Amistad Europea Universitaria

Eurobeso de alivio

24.06.07 | 23:57. Archivado en Europa, Pragmática, España, Sociogenética, Pro pace, Educación

Los Consejos europeos de mayor transcendencia para la supervivencia de la Unión Europea son como los mejores sicodramas de inspiración griega: el golpe de teatro que desenlaza el nudo de la intriga sólo interviene en los últimos minutos de la acción, justo cuando parecía que el barco iba a irse a pique.

Ana CARBAJOSA se ha servido literariamente de esta alegoría, en El País de esta mañana, para contar el sicodrama de la Cumbre de Bruselas de anteayer.

Me ha parecido interesante comparar la construcción narrativa de su relato con la narración equivalente que publicó Philippe RIDET en Le Monde ayer. Como lector he tenido la impresión de encontrarme ante dos textos sinópticos, cuya diferencia consiste en la actitud que ha tomado cada uno de los dos narradores ante las funciones respectivas de Ángela Merkel y de Nicolás Sarkozy. Para facilitar la lectura comparada de ambas narraciones he puesto en itálicas y negritas los nombres de estos dos personajes.

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El día en que Merkel hizo de poli malo, y Sarkozy de bueno
La amenaza de Alemania de prescindir de los polacos en futuras negociaciones y la habilidad negociadora francesa salvaron la cumbre - Durante la larga madrugada, todos estuvieron pendientes de lo que ocurría en Varsovia
ANA CARBAJOSA
- Bruselas - 24/06/2007

Fue un thriller político con golpes de efecto, sobresaltos de infarto, reparto de papeles y final feliz. La canciller alemana Angela Merkel hizo de policía malo, y Nicolas Sarkozy, el hiperactivo presidente francés, de bueno. Entre los dos, y con la ayuda de otros agentes destacados del cuerpo -Blair, Zapatero y Jean-Claude Juncker-, lograron reducir a los gemelos Kaczynski, decididos a secuestrar la cumbre en la que los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión se habían dado dos días y dos noches para salvar Europa. Antes, hubo otros intentos de secuestro de británicos y holandeses sofocados mediante el pago del rescate.

El objetivo era dejar por escrito el embrión de un nuevo Tratado que regulará el funcionamiento de una UE ampliada a 27. Por poco, pero lo consiguieron. Ahora habrá que esperar hasta 2017 para que la reforma "urgente" del sistema de voto de las decisiones comunitarias sea efectiva, según el acuerdo que ayer vio la luz a las cuatro y media de la mañana.

Merkel, presidenta de turno de la Unión, maquinó la estrategia y se puso al frente de la nave... hasta que perdió la paciencia y vio que había tocado hueso, que los polacos estaban de verdad dispuestos a dinamitar el acuerdo. A la desesperada lanzó un órdago y amenazó a los polacos con prescindir de ellos en las futuras negociaciones del Tratado, en la llamada Conferencia intergubernamental (CIG).

Merkel dio entonces un paso atrás y cedió el timón a Sarkozy y los demás, espantados ante la idea de una nueva fractura Este-Oeste en Europa. A Polonia le entró miedo y a las cuatro y media de la mañana, el acuerdo vio la luz, precedido de un conato de revuelta de última hora y un enfrentamiento entre Bélgica y Holanda sobre el poder de los Parlamentos nacionales para influir en las iniciativas de la Comisión, que Sarkozy cortó por lo sano.

Eran ya más de las cuatro de la mañana cuando los países del Benelux colisionaron. El acuerdo con los polacos estaba ya prácticamente cerrado y los líderes llevaban desde por la mañana negociando. Harto, el presidente francés se levantó de su silla y alterado tiró el lápiz encima de la mesa. "Parece mentira. Dos países fundadores y que estén dando este espectáculo", dijo el presidente según fuentes diplomáticas. Merkel disolvió el plenario y ya aparte, Bélgica, Holanda y la Comisión pactaron un texto alambicado sobre el papel de los parlamentos.

Sarkozy, a petición de Merkel, fue además el encargado de explicar y recabar el apoyo del resto de jefes de Estado y de Gobierno los pormenores del acuerdo que Francia, Luxemburgo, España, y Reino Unido alcanzaron con los polacos. "Ha sido un acuerdo muy difícil, pero con él, saldremos de la crisis. Es el mejor acuerdo para todos", dijo el presidente francés. Nadie contestó y el silencio fue interpretado como un sí.

