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Retazos léxico-enciclopédicos sobre el "No saber leer ni escribir en El Quijote"

02.01.17 | 19:00. Archivado en Ética, Didáctica, Educación, Cervantes, El Quijote

Imagen: Don Quijote enfrascado en su lectura

Articulación diegética: La condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Texto ilustrado por Gustave Doré (dibujo) y por Salvador Tusell (pintura):

"se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio."

El Q. I.1.4.

Légende de l'édition française :

[Tome I. Première partie. Pl. en reg. p. 10 : Don Quichotte lisant et envahi par les personnages de ses livres de chevalerie.]

Contexto del texto ilustrado:

Capítulo primero.—Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo Don Quijote de la Mancha

4. En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero, pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, que de sólo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán el encantado, valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los brazos. Decía mucho bien del gigante Morgante porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él sólo era afable y bien criado. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos de Montalbán, y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalón, al ama que tenía y aun a su sobrina de añadidura.

El Q. I.1.4.

-oOo-

|| lee: 9; leedle: 1; leelde: 1; leella: 2; leellas: 1; leelle: 1; leellos: 1; leemos: 1; leen: 1; leer: 66; leeré: 1; leería: 1; leerla: 6; leerle: 1; leerlos: 1: le-: leer

|| lee mucho: «el que lee mucho»: Aventura del mono adivino: «—Ahora digo—dijo a esta sazón don Quijote—, que el que lee mucho y anda mucho, vee mucho y sabe mucho.», II.25.31. • Nótese el cruce de antecedentes y consecuentes: 'el que lee mucho sabe mucho y el que anda mucho vee mucho'.

• Covarrubias encadena una serie de aforismos de la misma inspiración, sin duda popular, que estos dos cervantinos, pero cuya intención formalizada por la epanástrofe es hacer comprender que del exceso en lo físico se pasa al defecto en lo intelectual y moral: «Kien mucho kome, mucho beve; i kien mucho beve, mucho duerme; i kien mucho duerme, poko lee; i kien poko lee, poko sabe i poko vale.», Corr. 418.b.

|| leelde (por metátesis cervantina de leedle, forma leísta con la cual alterna) imperat. Entierro de Grisóstomo: «porque veáis, señor, en el término que le tenían sus desventuras, leelde de modo que seáis oído», I.13.45.

|| leer (doc. ±1140, del lat. legere ) v.tr. «es pronunciar con palabras lo que por letras está escrito. Leer, enseñar alguna disciplina públicamente», Cov. 756.b.55. :: 'comprender e interpretar cualquier texto'

|| aficionado a leer: «En un notable ensayo, Américo Castro llamó la atención sobre la «literariedad» de la obra maestra de Cervantes, es decir, el hecho de que casi todos sus personajes se muestren obsesionados con la palabra escrita, creándola, consumiéndola, criticándola y, como el protagonista, convirtiéndola en núcleo de sus vivencias. Ya lo habríamos adivinado si no lo hubiera confesado el mismo Cervantes: «como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía y vile con caracteres que conocí ser arábigos» (Quijote, I.9.6).

Aquí, en el momento de fingir el descubrimiento del manuscrito de Cide Hamete Benengeli, Cervantes nos hace partícipes de su intimidad y aclara el porqué del rasgo pnncipal de su «ingenioso» hidalgo, cuya ingeniosidad se manifiesta precisamente en su prodigiosa capacidad para articular, entretejer y, de modo involuntario, parodiar registros y contextos literarios. Tras la manía del héroe entrevemos la de su creador, para quien la literatura es una forma de vida, no meramente un ameno accesorio de ella; su misma conciencia de lo manido de los tópicos que maneja el hidalgo, sacados de las más variadas fuentes, no le impide sumarse a este delirante eclecticismo y deleitarse en el elegante pero absurdo derroche de citas y tropos…

La literariedad del Quijote, con la actitud de autocrítica y de autorreflexión que supone, es tal vez el rasgo que más lo acerca a nuestra época; es una novela que, además de criticar otro género literario, incorpora a su propio entramado ficticio los problemas planteados por dicha crítica -la «verdad de la historia» o la verosimilitud, entre otros- junto con el proceso de su composición y recepción.», Anthony Close, en Rico 1998 a, p. LXXIII-LXXIV]

|| para comprar libros de caballerías en que leer: 'libros de caballerías como lectura habitual':

• El hidalgo, futuro don Quijote, «llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer», I.1.2. • Santa Teresa emplea una construcción análoga, con la preposición «en», cuando recomienda a sus hermanas que no frecuenten lecturas profanas: «ni lean en libros profanos», Vida, cap. III.

