Amistad Europea Universitaria

La solución al problema de la vivienda

15.12.06 | 15:53. Archivado en España, Ética, Arquitectura y urbanismo
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Alegoría del ratoncito

Las viviendas están demasiado caras en toda Europa, pero sobre todo en España. Prueba de ello es que hay exceso de oferta: en España no solamente hay viviendas de sobra, muchísimas de ellas sin vivir, sino que cada día se construyen más. Tantas se construyen, que nuestro país se ha convertido en la tierra de nadie sometida impunemente a continuas incursiones de los constructores más destructores de Europa.

Parece una perogrullada, pero la primera medida que parece poder resolver el problema de la vivienda consiste en rebajar los precios, como sucede normalmente cuando la oferta excede la demanda.

¿Quién le pone el cascabel al gato de la especulación, para que no se meriende a los ratoncitos que son los compradores?

En las mal llamadas economías libres, el mercado obedece ciega y sordamente a la ley de la oferta y la demanda. Esto significa que sólo tiene ojos y oídos para el vendedor que ofrece y para el comprador que compra. Todo otro tipo de consideraciones queda fuera de su mecánica. Lo cual significa que no sirve de nada el querer intervenir cuando una de las dos partes engaña a la otra, haciéndole creer que lo que ofrece es lo mejor para ella, en cantidad, en calidad o en oportunidad. Si la parte engañada se lo cree, no hay manera de ayudarla a salir de su error, porque la parte engañadora se aprovechará del error.

En el caso actual del problema de la vivienda en España, está claro que mientras los compradores demanden compulsivamente viviendas, las viviendas subirán de precio. Los compradores lo hacen sin reparar en que por el momento las viviendas están demasiado caras, porque se dejan convencer por los vendedores de que es la mejor ocasión de hacerlo y porque tienen, por obra de las hipotecas bancarias, la engañosa posibilidad de cumplir su arriesgado propósito. Cualquier observador imparcial del montaje especulativo puede advertir que vendedores e hipotecadores colaboran estrechamente como sociedad de gatos para cazar a los inocentes ratoncitos compradores.

Por desgracia el comportamiento recíproco de los vendedores, que debería ser vender a un precio justo a los compradores, queda adulterado por el vicio de la especulación: mientras las viviendas suban de precio, los vendedores especuladores no venderán las que ya tienen e incluso comprarán o construirán nuevas viviendas, para venderlas de más en más caras. Así hasta que el sistema reviente.

En este juego, que se vuelve ciego si no está moderado por la deontología del vendedor, es la demanda ciega del comprador, pobre ratoncito deseoso de tener su queso, la que produce el encarecimiento de la vivienda.

Como parece que la mayoría de los vendedores inmobiliarios españoles renunciaron a la deontología hace ya bastante tiempo, la única solución que le queda a los compradores para el problema de su vivienda es que abran los ojos, curándose de su ceguera, y dejen de comprar. No eternamente, no; pero sí el tiempo necesario para que los vendedores recuperen su conciencia.

Esta solución sólo funciona si todos los compradores son solidarios y si la conciencia tiene todavía una posibilidad de rebrotar en una sociedad minada con el cáncer de la avaricia.

Sugiero que la Iglesia contribuya a este rebrote de la conciencia social, como ya lo hace participando en manifestaciones callejeras multitudinarias, poniendo solidariamente a la disposición de los jóvenes, según la fórmula más equitativa, los innumerables conventos, monasterios y seminarios que por el momento se encuentran total o parcialmente sin clientela. Convendría que lo hiciera sin tardar con los jóvenes que deseen casarse y que se encuentran sin casa y con los que deseen independizarse de sus padres, sin poder hacerlo por falta de vivienda. Esta sería al mismo tiempo una manera muy evangélica de contribuir a la humanización y recristianización de las conductas socioeconómicas que hacen posible la vida en una sociedad realmente libre de la avaricia y por ende civilizada. Sería también la ocasión de mostrar prácticamente a los jóvenes el altísimo interés de concebir la economía social sobre el modelo de solidaridad que han practicado las comunidades de religiosos a través de los siglos.