La gran batalla se había librado bien entrada la madrugada en el despacho de Sarkozy y en línea directa con Varsovia, donde el primer ministro Jaroslaw Kaczynski, el mayor de los gemelos -por 45 minutos de diferencia-, se resistía a dar su brazo a torcer. El primer ministro británico, Tony Blair, en su última cumbre y Zapatero, junto con el luxemburgués Jean-Claude Juncker, representando a los países del sí a la Constitución, entraron y salieron del despacho de Sarkozy durante las tres horas que duró la telenegociación.

Pasada la medianoche, Jaroslaw, el duro de los Kaczynski, aceptó por fin el sistema de voto de doble mayoría al que se oponía, ya que Polonia pierde peso respecto a Alemania con este reparto. Parte del trato incluye que el sistema no será totalmente aplicable hasta 2017, lo que según Varsovia le permitirá hacer uso del actual reparto de voto, más beneficioso, en parte de las próximas negociaciones presupuestarias de 2013.

Pero mientras, en el plenario, -al que Merkel había entrado anunciando "fracaso", ajena a los últimos avances de Sarkozy-, se gestaba otra revuelta, esta vez de los jefes de Gobierno de los 18 países de la UE que ratificaron la Constitución. La presidencia alemana les presentó un documento, con las peticiones del oyente recogidas durante las reuniones bilaterales. Figuraban todas las exigencias británicas -rebajar la figura y cambiar el nombre al ministro de Exteriores de la UE y quedar exentos de la Carta de Derechos fundamentales entre otras- además de varios guiños a Polonia como la inclusión de la cláusula de solidaridad energética o una frase en la que eximía a los Estados de ser sancionados por el tribunal de Luxemburgo por "razones de integridad moral".

Países como España se plantaron y pidieron a Merkel que aplazara la reunión hasta hoy, para poder estudiar todos los cambios. Alemania dijo que ni hablar, consciente de que dar tiempo a los jefes de Estado para consultar con sus expertos y capitales y volver con nuevas demandas sería un suicidio y probablemente el fracaso del acuerdo.

Poco a poco se limaron las diferencias y a las 4.23 de la mañana, un SMS daba la noticia: "Acuerdo mandato CIG". Los periodistas corrieron -algunos salieron de debajo de las mesas donde dormían a pierna suelta sobre la moqueta- a escuchar a los líderes, que repartidos en sus respectivas salas nacionales cantaron victoria y vendieron su triunfo.

Merkel sonrió. "No ha sido fácil". La maestra de ceremonias recibió un ramo de rosas de la mano de José Manuel Durão Barroso, un presidente del Comisión Europea, visiblemente agotado. Mientras, un piso más arriba, también en el edificio del Consejo Europeo en Bruselas, Sarkozy, encendido, sacaba a los periodistas de su letargo con sus exclamaciones. "Hemos estado al borde de la ruptura. Pero tras la caída del muro de Berlín, no nos podíamos permitir perder la unidad de Europa", sentenció.

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COMPROMIS
A Bruxelles, Nicolas Sarkozy a mis en scène son habilité diplomatique

LE MONDE | 23.06.07 |

Comme au théâtre à la fin de la pièce, il faut bien remercier. Alors, il s'exécute. Merci à Angela Merkel, avec laquelle il dit avoir travaillé "main dans la main", et à Tony Blair, et à José Luis Zapatero, pour "leur collaboration fructueuse", et "à toute l'équipe française".

Mais, au fond de lui-même, le président de la République n'est pas loin de se croire le seul responsable de l'accord entre les Vingt-Sept trouvé, samedi 23 juin, sur son idée de "traité simplifié", qui permet à l'Union européenne de sortir de l'impasse institutionnelle où l'avaient confinée les non français et néerlandais.

Nicolas Sarkozy tient son premier succès diplomatique. Et, lorsqu'il pénètre, à 4 h 40, dans la salle de conférence de presse, flanqué de Bernard Kouchner et Jean-Pierre Jouyet, ce couche-tôt affiche le sourire radieux d'un noctambule ravi. "Nous voulions le traité simplifié, nous avons le traité simplifié." Il raconte : "Nous sommes passés pas loin de la rupture."