Contexto del texto cervantino citado:

"2. Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso—que eran los mas del año—, se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura.", I.1.2.

• «Los libros de caballerías eran regularmente gruesos infolios de alto costo (aunque se depreciaban mucho en el activo mercado de segunda mano): en 1556, en el inventario de un editor toledano, el Palmerín, el Cristalián, el Cirongilio y el Florambel, sin encuadernar, se valoraban, respectivamente, a 80, 136, 102 y 68 maravedíes cada uno (naturalmente, un comprador particular habría tenido que pagar el ejemplar a mayor precio); en ese mismo año, medio kilo de carne de vaca costaba en la región algo más de 8 maravedíes, y otro tanto de carnero, unos 15.», Rico, 37.

|| fundar un colegio donde se leyese la lengua castellana: ® colegio

|| no los dejéis leer a ninguno: «La Iglesia podía dar permiso a determinadas personas para tener libros incluidos en los Índices de libros prohibidos, pero siempre con la condición de que no se prestasen ni se dejasen leer a nadie si no constaba el consentimiento expreso de la autoridad eclesiástica correspondiente. El sentido burlesco de estas palabras es claro.», Rico, 82.

• Durante el escrutinio de la librería de don Quijote, el cura autoriza una lectura privada al barbero: «como se enmendaren, así se usará con ellos de misericordia o de justicia; y en tanto, tenedlos vos, compadre, en vuestra casa; mas no los dejéis leer a ninguno.», I.6.37.

|| saber leer: «No saber leer más que en el libro de su aldea, traer decorado lo que ha de decir, sin poder dar razón de nada, o atarse sólo a lo que le enseñaron en su rincón.», Cov. 79.b.37.

|| escribano: «ESCRIVANO. Este nombre se dijo de escribir, y en general compete a diferentes personas; primero a todo hombre de cuenta y razón, fuera del villano, que no sabe leer ni escribir», Cov. 540.b.28.

• «En las aldeas, si exceptuamos al cura, a los nobles y a los labradores ricos, nadie sabe leer, y hay muchos lugares en que los padrones confeccionados en el reinado de Felipe II carecen de firma, o están avalados por una simple cruz hecha por el alcalde, porque en el pueblo no hay nadie que sepa escribir su nombre. Don Quijote ha de discutir sobre cuestiones de caballerías con el Cura, el Barbero o el Bachiller, y pare usted de contar, porque la mayoría de sus vecinos son analfabetos. Recordemos que para descifrar la carta de su padre, Sanchica piensa ir: «...a llamar quien la lea, ora sea el Cura mesmo, o el bachiller Sansón Carrasco, que vendrá de muy buena gana» (II.50).», Salazar, p. 175.

• En la obra póstuma de Cervantes se nos presenta un pueblo donde sólo sabe leer el escribano: «Tomó el alcalde los papeles, y, porque no sabía leer, los dio a su compañero, que tampoco lo sabía, y así pararon en manos del escribano», Persiles, L.III, c.10, p.1016.

• En el entremés de la Elección de los alcaldes de Daganço, el propio Cervantes nos ilustra sobre la razón ideológica de esta ignoracia: «BACHILLER: ¿Sabéis leer, Humillos? HUMILLOS: No, por cierto, | Ni tal se probará que en mi linaje | haya persona de tan poco asiento, | Que se ponga a aprender esas quimeras | Que llevan a los hombres al brasero | Y a las mujeres a la casa llana», Madrid, Castalia, ed. E. Asensio, 1970, págs. 112-113.

|•| De los muchos segadores que se reúnen en la venta durante la siega, sólo hay algunos que saben leer, ya que el ventero declara: «se recogen aquí las fiestas muchos segadores, y siempre hay algunos que saben leer», I.32.6; tampoco sabe leer el ventero, como se colige de sus propias palabras, y lo declara explícitamente al cura: «que se los llevase todos [los libros de la venta]; que, pues él no sabía leer, no los quería.», I.48.12.

