sus deseos de ver a Luscinda}, por mi corta suerte, enseñándosela una noche, a la luz de una vela
Técnica: Facsimil firmado a mano por el artista
Formato: 30 x 24
Conjunto: El Q.I: 33 imágenes facsímiles + El Q.II.: 37 imágenes facsímiles
Título del conjunto: EL QUIJOTE ilustrado por JUSTO JIMENO
EDICIONES & ESCULTURA HISTORICA, 2015.

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