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La solución al problema de la vivienda
por César Quevedo

11/12/2006 20:21

Evidentemente, resolver este problema, tan grave, consiste obviamente en rebajar los precios. Porque el único problema que existe en la actualidad es el de que los pisos están demasiado caros. Viviendas en España hay de sobra y encima todavía se construyen más.

Y para rebajar los precios se tiende a considerar el precio del suelo, pues, según dicen muchos, es este precio el que encarece la vivienda. No lo sé. Carezco de experiencia en contabilidad de costes de empresas constructoras; desconozco, pues, cuales son los elementos que encarecen en mayor medida el coste de una vivienda.

Pero es que además calcular este coste es absolutamente innecesario, inútil. El precio de una vivienda en el mercado, como el de cualquier otro bien, poco o nada tiene que ver con lo que ha costado construirla o producirlo. Como todos sabemos, el mercado tiene una ley que difiere totalmente de eso: la de la oferta y la demanda.

Vamos, que mientras el público demande pisos y tenga la más mínima posibilidad de comprarlos, los pisos subirán. Y mientras los pisos suban, los especuladores comprarán nuevas viviendas o no venderán las que ya tienen.

Es, pues, la demanda la que produce el encarecimiento de la vivienda. Ya lo dijo un ministro, no recuerdo exactamente, pero fue algo así: los pisos están caros porque los españoles tienen dinero para comprarlos. Es verdad. Aunque también hagan falta grandes dosis de cinismo para afirmar eso, para tratar de demostrar que no existe el problema de la vivienda.

La mayoría de los españoles compra, porque necesita la vivienda sencillamente para vivir, el mercado de alquiler es malísimo, es verdad. Pero también lo hace porque el banco le facilita el préstamo y porque gracias a que ingresa dos sueldos, el de su mujer y el de él, o viceversa, tiene cierta posibilidad adquisitiva. Y también compra porque está mentalizado en que poseer una vivienda es algo muy importante, que pagar un alquiler es tirar el dinero. Por supuesto que no se le ocurre mirar los intereses que paga por su hipoteca, que muchas veces ascienden a más que el precio de un alquiler. Y calcula el beneficio de su transacción en unas subidas de precio que sí es verdad que se han producido hasta ahora, pero que es imposible que se sigan produciendo indefinidamente en un futuro.

Ése es, en realidad, el gran problema: el que será muy difícil disminuir la demanda. La vivienda se considera como algo esencial y se pasa por todo para adquirirla. Promover el alquiler a unos precios razonables, elaborar leyes justas para arrendadores y arrendatarios, castigar a los especuladores, socializar la vivienda cuando haga falta… serían las grandes soluciones. Pero éstas no se tomarán mientras existan personas capaces de asumir todo tipo de compromisos para disponer de una vivienda en propiedad.

De manera que la solución al problema de la vivienda, es decir, a su encarecimiento desproporcionado, está, sencillamente, en no comprar mientras los precios no sean justos, es decir, asequibles a nuestra propia economía.

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COMENTARIO A LA ENTRADA ANTERIOR
por Carlos Díaz Ruiz

13/12/2006 17:33

Hola César, los precios no van a bajar, lo que va a suceder es que no van a subir tanto y el precio se va a ir ajustando al precio de mercado o valor real. La demanda de compra de vivienda antes era muy alta, coincidía además con tipos de interés bajo, que permitía invertir en vivienda, porque era mucho más rentable que ahora, (que incluso la bolsa está subiendo por ser otro modo de rentabilizar nuestros ahorros).

Alquilar siempre es tirar el dinero, porque comprando siempre podemos ponerlo en alquiler nosotros y con el dinero ir pagando la mensualidad de la hipoteca (siempre podemos vender o refinanciar en un futuro y está demostrado que rentabilizamos si tenemos buen ojo en la compra).

Conseguir antes una hipoteca en un banco era tan fácil como comprar un jamón, ahora ya no es así. César, hay mucha gente que quiere comprar y no puede hacerlo, porque el banco no le da tanto dinero o todo el dinero que necesita. Yo pienso que en esta década vamos a ver a muchas inmobiliarias cerrar y a los bancos sacando más y más productos con facilidades que se adapten a los problemas de los clientes. Saludos

Ver blog: Carlos Díaz Ruiz (Málaga en el corazón)

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