• Ni Dulcinea del Toboso, la señora de los pensamientos de don Quijote, gran lector, sabe leer, ni su escudero e interlocutor Sancho: «Dulcinea no sabe escribir ni leer, y en toda su vida ha visto letra mía ni carta mía», I.25.45.

• En Sancho hay el agravante de que convierte su analfabetismo en doctrina, sin verlo como incompatible con su ambición de poder. Para nosotros es indudable que Cervantes ha querido parodiar en Sancho la actitud de ciertos conquistadores y encomenderos que él había conocido en Sevilla. ¿Por qué no pensar en Pizarro? He aquí la opinión de Sancho, perfecto analfabeto, sobre la importancia del saber leer y escribir para ser gobernador como él lo desea: «ya por muchas experiencias sabemos que no es menester ni mucha habilidad ni muchas letras para ser uno gobernador, pues hay por ahí ciento que apenas saben leer, y gobiernan como unos girifaltes», II.32.41.

• Avellaneda ha mantenido a Sancho en su analfabetismo: «aunque no sé leer, me alegro mucho en oír aquellos terribles porrazos y cuchilladas que parten hombre y caballo.», DQA, 1.23.

• Teresa Panza, la mujer de Sancho, tampoco sabe leer: «—Léamela vuesa merced, señor gentilhombre —dijo Teresa—; porque aunque yo sé hilar, no sé leer migaja.», II.50.24.

• La ignorancia flagrante de Sancho justifica los segundos consejos de don Quijote a éste como futuro gobernador. «—¡Ah, pecador de mí —respondió don Quijote—, y qué mal parece en los gobernadores el no saber leer ni escribir! Porque has de saber, ¡oh Sancho!, que no saber un hombre leer, o ser zurdo, arguye una de dos cosas: o que fue hijo de padres demasiado de humildes y bajos, o él tan travieso y malo, que no pudo entrar en él buen uso ni la buena doctrina.», II.43.13.

• El analfabetismo del pueblo llano es antiguo; sin embargo el mismo pueblo sabe apreciar a quien sabe leer y escribir, como lo prueba la declaración de un cabrero en el Q.: «el cual es un zagal muy entendido y muy enamorado, y que, sobre todo, sabe leer y escrebir y es músico de un rabel, que no hay más que desear.», I.11.10. ® escribir: no saber leer ni escribir

|| se le puso a leer: 'se puso a leerlo'

• Cardenio se refiere en su relato al papel que don Fernando descubrió en el pecho de Luscinda: «Alborotáronse todos con el desmayo de Luscinda, y, desabrochándole su madre el pecho para que le diese el aire, se descubrió en él un papel cerrado, que don Fernando tomó luego y se le puso a leer a la luz de una de las hachas», I.27.30.5. • «Se subraya el carácter cruel y descortés de Don Fernando: primero al leer en una reunión; segundo, al detenerse en eso en lugar de atender a Luscinda; por último, al leer algo que no está dirigido a él.», Rico, 313.

escribir (doc. ±1140, del lat. scribere ) v.tr. e intr. 'representar la lengua hablada por medio de letras o signos convencionales': 'componer cartas, discursos, libros, etc.'

|| no saber leer ni escribir: ® leer. Ni Dulcinea del Toboso, la señora de los pensamientos de don Quijote, gran lector, sabe escribir ni leer, ni su escudero e interlocutor Sancho: «Dulcinea no sabe escribir ni leer, y en toda su vida ha visto letra mía ni carta mía», I.25.45.

|| no sé leer ni escribir: Reacción de Sancho a los consejos segundos de don Quijote: «Verdad sea que aquello de no dejarme crecer las uñas y de casarme otra vez, si se ofreciere, no se me pasará del magín; pero esotros badulaques y enredos y revoltillos, no se me acuerda ni acordará más dellos que de las nubes de antaño y así, será menester que se me den por escrito; que puesto que no sé leer ni escribir, yo se los daré a mi confesor para que me los encaje y recapacite cuando fuere menester.», II.43.12.