Tout s'est joué pour lui la veille. Il est 20 heures quand la chancelière allemande, Angela Merkel, le prévient que Varsovie rejette la dernière proposition, sur le système de vote au sein du conseil des ministres. A bout de patience, elle menace de convoquer une conférence intergouvernementale à vingt-six. Le président de la République entrevoit tout le profit qu'il peut tirer de ce blocage, s'il parvient à le forcer.

Et décide de poursuivre l'offensive. "Il n'était pas possible de laisser de côté le plus grand pays d'Europe de l'Est, moins de vingt ans après la chute du mur de Berlin", dira-t-il lors de sa conférence de presse. Un reproche à peine voilé à l'égard de Mme Merkel.

Cette bataille-là, les journalistes ont pu la suivre quasiment en direct grâce aux détails scrupuleusement fournis par David Martinon, porte-parole de l'Elysée, au cours de ses nombreuses interventions au cours du sommet. Au septième étage du siège du Conseil, dans le bureau de la délégation française, quatre heures de négociations serrées commencent avec le duo Jaroslaw Kaczynski à Varsovie et son frère Lech à Bruxelles. En tête-à-tête ou en compagnie de Tony Blair, José-Luis Zapatero, Jean-Claude Junker, M. Sarkozy écoute, argumente, propose.

"J'ai même proposé de faire un discours devant la Diète, à Varsovie", confiera le chef de l'Etat comme preuve de son inépuisable bonne volonté.

Vers 23 heures, la délégation française exprime son optimisme : "On est vraiment au bord d'un accord. On le tient." Puis, la délivrance : "Les Polonais ont dit tak", se félicite-t-on. Et qu'importe si l'annonce, à cette heure, est encore prématurée. L'objectif de cette communication permanente est double : convaincre de l'habileté diplomatique de M. Sarkozy et lui donner le meilleur rôle. Une manière également, en cas d'éventuel échec, de pouvoir rejeter l'accusation de n'avoir pas tout tenté.

Aux petites heures de la matinée, samedi, il était évident pour la délégation française que cet accord ne pouvait être qu'un effet de l'arrivée au pouvoir de M. Sarkozy. "En un mois et demi, avait glissé, jeudi, le chef de l'Etat, il s'est passé plus de choses qu'en deux ans."
"Ce qui a été positif, déclare-t-il samedi, c'est qu'un candidat à la présidentielle ait eu le courage de dire qu'il n'y aurait pas de référendum." Il encourage la presse à lui tresser des lauriers : "C'est le sommet le plus important depuis des années. Vous qui êtes des spécialistes, vous pouvez le dire."

Il se félicite également de sa méthode par laquelle il a cherché à dépasser les limites du couple franco-allemand pour associer Tony Blair et José-Luis Zapatero aux négociations avec la Pologne. Mais il entend déjà les railleurs : "Je suis certain que des tas de gens diront que c'était facile. Les mêmes sans doute qui pensaient que c'était impossible."

Autre motif de satisfaction pour celui qui voulait, durant sa campagne, "réconcilier la France du oui et la France du non", la notion de concurrence n'apparaît plus comme un "objectif de l'Union" dans le traité simplifié. "C'est un moyen au service du marché intérieur", a expliqué M. Sarkozy. La France, s'est-il félicité, a également obtenu que mention soit faite que "l'Union contribue à la protection de ses citoyens". Deux conquêtes qui, espère-t-il sans le dire, lui vaudront la clémence de la gauche quand il s'agira de voter le texte au Congrès, où la droite ne dispose pas de la majorité des trois cinquièmes.

"Il ne s'agissait pas de (...) faire le traité du libéralisme expliqué à tous les Européens, continue-t-il. Il s'agit de tourner le dos à l'idéologie, au dogme et à la naïveté. On peut considérer que c'est de la politique. Mais c'est peut-être parce qu'on n'a pas fait assez de politique en Europe qu'on s'est retrouvé avec une Europe dans laquelle les gens ne se reconnaissaient plus."

Moins d'une semaine après le succès - moins large que prévu - de la majorité présidentielle aux législatives, le chef de l'Etat peut souffler : "Une semaine comme ça, ça compte dans la vie d'un président." Envie d'un break ? "Cela ne fait que commencer, s'amuse-t-il, vous savez que j'ai été élu pour cinq ans..."

Philippe Ridet


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