Amistad Europea Universitaria

El derecho a morir en la dignidad

Ni la Sra. Sébire, ni Hugo Klaus, ni los defensores del "Derecho a morir en la dignidad" sostienen el suicidio, sino que defienden el derecho de ser asistidos por la biomedicina, para morir como seres humanos y no como condenados a una muerte atroz, en el suplicio de un dolor insoportable, o como seres humanos privados de su conciencia.

Tanto el dolor insoportable como la pérdida de la conciencia privan al ser humano de su razón y de su libertad.

La razón y la libertad constituyen el dominio intocable de la autonomía personal, que hace del ser humano un ser responsable. Ninguna autoridad tiene en justicia el derecho de neutralizar las decisiones de esta autonomía en lo referente a su propio bien personal, si estas decisiones no provocan el mal de otra persona neutralizando su autonomía.

La instancia suprema de todo ser humano responsable es su propia conciencia. Si se niega este principio ético, la vida en sociedad se transforma en alienación y esclavitud.

Imagen: Gran formato. Source: Le droit de mourir dans la dignité a-t-il un prix.

Las actuales insuficiencias de la biomedicina ante casos excepcionales, nos obligan a oír con suma atención y a tener en cuenta los argumentos que ha defendido hasta su último suspiro la Sra. Sébire.

Chantal Sébire, 52 años, sufría de un estesioneuroblastoma, un tumor evolutivo de los senos paranasales y del tabique nasal, que le deformaba cruelmente la cara. Esta enfermedad rarísima e incurable, con un pésimo pronóstico vital, le había hecho perder la vista hacía algunos meses, tras haberle hecho perder el gusto y el olfato. Viendo que el tumor tomaba “proporciones insoportables”, sin remisión posible, la Sra. Sébire escribió, el 6 de marzo, al Presidente de la República, Nicolás Sarkozy, para reclamarle el derecho a morir.

Asistida por la Asociación para el derecho a morir en la dignidad (ADMD), la Sra. Sébire presentaría el miércoles 12 de marzo un recurso excepcional ante el presidente del tribunal administrativo de gran instancia de Dijon. Alegando el Convenio europeo de los derechos humanos, que protege el derecho a la libertad y al respeto de la vida privada, deseaba obtener de la justicia la autorización de procurarse en farmacia, para ser administrada por uno de sus médicos, una poción mortal, o sea “el tratamiento necesario para permitirle terminar su vida en el respeto de su dignidad”.

Entrevista de la Sra Sébire con el periódico Le Monde, traducida y adaptada por Salvador García Bardón.

Pregunta: ¿Desde cuándo está segura de querer poner fin a sus días?

Respuesta: Lo pido en serio desde el día de todos los santos de 2007, que fue el momento en que perdí la vista. Pero lo tenía pensado desde mucho antes, cuando constaté que no podía hacer ya nada, y que, hiciera lo que hiciera, ya no podría detener el tumor.

No hay ni solución quirúrgica ni solución medicamentosa para parar mi enfermedad, que evoluciona completamente sola, como una enredadera en torno del nervio olfativo. En la actualidad, simplemente ya no puedo aguantar más, mi situación se deteriora de día en día, el sufrimiento es atroz. Me siento literalmente devorada por el dolor.

P.: : ¿Por qué haber decidido interpelar las autoridades públicas, para pedir la legalización de la eutanasia?

R. Lo que justifica mi planteamiento, es la incurabilidad de mi enfermedad. La hice pública, para alegar que hay gente que soporta sufrimientos que no se pueden solucionar. Es el último combate que yo puedo realizar; si no me sirve directamente, que sirva al menos a otros después de mí.

La ley, actualmente en Francia, no permite, en mi caso, poder decidir el momento y las circunstancias de mi partida. Es verdad que ha abierto un camino, permitiendo que se “deje morir”, pero no ha llegado al final de su razonamiento.

Lo que reivindico es que el paciente, que está como yo en situación de incurabilidad y se mantiene aún consciente, pueda decidir de su muerte, de acuerdo con su médico de cabecera y tras conocer la decisión de un Comité médico.

P.: Usted vive en su casa, con la asistencia de enfermeros, en el marco de una hospitalización en su domicilio, y con seguimiento de su médico de cabecera. ¿Por qué no acepta hospitalizarse, medida que podría aliviar su dolor?

R. Porque en ese caso yo perdería toda conciencia. Lo que la medicina puede proponerme actualmente es hundirme en un estado comatoso o semicomatoso, para intentar abreviar mi dolor, con analgésicos a alta dosis, dado que no soporto la morfina.

En consecuencia, tendría que permanecer tendida, guardando cama, y esperaría así inconsciente la muerte. Rechazo esta situación, ya que no se adapta ni a mi temperamento ni a lo que yo sufro. No quiero que la sociedad me obligue a pasar por esta etapa, es una cuestión de dignidad. No quiero presentarme así a mis tres hijos, incluido mi pequeño, que sólo tiene doce años y medio.

Soy yo la única que sufre, soy yo quien tengo el derecho de decidir. Ya espero la muerte de un día para otro; puede llegar en cualquier momento, es como una espada de Damocles. Reclamo simplemente el derecho a poder anticiparla.

P.: ¿Qué responde Vd a los opositores a la eutanasia, que temen las derivas posibles de una legalización?

R. Que es responsabilidad del legislador el garantizar, en la formulación de la ley, que ninguna deriva sea posible. En Bélgica y en los Países Bajos, y desde hace poco en Luxemburgo, esta posibilidad dejada a los enfermos en situación de incurabilidad, se aplicó a muy pocas personas, sin implicar un aumento sospechoso del número de muertes.

En consecuencia, no se trata obviamente de hacer eutanasias a la ligera, ni de extender esta posibilidad a todos los casos de final de vida, ya que la mayoría de las personas no piden en absoluto la muerte. No se trata ni mucho menos de matar, sino de ofrecer un gesto de amor al ser humano que sufre frente a uno, de acompañarle para que tome consciente este último rumbo. No somos eternos vivientes, ni usted ni yo. Pido simplemente que se ponga fin a este calvario.

-oOo-

El original francés de esta entrevista fue publicado por LE MONDE el 12.03.08.


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