• La ignorancia flagrante de Sancho justifica los segundos consejos de don Quijote a éste como futuro gobernador: «—¡Ah, pecador de mí —respondió don Quijote—, y qué mal parece en los gobernadores el no saber leer ni escribir! Porque has de saber, ¡oh Sancho!, que no saber un hombre leer, o ser zurdo, arguye una de dos cosas: o que fue hijo de padres demasiado de humildes y bajos, o él tan travieso y malo, que no pudo entrar en él buen uso ni la buena doctrina» II.43.13.

• En Sancho hay el agravante de que convierte su analfabetismo en doctrina, sin verlo como incompatible con su ambición de poder. (® leer: saber leer ). Pero no creamos que esta actitud sea una idiosincracia de Sancho; por el contrario, en su raíz de ignorancia orgullosamente proclamada como señal de casta es algo generalizado en el estamento noble de entonces al cual él aspira, ya que quien no sabe escribir no es ni judío ni hereje, sino cristiano viejo (tesis de Castro): «Escribí a mi casa que yo no había menester más ir a la escuela porque, aunque no sabía bien escribir, para mi intento de ser caballero lo que se requería era escribir mal, y que así, desde luego, renunciaba la escuela por no darles gasto, y su casa para ahorrarlos de pesadumbre.», Quevedo, El Buscón, p. 96-97.

• Américo Castro hace notar que en este texto del Buscón hay «Alusión a la mala letra que solían tener muchos aristócratas. El tema se reencuentra en otros textos de Quevedo: «Blasonan algunos, y no de los plebeyos, de no saber escribir», Quevedo, Providencia de Dios, Rivad., XLVIII, 196a. «Pues lo de ser caballero / no sé cómo me lo niega, viendo que hablo despacio, / y que hago mala letra», Bibl. Andal II, 39. Cabe encontrar otros textos de Quevedo, en Obras, I, pág. 34a, 60a, 71b, etc., y en Pasagero, pág. 27 y 45.

• Maxime Chevalier cita los siguientes textos: «Juan Costa: «responderos han que lo hacen como discretos por diferenciarse de los hombres bajos y de los escribanos públicos, cuyo es propio hacer buena letra, que por ruin que ellos la hagan, les basta para caballeros; como si en el escribir mal consistiese la caballería y señorío», El regidor y el ciudadano Salamanca, 1578, fol. 60r; Mal Lara: «Ha venido la cosa a tales extremos que aún es señal de nobleza de linaje no saber escribir su nombre», Filosofía vulgar, Barcelona, II, pág. 284 [lxii].

• Los textos más antiguos y claros sobre el tema de la mala letra de los caballeros son de fray Antonio de Guevara: «Anoche, ya muy noche, me dio Pedro de Haro una carta de Vuestra Señoría, la cual, aunque no viniera firmada, la conociera en letra ser de vuestra mano escrita, porque traía pocos renglones y muchos borrones»; «que le juro per sacra nomina que parecen más caracteres con que se escribe el musaico que no carta de caballero. Si el ayo que tuvistes en la niñez no os enseñó mejor a vivir que el maestro que tuvistes en la escuela a escribir, en tanta desgracia de Dios caerá vuestra vida como en la mía a caído su mala letra»; «Valdivia, vuestro solicitador, me dio una carta, la cual parecía bien ser de su mano escrita, porque traüia pocos renglones y muchos borrones. Si como os hizo Dios caballero, os hiciera escribano, mejor maña os dierais a entintar cordobanes que a escribir procesos», Antonio de Guevara, Epístolas familiares, págs. 16, 24-25 y 51, ed. Barcelona, 1886.

• Paradójicamente Sancho, que proclama fuerte y claro que no sabe escribir, dice en dos ocasiones que sabe firmar; ante la duquesa: «yo no sé leer ni escribir, puesto que sé firmar», II.36.11; ante don Quijote: «bien sé firmar mi nombre», II.43.14; mientras que siendo gobernador, dice que no sabe: «esto lo diera firmado de mi nombre, si supiera firmar», II.51.12.

Fuentes:

Salvador García Bardón, Diccionario enciclopédico de El Quijote, Skynet, 2005. Nueva edición en preparación.
Salvador García Bardón, El Quijote para citarlo, Skynet, 2005.
Salvador García Bardón, El Quijote ilustrado por G. Doré y pintado por S. Tusell. Los textos ilustrados y su contexto textual, flickr, 2005-2008 (Doré) y 2016 (Tusell)

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  • Comentario por Angelika 03.01.17 | 03:51

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